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Trastornos mentales y VIH: patologías que se retroalimentan

La cronicidad, los tratamientos, el estigma social o el ataque al sistema nervioso son algunos rasgos del VIH que favorecen la aparición de trastornos mentales. Pero además, quienes padecen estos trastornos suelen tener más riesgo de adquirir el virus. ¿Cómo evitar que ambas enfermedades se retroalimenten?

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Trastornos mentales y VIH: patologías que se retroalimentan
El espectáculo "Sombras Chinescas" del Teatro de Arte Folclórico de Shaanxi./ EFE/Leopoldo Smith

La estrecha relación entre los trastornos mentales y el VIH, y el complicado y escaso tratamiento integral que con este tipo de pacientes se hace han llevado al Grupo de Estudio de Sida (GeSIDA), en colaboración con la Secretaría del Plan Nacional sobre el SIDA, la Sociedad Española de Psiquiatría y la Sociedad Española de Infectología Pediátrica a elaborar el primer documento de consenso en España sobre alteraciones psiquiátricas y psicológicas en pacientes con VIH. ¿Su objetivo? Poner al alcance de todos recomendaciones sobre estrategias de tratamiento en este contexto.

Cuando el VIH provoca trastornos mentales

El hecho de que hoy día los enfermos de VIH tengan una mayor esperanza de vida y que la enfermedad en países occidentales se haya cronificado, ha provocado que los problemas psicológicos y psiquiátricos afecten más intensamente a este perfil de población.

El doctor Jordi Blanch, del Hospital Clinic de Barcelona y uno de los coordinadores del consenso, señala que el VIH “siempre ha existido, pero ahora la gente ya no se muere y como consecuencia estas patologías se detectan más y tienen más prevalencia”, pues “el hecho de tener una enfermedad crónica genera trastornos psicológicos”.

El estigma social de esta enfermedad y el infinito sufrimiento que ello conlleva empeoran la situación. Otro factor que se suma a la acción del virus sobre el sistema nervioso central, pues “al ser un virus neurotóxico” tiene capacidad de llegar al cerebro.

También influyen el consumo de sustancias, así como “ciertos medicamentos para el virus que también pueden dar problemas psiquiátricos”.

“Hay varias causas por las que la asociación de patología mental y VIH es muy elevada”, señala.

¿Cuáles son los problemas más frecuentes? El doctor explica que la mayoría de estudios al respecto son americanos, apuntando que “lo que se ve con más frecuencia es la depresión”. Es muy prevalente además el consumo de sustancias y en tercer lugar trastornos como ansiedad, psicosis, etc. El experto añade que en consulta también son habituales los problemas “de personalidad, personas que tienen dificultades para funcionar debido a sus rasgos de personalidad, gente impulsiva, gente inestable”.

Y cuando sucede al revés

El piloto británico de Fórmula 1 Jenson Button (McLaren Mercedes), durante la tercera sesión de entrenamientos libres del Gran Premio de España
EFE/Alberto Estévez

En algunas personas con trastornos mentales se dan conductas que facilitan la transmisión de VIH. Esto tiene que ver con la impulsividad de estos pacientes y el frecuente abuso de sustancias que en ocasiones se da.

El doctor Blanch pone como ejemplo el trastorno bipolar, “en el que se tiene una fase de desinhibición, de exaltación del ánimo, pudiendo descontrolar la conducta y mantener relaciones sin preservativo”. También infulye el consumo de sustancias “en el contexto de la compensación psiquiátrica”.

Otro ejemplo son “los pacientes con esquizofrenia, pues a veces tienen dificultades para mantener relaciones interpersonales y buscan tener relaciones en la prostitución o en entornos donde hay mucho más riesgo”, explica.

“Según un antiguo estudio, una persona con trastorno bipolar tiene 3,5 veces más riesgo de contraer la infección”, apunta el especialista.

La atención psiquiátrica, fundamental

Uno de los problemas es que “la patología psiquiátrica en el VIH es muy desconocida”, señala Blanch, añadiendo que “hay pacientes con problemas psiquiátricos que pueden pasar desapercibidos si no se les interroga correctamente”.

Por ello, el objetivo de este primer consenso a nivel nacional es “dar herramientas a los médicos no psiquiatras para que puedan diagnosticar y prescribir tratamiento a los pacientes”, para que así “no tengan que derivarlo a un psiquiatra, sino que sean ellos mismos los que gestionen la patología mental”. Es la manera en que el paciente no pierde vinculación, “porque si lo mandas al psiquiatra a veces ni siquiera irá”.

En el consenso se subraya que los principios bajo los que la atención psicológica y psiquiátrica debe desarrollarse son los de escucha y apoyo, confidencialidad, psicoeducación, coordinación y adaptación de los distintos contextos asistenciales. Insistiendo además en la importancia de la detección y el tratamiento precoz de estos trastornos psiquiátricos y psicológicos .

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