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Volver al trabajo con la mente puesta en Julia

La preocupación o pena en el alma que se genera en una madre cuando se reincorpora al trabajo después de finalizar la baja maternal, dejando a su bebé de cuatro o cinco meses al cuidado de otra persona, ya sea en el hogar familiar o en la guardería, se aviva a diario con la sensación de falta de atención y cuidados íntimos, encarnados en la lactancia

Una de las cosas más difíciles para María Salmerón, madre y doctora especialista en la adolescencia del Hospital Universitario La Paz, es la conciliación de la vida familiar y de la vida laboral. Su hija Julia, que va a cumplir nueves meses de edad, la pierde de vista buena parte del día.

“España es un país que protege poco a la infancia. La baja maternal solo es de dieciséis semanas, en condiciones normales, por lo que a las familias, y en especial a las madres, nos resulta muy difícil prolongar el tiempo que deseamos permanecer junto a nuestros hijos para atenderlos y alimentarlos de la manera más saludable posible”, argumenta.

Desayunar y dejar al bebé para ir a la consulta pediátrica, o a cualquier otro puesto de trabajo, como le sucede a millones de mujeres en España y en todo el mundo, obliga a una tarea de encaje de bolillos.

“Si queremos ampliar la baja maternal un mes más debemos juntar todas las horas de lactancia contempladas en la legislación laboral para este periodo, una hora diaria hasta los nueve meses de vida del bebé”, dice.

Las otras opciones supondrían retrasar o adelantar media hora la entrada y salida del trabajo, o ausentarse una hora a media jornada, “algo que es prácticamente imposible de conseguir en una gran ciudad como Madrid, ya que en 60 minutos tenemos que llegar a casa, dar el pecho y regresar al puesto de trabajo“, opina.

María Salmerón, madre primeriza y pediatra, da el pecho a su hija Julia. La madre está sentada en un sillón orejero muy cómodo, tapizado con dibujos de muchos colores. efesalud.com
La pediatra, cuando regresa a casa, da el pecho a Julia, que toma leche materna envasada durante la jornada laboral de su madre. EFE / GRB

También existe la opción de solicitar una excedencia laboral, pero se deja de percibir el sueldo, o contratar los servicios de una canguro, lo que conlleva una sobrecarga económica importante.

“En nuestro caso, mi marido ha pedido excedencia en su empresa y se hace cargo de Julia”, comenta.

Sacaleches eléctrico

Para que el bebé siga tomando leche maternal, como Julia, la leche se puede extraer del pecho de forma manual, “procedimiento que requiere maña y paciencia”, o con un sacaleches, “lo más cómodo y rápido” para almacenarla en el frigorífico o en el congelador hasta el momento de las tomas.

“La operación dura entre 15 y 25 minutos, dependiendo de si te sacas la leche de uno o de los dos pechos; y lo puedes hacer mientras desayunas, para que esté más reciente. Me permite que Julia disponga de leche natural mientras yo trabajo en el hospital”, expone la especialista.

 ¿La leche maternal se conserva bien en el frigorífico?

El calostro o primera leche que segrega la glándula mamaria hasta varios días después del parto no se suele extraer del pecho y menos aún refrigerar.

“La leche madura, que ya no es calostro, aguanta hasta 24 horas a temperatura ambiente, dependiendo del calor o del frío donde se almacene: en la nevera, una semana; y en el congelador, hasta tres meses. Lo que es importante es preservarla cuanto antesa la mejor temperatura”, aconseja María Salmerón.

Una persona echa leche en envases de cristal que se ha extraído previamente a mujeres que han dado a luz.
Leche maternal envasada. Fotografía cedida por el Hospital 12 de Octubre
¿Y cuál es el mejor envase, el vidrio o el plástico?

