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“La vuelta al cole y el principio de prudencia”, por Luis Blesa

El presidente de la Asociación Española de Pediatría (AEP), Luis Blesa, considera esencial seguir manteniendo el principio de prudencia ante el coronavirus pero confía en que este próximo curso discurrirá sin mayores contratiempos “si actuamos con las precauciones que ya conocemos en materia de distanciamiento social y de higiene en los centros”

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Inicio del curso 2020-2021 en el colegio López Ferreiro de Santiago de Compostela. EFE/Xoán Rey

En un artículo para EFEsalud ante la vuelta al cole a partir de la próxima semana, Blesa, representante de los pediatras españoles, insiste en la importancia de la vacunación de niños y adolescentes como vía fundamental para recuperar la vida escolar completa, además de la vida social.

La vuelta al cole y el principio de prudencia

Por Luis Blesa Baviera, presidente de la Asociación Española de Pediatría (AEP)

Las vacaciones escolares llegan a su fin y las familias se plantean nuevamente interrogantes sobre la vuelta al cole. Sobre todo, tras un periodo estival marcado por una quinta ola pandémica que ha afectado de forma notable a la población adolescente y juvenil, debido a la prácticamente ausente vacunación en este grupo de edad y probablemente a la mayor contagiosidad de la variante delta del coronavirus, que circula de forma mayoritaria en los últimos meses en España.

La población adolescente parecía hasta este verano menos vulnerable y su capacidad infecciosa potencialmente inferior respecto a otros grupos de edad.

Lo sucedido a partir del mes de junio nos plantea la conveniencia de mantener la prudencia frente a la evolución de un patógeno del que todavía nos queda mucho por saber.

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Luis Blesa, presidente de la Asociación Española de Pediatría (AEP). Foto AEP

Hay algunas cuestiones que, sin embargo, sí conocemos, y es que las medidas preventivas que se adoptaron al inicio del curso escolar 2020-2021 resultaron un éxito, gracias en gran parte al comportamiento ejemplar tanto de niños y adolescentes, como de sus familias, así como de los centros escolares y su personal docente, a la hora de ponerlas en práctica.

Las medidas funcionan y la población infanto-juvenil las cumple bien. Así que, a pesar del principio de prudencia, todo indica que este próximo curso discurrirá sin mayores contratiempos si actuamos con las precauciones que ya conocemos en materia de distanciamiento social y de higiene en los centros.

Entre ellas, desinfectar las superficies, mantener la distancia física interpersonal necesaria, los grupos burbuja y el ratio profesores/alumnos, el uso de mascarillas y la ventilación activa de las aulas.

Estas medidas podrán irse relajando cuando los datos de incidencia de la transmisión del virus así lo aconsejen y a medida que la vacunación vaya avanzando entre la población adolescente y, posiblemente, aunque todavía incierta, infantil, en una etapa posterior.

Pero para ello habrá que esperar a la evolución global de la pandemia, a tener mayor conocimiento sobre las variantes víricas circulantes y su comportamiento en estos grupos de edad. Desconocemos qué nuevas cepas pueden surgir y cómo pueden afectar a la población pediátrica.

Conforme avance la vacunación en la población más joven es previsible que se produzcan menos casos de infección a nivel global.

Y vacunar a los adolescentes y niños podrá ser fundamental si queremos recuperar la vida social que todos deseamos.

Ya contamos con datos de efectividad en niños a partir de los 12 años de las vacunas de ARN mensajero de Pfizer y Moderna y se está investigando su eficacia por debajo de estas edades, con lo que es probable que dispongamos de ellas en fechas próximas.

La vacunación en estos grupos de edad posiblemente será la mejor medida para garantizar la salud y el bienestar de nuestra población pediátrica.

Pero primero habrá que confirmar que los beneficios directos que ello supone, así como los indirectos por la disminución de la transmisión a otros grupos etarios, siempre sean claramente superiores a los riesgos de los posibles efectos secundarios que pueda presentar la vacunación a estas edades. Para ello deberemos esperar a los resultados de los ensayos clínicos en curso.

Debe tenerse en cuenta, además, que, puestos a priorizar, la escolarización de la población infantil y adolescente es igualmente irrenunciable para preservar esa misma salud y bienestar.

Los meses de confinamiento nos han revelado, entre otras, las perjudiciales consecuencias psicológicas del aislamiento y la falta de estímulos del contacto social a estas edades.

Garantizar la escolarización completa y extenderla a las actividades extraescolares, muy especialmente las deportivas, es la mejor manera de acercar a nuestros niños y adolescentes a ese estilo de vida normalizado que ansían y, al mismo tiempo, de proteger su salud física y mental hoy y mañana. Porque, no podemos olvidar, que estos niños y adolescentes serán los adultos de las próximas décadas.

En contabilidad, la norma del principio de prudencia obliga a contabilizar los beneficios de las empresas solo cuando se produzcan y las pérdidas cuando se conozcan. Esto es, a anticipar las pérdidas, aunque luego no lleguen a producirse. Aplicado a la medicina, se trata de anteponer siempre la seguridad y el bienestar del paciente.

En este caso, el principio de prudencia nos obliga a anteponer la escolarización, pero también a recordar la responsabilidad de todos a la hora de seguir cumpliendo con las medidas de prevención frente a una pandemia que continúa evolucionando.

El tiempo y los conocimientos futuros adquiridos nos dirán si estas medidas iniciales son las más adecuadas y, en caso necesario, adaptarlas a las circunstancias venideras.

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