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¿Cómo pueden las vacunas combatir la resistencia antimicrobiana?

La resistencia a los antimicrobianos (AMR por sus siglas en inglés) es una creciente amenaza para la salud pública, reconocida por la OMS y las autoridades sanitarias de todo el mundo. Los antibióticos ya no resultan efectivos contra estas bacterias resistentes, que anulan nuestra capacidad de combatir infecciones comunes y nos exponen a nuevas enfermedades. Los expertos ponen ahora el foco en las vacunas como posible solución a este problema

¿Cómo pueden las vacunas combatir la resistencia antimicrobiana?
Bacterias. Imagen cedida por GSK

En España, según la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), mueren cada año más de 35.000 personas con infecciones producidas por bacterias multirresistentes.

A nivel mundial, según los últimos estudios, las resistencias antimicrobianas producen 700.000 muertes anuales y se prevé que en 2050 más de 10 millones de personas mueran por esta causa, superando los 8,2 millones que mueren actualmente por cáncer.

Un pronóstico preocupante que evidencia la necesidad de tomar medidas para poder hacer frente a estos microorganismos que ya no reaccionan ante el uso de antibióticos.

Para tratar esta cuestión, con motivo de la Semana Mundial de la Concienciación del Uso de Antibióticos, la compañía farmacéutica GSK ha organizado una Jornada en su Centro de Investigación de Vacunas en Siena (Italia).

En ella han participado varios expertos para compartir los progresos en tecnologías diseñadas para atacar a las bacterias multirresistentes, como son las vacunas.

EFEsalud se ha desplazado hasta allí para conocer el alcance del problema y el papel que pueden jugar estas como posible solución.

“La propagación de la resistencia a los antimicrobianos está amenazando nuestra capacidad para combatir infecciones comunes, lo que a su vez deriva en enfermedad y, en los peores casos, muerte”, señala Ennio de Gregorio, Jefe del Centro de Investigación de Vacunas de GSK en Italia.

“Están emergiendo nuevos mecanismos de resistencia a los antibióticos y necesitamos enfoques innovadores para evitar un retorno a la era pre-antibióticos en términos de tasas de mortalidad. Los antibióticos son necesarios, pero no pueden ser los únicos responsables de este cambio”, apunta.

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Los ponentes de la Jornada organizada en el Centro de Investigación de Vacunas en Siena sobre el papel de las vacunas para combatir la resistencia antimicrobiana. Foto: EFE/Sara Mancebo

El papel de las vacunas para combatir la resistencia a los antimicrobianos

Para combatir la resistencia a los antimicrobianos existen varias herramientas, como la creación de nuevos antibióticos, el uso apropiado de los ya existentes, las normativas de saneamiento e higiene o las vacunas.

Estas últimas juegan un papel crucial, ya que además de prevenir infecciones causadas por bacterias resistentes, reducen el uso de antibióticos en los tratamientos y limitan las oportunidades de las bacterias de emerger y propagarse.

Aunque, lo más importante, como explica a EFEsalud Rino Rappuoli, Científico Jefe del Centro de Investigación y Desarrollo de GSK Vacunas en Siena, es que “las vacunas, a diferencia de los antibióticos, no generan resistencia”.

“El problema con los antibióticos es que las bacterias se vuelven resistentes y dejan de ser eficaces con el tiempo. Esto no pasa con las vacunas, pueden controlar las infecciones de forma mantenida en el tiempo”, añade.

Para Gordon Dougan, profesor de la Universidad de Cambridge experto en vacunología y patogenia microbiana, las vacunas pueden combatir la resistencia a los antimicrobianos de dos maneras: “la primera, a través de una vacuna cuyo objetivo sean las bacterias resistentes a los antibióticos, lo que se llama acción directa”, apunta en una entrevista a EFEsalud.

“La segunda manera es suministrar vacunas que actúen para prevenir una enfermedad. Los antibióticos se usan a menudo para tratar dolencias como la fiebre o la diarrea. Si tienes una vacuna que previene la fiebre, puedes usar anticuerpos que actúen directamente”.

Y añade: “El trabajo con las vacunas va muy despacio porque requiere una inversión económica muy grande”.

Por qué los antibióticos han perdido su eficacia

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Evolución de las vacunas y antibióticos en el último siglo. Gráfico extraído del artículo Antimicrobial resistance and the role of vaccines, del que Rino Rappuoli es coautor

Como explica Rappuoli a EFEsalud, “las bacterias han ido desarrollando su resistencia durante millones de años; cuando están en el medio ambiente necesitan sobrevivir y adquieren esa capacidad. Cuando se descubrieron los antibióticos en 1940 -en desarrollo hasta 1960- matamos a la gran mayoría, pero otras se volvieron resistentes”.