El envase más adecuado es el vidrio, pero los dispositivos de extracción de leche comercializan bolsas de plástico “que no contienen sustancias tóxicas; nada que pueda dañar al bebé. Se pueden usar sin miedo -aclara-, aunque aislar las bolsas del resto de alimentos es una medida de prevención”.

Para descongelar o calentar la leche hay que usar el baño María -sumergiendo el recipiente que contiene la leche en otro mayor con agua- a fuego lento y evitando el hervor. “Jamás se debe usar el microondas, puesto que este sistema destruye sus propiedades inmunológicas”, advierte.

En ocasiones, al descongelar la leche se puede percibir cierto olor a rancio debido a la lipasa -enzima que ayuda a la absorción de las grasas-. “Si el bebé la rechaza es mejor darle otra -sugiere-, ya sea de las almacenadas o del propio pecho de la madre, si ella está presente”.

El bebé no come

Cuando de la alimentación se ocupa una tercera persona, ni el padre ni la madre, “es necesario instruirla con tiempo suficiente para que se adapte a las pautas aprendidas por el bebé, ya sea con biberón, con cuchara o vasitos con boquilla de biberón”, indica.

La pediatra María Salmerón, sentada en el sillón de su casa, nos muestra un oso de peluche blanco con ojos negros en forma de botón, algo que puede ser contraproducente para un bebé, ya que si se desprenden, se los puede tragar y quedarse atascados en la glotis. Julia, su hija, juega en el suelo de parqué con objetos que descubre en la mesita del salón. efesalud.com
La alimentación de Julia con leche maternal requiere paciencia y mucha coordinación familiar. EFE / GRB

Otro de los asuntos que “preocupa y mucho” a las madres que trabajan fuera de casa es que sus bebés “se nieguen a comer, incluso pasen todo el tiempo durmiendo” a la espera de su regreso.

“A pesar de que pueda llegar a ser muy agobiante, no debemos preocuparnos si a lo largo del día ingiere la leche necesaria. Se pesa al bebé cada diez o quince días -orienta- para comprobar que no hay pérdida de peso, y si lo hay, que sea el mínimo”.

El entorno misterioso

Conforme un bebé se hace mayor, a Julia le pasó hacia el quinto mes, comienzan los volteos y giros con el ánimo de coger juguetes o de curiosear lo que le rodea.

“Hay que tener especial cuidado en que no se caigan del cambiador o de la cama de mamá y papá… a veces sucede de repente, de la noche a la mañana -dice-. Cuando observemos que el bebé tiene cierta movilidad hay que extremar la vigilancia”.

Cuando los bebés aprenden a sentarse, tienden a irse hacia adelanta o hacia atrás, golpeándose la cabeza. “Cualquier cosa les llama la atención y se entretienen más con la caja, el plástico o el papel que envuelven los regalos que con los propios juguetes. Les encanta tocar y chupar todo lo que encuentran a su alrededor, las cosas de su vida diaria”, expone.

La doctora María Salmerón recomienda juguetes homologados por la Unión Europea, “que sean blanditos, suaves al tacto, de colores vivos, que estimulen más sentidos, con formas y sonidos, y de los que no se desprendan piezas, para que no se hagan daño o se atraganten“.

La pediatra María Salmerón nos muestra lo fácil que sería para un bebé de cinco meses quitar el objeto de plástico que tiene forma de ojo y que está cosido en la cara de un oso de peluche. efesalud.com
El ojo de un oso de peluche puede ser un juguete peligroso para un bebé. EFE / GRB

“Ante todo, el juguete deber se seguro para la salud del bebé -reafirma-. No importa que tenga pocos juguetes. Lo más importante es que los padres pasen mucho tiempo a su lado, a ser posible en el suelo para que exploren y descubran el entorno”.

María, pediatra y madre primeriza, lo tiene muy claro: “Disfrutad de todos los momentos al lado de vuestro bebé, son inolvidables y maravillosos“.

La doctora Salmerón publica un blog:  http://mimamayanoespediatra.blogspot.com.es/

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