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Trombosis venosas por confinamiento, otra consecuencia grave del coronavirus

“Tanto la falta de ejercicio físico como una alimentación inadecuada o excesiva, dos hábitos de vida que se generan durante el confinamiento de las personas en los hogares debido al coronavirus, serán los detonantes de un aumento de casos de trombosis venosas a corto plazo”, subraya la Dra. Beatriz Pombo Vide, médica internista del Hospital Universitario Lucus Augusti de Lugo en España

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La médica internista Beatriz Pombo Vide. EFE/GRB

Una trombosis, que puede afectar a cualquier hombre o mujer, más en un periodo de aislamiento social por la pandemia de COVID-19, consiste en la formación de un coágulo de sangre dentro de nuestro sistema circulatorio vascular, bien sea dentro de una arteria o de una vena profunda.

La trombosis es un mecanismo fisiológico que ha desarrollado nuestro organismo para arreglar las paredes dañadas con microroturas de una arteria o vena.

“Podríamos decir,  que es una especie de tapón de ladrillos para cerrar un grieta y conseguir que no haya una hemorragia. Cuando este tapón sanguíneo es desproporcionado, de tal manera que la sangre no puede circular con normalidad, la propia sangre coagulada se convierte en una patología”, enseña.

Alrededor del 90% de los casos de trombosis venosas profundas se originan en las piernas.

“Los síntomas suelen pasar desapercibidos y el debut clínico acontece cuando el trombo -porción de sangre coagulada- discurre libre por la corriente sanguínea y llega hasta los pulmones, provocando una embolia pulmonar: dificultad respiratoria súbita, dolor en el pecho, a veces mareo, incluso desmayo, y en algunos casos la muerte; una consecuencia a tener muy en cuenta”, señala la Dra. Beatriz Pombo.

La doctora Beatriz Pombo Vide y el periodista Gregorio del RosarioPandemia de COVID-19 y trombosis venosa, una relación muy estrecha

El hecho de que la población lleve semanas o meses confinada en sus domicilios conlleva un aumento del riesgo de sufrir una trombosis venosa porque hacemos menos ejercicio físico, lo que a su vez condiciona que las venas de las piernas se vean sometidas a una menor movilidad de los músculos y, consecuentemente, a un estancamiento de la sangre.

“No tenemos experiencia con periodos similares de confinamiento de la población durante tanto tiempo, pero sí sabemos que la gente que está enferma, postrada, o que ha sufrido una operación que necesita cierta inmovilización para su rehabilitación, pasados tres o cuatro días de reposo, aumenta el riesgo de padecer una trombosis venosa”, advierte.

¿Por qué se diagnosticarán más trombosis por culpa del coronavirus?

“Es una suma de factores. A la inmovilización general hay que añadir personas enfermas, mayores, confinadas muchas veces en una habitación de una residencia o en su domicilio para evitar que se contagien en su entorno; también, fenómenos inflamatorios que se producen por el propio virus, infección que activa una serie de factores de la coagulación sanguínea, favorecedores, a su vez, de que los trombos ocurran con mayor facilidad”, argumenta.

“Por estos dos factores principales, en Medicina Interna esperamos que en las próximas semanas y meses vamos a diagnosticar y tratar más trombosis venosas, tanto en las personas que sufran el coronavirus como en aquellas que no lo padezcan, por el solo hecho de que hayan estado confinadas en sus domicilios, sin hacer el ejercicio físico necesario”, destaca.

¿Cuáles son los síntomas o signos de alarma de las trombosis venosas?

“A veces son muy inespecíficos y difíciles de reconocer. Cuando la trombosis afecta a las venas superficiales de la pierna, flebitis, lo que notamos es el enrojecimiento en el trayecto de una vena, que se observa un poco más dilatada, incluso roja; más sensible al tacto”, explica.

“Si afecta a una vena profunda de la pierna el síntoma pasará desapercibido en gran medida y, a veces, lo único que se nota es algo de dolor en la pantorrilla o una hinchazón de la propia pierna si se compara con la pierna contralateral, la que no padece afectación trombótica”.

“El paciente enferma de manera repentina y muere rápidamente; y se suele achacar esta desgracia a un infarto en muchas ocasiones. Si no se hace una autopsia no se llega a demostrar que la muerte súbita ha sido causada por una embolia pulmonar debida, a su vez, a un trombo que ha venido de una pierna sin haber ocasionado apenas síntomas previos”, detalla.

¿Cómo se pueden evitar las trombosis en el sistema venoso?

“Lo ideal es corregir los factores de riesgo. Se pueden modificar con buenos hábitos de vida saludable. Podemos reducir nuestro peso corporal con una alimentación sana y ligera y favorecer el drenaje venoso: caminar por la vivienda, hacer tablas de estiramientos músculo esqueléticos, pedalear en un bicicleta estática, bailar, tomar al menos un litro de agua diaria, evitar prendas de vestir ajustadas y, en algunos casos, utilizar medias de compresión que ayuden al retorno venoso”, responde.

