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Tratamiento bipolar: objetivo, restablecer el equilibrio del ánimo

Es un trastorno biológico que se desencadena tras un episodio de estrés. Conseguir el equilibrio emocional es la clave para quienes sufren esta enfermedad; el tratamiento farmacológico y aprender sobre el trastorno son aspectos cruciales para controlarla.

Tratamiento bipolar: objetivo, restablecer el equilibrio del ánimo
EFE/EPA/DPA/FRANK RUMPENHORST

Es un trastorno difícil de diagnosticar, bastante desconocido y aparece de manera progresiva por lo que es fundamental estar atento a algunos síntomas que pueden pasar desapercibidos. Antonio Gil es psicólogo de la Asociación Bipolar de Madrid y de la Asociación Madrileña de Ayuda a la Investigación del Trastorno Límite de personalidad; es Master en psicoterapia, ha impartido clases en la Universidad San Pablo CEU y lleva 12 años trabajando en el tratamiento psicológico del área del Trastorno Mental Grave. Con él, analizamos esta enfermedad.

  • ¿En qué consiste el trastorno bipolar?

El trastorno bipolar está enmarcado en un área amplia de trastornos: el de los estados de ánimo. Dentro de dicha área hay dos grandes grupos: los unipolares o depresiones y los bipolares; la diferencia es que en vez de depresiones hay estados expansivos, una alegría desmedida que al final no ayuda a la persona a adaptarse a lo que la vida requiere.

  • Existe un gran desconocimiento sobre la enfermedad, incluso, algunos lo confunden con esquizofrenia.

No tiene nada que ver con la esquizofrenia, es un trastorno distinto. En algún caso de trastorno bipolar, en la fase que llamamos de manía (la fase expansiva en la que la persona tiene una alegría desmedida), es posible tener alucinaciones y delirios que son los síntomas de la esquizofrenia, por eso a veces se puede confundir. La mayoría de la gente con trastorno bipolar no tiene delirios ni alucinaciones y en ningún caso cuando están compensados, en estado de eutimia, es decir, en un buen estado de ánimo.

  • ¿Cómo se detecta?

El diagnóstico es muy problemático, me atrevo a decir que es de los trastornos mentales más complicados de diagnosticar, porque la fase de subida, la manía pasa desapercibida. En el caso de la depresión, la persona, motu propio, acude al médico porque se encuentra mal, en cambio cuando gira a la otra fase, la persona interpreta que está fenomenal, que está feliz.

Esa información no le llega al médico y no se diagnostica. Muchas veces nos llega a través de familiares, de informantes externos que nos cuentan que algo no adaptado está ocurriendo.

  • ¿Por qué se produce el trastorno bipolar?

Se trata de un trastorno biológico pero además es necesario que haya una fuente de estrés que incida sobre esa vulnerabilidad. Hay un componente genético. Si esa persona tiene en su vida un momento crítico por un cambio especialmente estresante, duro, difícil, entonces la vulnerabilidad unida a ese choque de la vida podemos decir que desencadena el cuadro. Es un modelo que técnicamente se llama diátesis estrés.

Normalmente a los 20 ó 25 años es cuando hace el debut el cuadro y suele coincidir con cambios en la vida: independencia de la familia; matrimonio; antiguamente, la mili.

  • ¿Qué tratamiento requiere el trastorno bipolar?

Lo primero hay que aceptar la enfermedad, nadie es bipolar: un afectado tiene trastorno y luego aparte del trastorno tiene toda su vida con lo cual es algo que afortunadamente tiene solución y no debe ser su rasgo de identidad.

El tratamiento tiene que ser químico; ahora bien, el tratamiento psicológico es muy conveniente para aprender a manejar esos niveles de estrés. El tratamiento es muy psicoeducativo, aprender en qué consiste la enfermedad, aceptarla y luego aprender a localizar las señales de alarma que a la persona le indican que algo no va bien para tomar medidas.

La ciencia avanza pero hoy por hoy no existe cura. Tenemos tratamientos recuperativos y pasa, en gran parte, porque la persona pueda reconocer una sintomatología; el nombre clínico es sintomatología prodrómica, es decir, alarmas que avisan de que un cambio de estado de ánimo se está produciendo. Si eso se deja a su curso va a haber una crisis.

  • ¿Cómo lo vive el entorno del afectado?

Lo viven de manera distinta y de hecho hay intervención para los allegados. La subida al afectado le suele gustar y un primer paso en el tratamiento es decir: eso no es bueno y no te tiene que gustar, en cambio la familia es lo que más teme.

La depresión es lo contrario; el afectado es lo que trata de evitar y la familia lo que quiere es que esté bien, pero si tiene que elegir entre que esté en el sofá o que salga a la calle y no sepa si va a volver por la noche, prefiere que esté en el sofá.

Una condición de los tratamientos, por regla general, es que podamos hablar con el entorno más cercano y poder contrastar la información.

  • ¿Qué signos nos pueden dar la señal de alarma sobre la posible aparición del trastorno?

Lo primero que debemos tener en cuenta es que es un ser humano que sufre, y mucho, y a partir de ahí viene lo demás.

Si hablamos de sintomatología expansiva, hacia arriba, la persona duerme menos de seis horas; inicia actividades nuevas; está más hablador de lo habitual; se gasta el dinero, hay un descontrol en el gasto de su economía. No se piensa en el mañana, se vive en el momento, una conducta impulsiva, como conducir de manera temeraria; hay una hiperactividad sexual.

Todo comienza de una manera progresiva, no es frecuente que aparezca este listado y de un día para otro, suele haber pequeños cambios.

Cuando el afectado va hacia abajo, la sintomatología iría en la línea de fatiga, cansancio; se deja de hacer cosas, se retrasa la hora de levantarse o no se levanta; inventa excusas para no ir al trabajo… son señales de que la fase depresiva está haciendo presencia.

  • ¿Qué futuro le augura al tratamiento del trastorno bipolar?

Afortunadamente se está investigando mucho, avanzando en la posibilidad de diagnosticarlo mediante radioimagen; todavía no hay datos concluyentes pero se avanza en esa línea. Están saliendo fármacos nuevos que se están estudiando, con lo cuál yo creo que hay que lanzar un mensaje esperanzador; es un trastorno grave, en el que la persona sufre y el entorno también, pero hay soluciones.

Yo aconsejaría que se dejen guiar por personas especializadas en este trastorno; hay que hilar fino, ya que tiene esas dos caras y hay que saber manejar ambas.

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