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Trastornos de la Conducta Alimentaria y COVID-19, una mala combinación

Aunque aún se están estudiando los efectos de la COVID-19 en personas con trastornos de la conducta alimentaria, los expertos aseguran que ha podido tener implicaciones muy negativas en estos pacientes. Por una parte, aquellos con un índice de masa corporal muy bajo podrían ser más susceptibles al virus y, por otra, los casos de bulimia y trastorno por atracón se han agravado debido a la ansiedad y el aburrimiento. Lo explica la doctora Manina Díaz Marsá, jefa de la Unidad de TCA del Hospital Clínico San Carlos, cuyo mensaje es claro: “el hecho de tener una recaída no supone tirar por la borda todo lo avanzado; curarse de un trastorno de la conducta alimentaria es posible”

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EFE/Paula Lacruz

Alrededor de 400.000 personas en España, la mayoría mujeres, padecen un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA), es decir, anorexia nerviosa, bulimia o trastorno por atracón. Son consideradas enfermedades mentales graves y, a pesar de que su curación es posible, requieren de un tratamiento pautado por especialistas que, en la mayor parte de las ocasiones, es largo y complejo.

EFEsalud ha entrevistado  a la doctora Marina Díaz Marsá, jefa de la Unidad de TCA del Hospital Clínico San Carlos, presidenta de la Sociedad de Psiquiatría de Madrid y directora médica de Blue Healthcare Mind, para conocer cómo ha podido afectar la COVID-19 a estos pacientes, para quienes el equilibrio emocional es clave a la hora de gestionar su enfermedad.

Trastornos de la Conducta Alimentaria y COVID-19

“Aunque todavía estamos estudiando los efectos del virus en estos pacientes, sí podemos afirmar que aquellos que presentan síntomas de desnutrición graves, con un índice de masa corporal bajo y un sistema inmunitario debilitado, podrían ser más susceptibles al contagio. Concretamente, los pacientes con anorexia nerviosa, debido al bajo peso corporal”, apunta la doctora.

Por otra parte, como explica, aquellos con bulimia y trastorno por atracón también se han visto muy afectados por la situación de pandemia y el confinamiento. Para ellos la alimentación ha sido la válvula de escape, ya que la pérdida de rutinas, el aburrimiento y la ansiedad generada por no poder salir les ha desequilibrado más de la cuenta.

“Al final, las pacientes con TCA manejan su malestar mediante el control o descontrol con la comida, y ese malestar que les ha producido el confinamiento se ha traducido en una mayor alteración de su enfermedad, bien por restricción de la ingesta o bien por aumento de las conductas bulímicas -atracones y conductas de purga-. Esa inestabilidad emocional se ha asociado también a síntomas depresivos, de ansiedad e insomnio”, concluye la especialista.

Añade, además, que muchas de ellas se han mostrado más irritables y han tratado de aislarse de sus familias durante este periodo de encierro.

Por otra parte, como no podían salir, parece que ha habido un decremento en la práctica de ejercicio, aunque “nos consta que algunas se han saltado el confinamiento para mantener esas conductas de deporte excesivo que suponen una compensación a la ingesta y que muchas llevan asociadas a su trastorno”, alerta la doctora Díaz Marsá.

No obstante, asegura que el seguimiento de los pacientes ha continuado durante el confinamiento y han mantenido las terapias grupales y las individuales a través de llamadas y videoconferencias.

Pautas a seguir durante el confinamiento

Durante los meses que ha durado el encierro domiciliario, los especialistas han dado a los pacientes con Trastornos de la Conducta Alimentaria una serie de instrucciones para tratar de gestionar su enfermedad.