Además, las mujeres que tomen anticonceptivos y son tendentes a la coagulación sanguínea deben consultar a su ginecóloga, por si está contraindicado y deben interrumpir o suprimir la pastilla.

“Si padecemos alguna enfermedad inflamatoria, algún tumor maligno, se da la condición de embarazo o puerperio -fase posparto-, el control de los factores de riesgo son casi inevitables”, refiere.

Los pacientes que tienen varices -inflamaciones venosas- deben hacer una serie de cuidados físicos guiados por sus médicos, sobre todo ejercicio diario y una buena dieta para bajar de peso con el fin  prevenir las complicaciones.

¿Y l@s pacientes anticoagulad@s con sintrom, heparina o las nuevas moléculas orales?

“En estos casos lo más importante es cumplir de forma rigurosa con el tratamiento pautado. Normalmente, la adherencia a los tratamientos de la población es muy baja, y hay que insistir en que cuanto mejor es la adherencia a un tratamiento mejores serán los resultados clínicos”, recalca la médica internista.

“Somos conscientes de que los controles del sintrom se hacen rutinarios y conllevan, además, visitas constantes a medicina de familia, más aún en periodos como éste en el que el coronavirus atemoriza a la población”.

“Los pacientes que necesitan heparina -vía intravenosa- tienen que pincharse todos los días, y es ciertamente molesto. Otros fármacos anticoagulantes orales, que sustituyen al sintrom, se han convertido en una pauta más cómoda”, apunta.

Incluso los médicos están recetando heparina profiláctica para los pacientes que no salen de casa y que han sufrido alguna trombosis en el pasado, previo análisis de cada caso, valorando el riesgo y el beneficio.

“En cualquiera de sus formas, si no se cumple con el tratamiento puede devenir las crisis de la enfermedad trombótica; y, por el contrario, si la dosis se toma en exceso puede acontecer una hemorragia. El manejo farmacológico se efectúa en un margen estrecho y por esto hay que cumplir bien con el tratamiento pautado por el especialista médico”, aconseja.

Cabe recordar, en general, que el ejercicio físico es beneficioso para arterias y venas, reduce el estrés y la ansiedad, mejora el sueño, controla el azúcar y los lípidos -el malo LDL es fatal para las arterias-, estabiliza la hipertensión arterial, acrecienta la tonicidad muscular y la densidad ósea, previene la rigidez articular y las caídas al suelo de las personas mayores.

¿El coronavirus tiene mayor incidencia en pacientes con riesgo de coagulación sanguínea?

“Todavía no tenemos una evidencia científica de calidad. Hay que tener en cuenta que la infección por coronavirus SARS-coV-2 se desarrolló a nivel mundial a principios del 2020 a partir de China y nos ha cogido desprevenidos. La pandemia no da tregua y apenas tenemos tiempo para desarrollar la mejor asistencia médica posible, por lo que tiempo habrá para reportar evidencia científica con análisis exhaustivos de cada caso”, afirma la doctora, miembro de la Sociedad Gallega de Medicina Interna.

“En función de los reportes chinos y nuestra propia experiencia hospitalaria en tiempos de la pandemia, sabemos que los pacientes que sufren infección por coronavirus tienen una mayor incidencia de trombosis, al igual que les ocurre cuando padecen otras enfermedades inflamatorias. El riesgo está incrementado, además, por el confinamiento”, expone.

“Los pacientes que tienen un perfil clínico más grave -continúa- llegan a sufrir un desorden sanguíneo que nosotros denominamos coagulación intravascular diseminada; es decir, fenómenos trombóticos que se producen tanto en las arterias como en múltiples órganos de nuestro cuerpo, que llevan muchas veces a un desenlace fatal en los pacientes con coronavirus”.

Según los reportes científicos, esta vinculación vírica con la trombosis puede estar relacionada con una elevación del dímero D, marcador de coagulación sanguínea.

“La realidad, de momento, es que no se ha podido establecer cuál es el manejo más adecuado para estos pacientes graves con coronavirus. Estas personas sufren trombosis en sus formas más peligrosas y, si ya padecen otras comorbilidades, aumenta el  grado de gravedad trombótico”, orienta.

La doctora Beatriz Pombo Vide

Para concluir, la Dra. Pombo Vide lanza un mensaje claro y directo:

“Hay que identificar grupos de riesgo y qué personas deben recibir profilaxis antes de que puedan tener una trombosis, lo que obliga a un análisis completo del paciente para comprobar su riesgo trombótico y poder aplicar un tratamiento anticoagulante, con la valoración individualizada de cada caso conociendo de antemano su historial clínico”.

Debemos centrarnos en las personas más susceptibles de sufrir una trombosis venosa, que son aquellas que ya han tenido otros episodios y sus familiares de primer grado; sin olvidar a pacientes con cáncer, personas mayores con enfermedades cardiovasculares, que tienen una movilidad reducida en general, a las mujeres que toman anticonceptivos, a las embarazadas, a las madres en fase de puerperio, a los operados recientemente o tienen que rehabilitarse con férulas, a los que padecen obesidad o tienen varices.

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