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Un juez tumba el veto a los refrescos gigantes en Nueva York

Los planes del alcalde de Nueva York, MIchael Bloomberg, para mejorar la salud mediante el veto a los refrescos gigantes recibe un duro revés al invalidar un juez estatal la normativa un día antes de su entrada en vigor

Un juez tumba el veto a los refrescos gigantes en Nueva York
Un refresco gigante en las calles de Nueva York/EFE/Justin Lane

Los principales argumentos del juez Milton Tingling para echar por tierra la prohibición de grandes refrescos, que afectaría a la venta de bebidas con altos niveles de azúcar y de más de 16 onzas (0,464 litros) en los establecimientos regulados por el Departamento de Salud de la ciudad, es que se trata de una medida “arbitraria” y “caprichosa”.

“Es arbitraria y caprichosa porque la ley no se aplica por igual a todos los establecimientos de la ciudad y además excluye otro tipo de bebidas que tienen concentraciones de azúcar significativamente más altas”, indicó el magistrado en su fallo, en el que asegura que la norma viola el principio de separación de poderes.

La respuesta de Bloomberg

La respuesta de Bloomberg no se hizo esperar. “Creemos que el Departamento de Salud tiene autoridad legal y la responsabilidad de frenar la epidemia de obesidad que mata a cinco mil neoyorquinos al año”, respondió la oficina del alcalde, quien anunció que apelará el fallo “lo antes posible”.

“Vamos a apelar porque creemos que la interpretación del juez es claramente errónea”, afirmó Bloomberg en rueda de prensa.

“Si queremos ser serios en la lucha contra la obesidad, tenemos la obligación de hacer algo y sería irresponsable quedarse de brazos cruzados cuando mueren al año 70.000 personas” en EE.UU., dijo.

El juez Tingling aceptó hoy los argumentos de los fabricantes de refrescos de EE.UU. y otras organizaciones como la Federación Hispana, que llevaron el veto de Bloomberg a los tribunales al considerar que la medida del alcalde no ataca de raíz el problema de la obesidad al permitir la venta de refrescos en las grandes superficies y cadenas, sobre las que las autoridades locales no tienen jurisdicción.

Los fabricantes de refrescos, satisfechos

“El juez nos da la razón porque considera que la ley discrimina a los negocios pequeños, en su gran mayoría regentados por gente de nuestra comunidad, a los que se causaría un gran daño económico con esta ley arbitraria”, afirmó a Efe José Calderón, presidente de la Federación Hispana.

Por su parte, el presidente de la Asociación de Bodegas (tiendas pequeñas) de Estados Unidos, Ramón Murphy, criticó la prohibición de Bloomberg al recordar que solo afectaría a los pequeños comercios de la ciudad, por lo que celebró el fallo del juez y confió en que ahora el debate se centre en el tema de la educación.

“Nosotros entendemos que el problema de la obesidad es grave en nuestra comunidad, pero se debe comenzar en las escuelas, hablar de nutrición, de hábitos saludables”, dijo Calderón, mientras que Murphy se refirió a la propuesta de Bloomberg como una medida “cosmética” que, a su juicio, “no va a ningún lado”.

Para algunos ciudadanos esta nueva cruzada supone una intromisión en su esfera privada, de ahí que muchos neoyorquinos hablen ya de su alcalde como la “niñera Bloomberg” por sus pioneras y controvertidas medidas para mejorar la salud de la población, desde la lucha contra el tabaco a la guerra a la sal y las grasas saturadas.

A pesar de las críticas, el alcalde se ha mantenido firme en su particular cruzada contra el sobrepeso, alegando que unos 5.000 neoyorquinos mueren cada año a causa de problemas derivados de la obesidad, la segunda mayor causa de mortalidad que puede ser prevenida, tan solo por detrás del tabaco.

A falta de unos meses para que Bloomberg concluya su tercer y último mandato, los neoyorquinos buscaban hoy la opinión de algunos de sus posibles sucesores, como la demócrata Christine Quinn, que ha expresado siempre su oposición al veto, o el defensor del Pueblo, Bill De Blasio, que apoya la medida del alcalde.

Desde su llegada al ayuntamiento en 2002, Bloomberg ha multiplicado los impuestos sobre el tabaco (una cajetilla cuesta casi 12 dólares), ha prohibido fumar en restaurantes, parques públicos, piscinas, playas y lugares históricos de la ciudad, y ha obligado a incluir el número de calorías de los alimentos.

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