Unas pautas que deben seguir siempre, pero que han sido especialmente importantes durante este tiempo. Así lo resume la doctora Díaz Marsá:

  1. Estructurarse el día. Tener un horario es crucial para asegurar tener ocupadas todas las horas del día. En este sentido, es muy importante diferenciar mucho las actividades de ocio de las académicas o profesionales; que no se pasen todo el día trabajando o estudiando.
  2. Vestirse todas las mañanas porque, aunque pueda parecer irrelevante, ayuda a diferenciar las distintas actividades del día y a marcar una rutina.
  3. En cuanto a las pautas de alimentación, se han mantenido las recomendadas de endocrinos y nutricionistas: 5 comidas al día (tres principales y un tentempié a media mañana y media tarde), siempre con la familia y de forma que durante las mismas no se hable del hecho de comer.
  4. Tener media hora de reposo después de las comidas, también en compañía de la familia.
  5. Hacer media hora de ejercicio al día, que puede ayudar a relajarse y disminuir el estrés.

“En definitiva, les hemos dicho que siguiesen con las pautas de alimentación que tenían previas a la crisis sanitaria y se apoyaran mucho en la familia. A veces los problemas de estas pacientes vienen por conflictos en casa y el confinamiento ha podido exacerbar esos problemas. Por eso les pedimos que expresasen mucho sus emociones, que buscasen el diálogo y hablasen de su malestar con las personas que conviven”, apunta la especialista en TCA.

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Infografía sobre los trastornos de la conducta alimentaría. EFEsalud/ Rosa Gallardo

Una recaída no impide seguir avanzando con el tratamiento

Muchas personas con un TCA han sufrido una recaída durante el confinamiento, pero eso, como afirma la doctora, no tiene por qué suponer un retraso en el tratamiento.

“Yo siempre digo que en los Trastornos de Conducta Alimentaria la evolución es como una sierra ascendente: aunque van mejorando, tienen pequeños momentos de recaída y eso no supone que vuelvan al punto inicial. Que durante el confinamiento hayan tenido alguna reagudización -ya sea restrictiva o de atracones y conductas de purga-, no implica tirar por la borda todo lo que ya han conseguido”, señala la especialista.

Como explica, la evolución de estos trastornos es lenta y hay que planteársela a largo plazo y con mejorías estimables al año de empezar el tratamiento. En ella, además, se contemplan estos pequeños bajones que suponen “seguir creciendo”.

Ahora es importante que los pacientes retomen su tratamiento y sigan trabajando porque, como afirma con rotundidad la doctora Díaz Marsá, los Trastornos de la Conducta Alimentaria se curan la mayor parte de las veces.

“Un TCA viene  porque una persona tiene un malestar emocional al que no sabe cómo enfrentarse y lo desplaza a la comida, a través del control o descontrol de las ingestas. Ese malestar puede estar causado por miedo a no cumplir las expectativas, por dificultades a la hora de tomar decisiones o en las relaciones personales, por traumas que hayan podido vivir… Cuando se aborda lo que hay detrás de ese problema con la comida, puede haber una reducción total del trastorno”, analiza.

Sin embargo, la doctora advierte de que hay un porcentaje pequeño que se cronifica, razón por la cual es tan importante la intervención precoz e intensiva por parte de los especialistas.

El estigma en torno a los Trastornos de la Conducta Alimentaria

“Los TCA se asocian muchas veces a una niña caprichosa que hace tonterías con la comida por llamar la atención“, denuncia la doctora Díaz Marsá.

“No nos damos cuenta de que es un trastorno mental grave que puede tener importantes repercusiones a nivel orgánico y mental y afectar a la vida de una persona hasta hacer que esta no sea funcional”, añade.

Y es que además de causar daños físicos, problemas en las relaciones personales o un deterioro de la autoestima, puede hacer que la persona pierda incluso años académicos o laborales, con las consecuencias a nivel personal que supone.

“Un TCA no se tiene porque uno quiere, sino que a uno le toca, como quien contrae la COVID-19 o cualquier otra enfermedad. Lo único que depende del paciente es su responsabilidad a la hora de trabajar para salir de ella”, considera la presidenta de la Sociedad de Psiquiatría de Madrid.

 

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