“Empezamos con la penicilina y las bacterias se volvieron resistentes a ella. Creamos otro antibiótico y de nuevo las bacterias se volvieron resistentes. Buscamos otro, y otro y otro… esa es la historia de los antibióticos, se crean nuevos y se vuelven resistentes, hasta que ahora ya no tenemos ninguno”.

“Desde 1994 no hemos sido capaces de desarrollar ninguna nueva clase de antibióticos, la ciencia no está evolucionando, no tenemos nuevos antibióticos y las bacterias son resistentes a todos ellos. Eso es un problema”, añade Rappuoli.

El doctor Gordon Dougan apunta que “hay una carrera entre las bacterias y el uso de antibióticos y en el punto en el que nos encontramos las bacterias están ganando. Los organismos resistentes se están adaptando a nuestro estilo de vida, a los cambios alimenticios y a las prácticas hospitalarias, por eso es más difícil sobrevivir a esas enfermedades”.

¿Existe un riesgo real?

Para Rappuoli “el riesgo es enorme porque las bacterias actualmente son resistentes a la mayoría de los antibióticos. Hay una enzima, la New Delhi metallo-beta lactamase, que hace a las bacterias que la poseen resistentes a casi todos los antibióticos, incluidos los carbapanems, que son el último recurso en este área. Los pacientes afectados vuelven a principios del siglo XX, la tasa de mortalidad es del 40 %. Es muy peligroso y se está volviendo más y más común en más y más bacterias”.

Aun así, como explica durante su intervención Koen Pouwels, Investigador en el Centro de Investigación de la Economía de la Salud de la Universidad de Oxford, “la incapacidad para pagar los antibióticos todavía causa más muertes en el mundo que la resistencia a los antibióticos”.

¿Qué futuro nos espera si no se toman medidas?

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El Centro de Investigación de Vacunas de GSK en Siena (Italia). Foto cedida por GSK

“Si no hacemos algo, la resistencia se extenderá y veremos emerger nuevas enfermedades que no habíamos visto antes”, declara el profesor Dougan.

Por su parte, Rappuoli propone las siguientes soluciones: “Necesitamos nuevos antibióticos, pero también vacunas, ya que estas no generan resistencia. Pero ninguna de las dos serán suficientes trabajando por separado. Yo propongo utilizar todas las herramientas de la ciencia moderna para evitar llegar a las cifras que se pronostican para 2050: anticuerpos, diagnósticos, antibióticos, vacunas, microbioma…”

El papel de las autoridades médicas

“Las autoridades médicas a nivel mundial deben incrementar la concienciación de lo importante y peligrosa que es la resistencia a los antimicrobianos. Impulsar la inversión no solo en antibióticos, también en vacunas, en diagnósticos… Las cosas van muy rápido en este campo y si no hacemos algo ya, va a ser muy difícil  actuar luego”, declara a EFEsalud Rino Rappuoli.

“La actuación debería abarcar dos niveles, el primero una regulación a la hora de suministrar medicamentos, lo cual es un reto porque cada país tiene sus normas. También en la agricultura, donde se hace un uso abusivo de los antibióticos, hay que enseñar a la población cómo hacerlo mejor”, concluye el profesor Dougan.

Tuberculosis: el progreso en el desarrollo de una vacuna

Ann M. Ginsberg es asesora técnica de la Iniciativa Internacional de Vacunas contra el SIDA (IAVI), donde lidera la estrategia de tuberculosis.

Como apunta durante su intervención en la Jornada, “la tuberculosis es la principal causa de muerte infecciosa debida a un único patógeno y la principal conductora de AMR a nivel global; se estima que causa casi una tercera parte de las muertes relacionadas con resistencia antimicrobiana”.

Explica que existe una vacuna, llamada GCG, que es la única autorizada para tratar esta enfermedad, “se ha utilizado durante más de cien años y es ampliamente suministrada por el Programa Ampliado de Inmunización de la OMS, pero no ha logrado controlar la epidemia de tuberculosis. En 2017 hubo 10 millones de nuevos casos y 1,6 millones de muertes por esta causa”.

“La investigación y desarrollo de la vacuna de la tuberculosis ha sido insuficiente considerando la carga de la enfermedad para la salud pública y a nivel socio económico. Los cambios han sido muy lentos hasta la reciente publicación de dos ensayos de eficacia positiva”, concluye.

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