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Tercer trimestre de embarazo: recta final para la madre y el bebé

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La enfermera especialista en obstetricia y ginecología, Rosabel Molina Olías, matrona en el Hospital de El Escorial de Madrid, nos habla de la última etapa de la gestación, en la que “el feto se dedica a crecer, practicar movimientos respiratorios, a tragar líquido amniótico o bostezar mientras su madre vuelve a sentir cansancio, insomnio y muchas incomodidades, como ardor de estómago y reflujo gástrico”. 

“Vuestros órganos internos están desplazados por el aumento del peso y tamaño del útero. Volveréis a sentir las ganas urgentes de orinar, recordad que hay que vaciar bien la vejiga. Pueden aparecer dolores de espalda por el desplazamiento del centro de gravedad, debéis intentar descansar y adoptar buenas posturas; la presión sobre vuestros pulmones os restará aire y vuestros tobillos se hincharán”, apunta Rosabel.

El cuerpo ensaya el parto: contracciones, flujo y estrías

Durante el tercer trimestre el bebé pateará, se estirará y abrirá los ojos; le crece el pelo, termina su desarrollo orgánico fundamental y comienza a subir de peso muy rápido, sus brazos y piernas parecen regordetes; empiezan a endurecerse sus huesos, pero no el cráneo, que continúa blando y flexible… hacia la semana 36 ocupa la mayor parte del saco amniótico y en la 37 podría adoptar ya la posición de cabeza hacia la pelvis.

Las uñitas de los pies llegan a la punta de sus dedos en la semana 38 y el bebé ha perdido ya la mayor parte del lanugo, capa de vello suave como pelusa que ha protegido su piel rosada durante los últimos meses. Desde la semana 28 hasta el momento del parto, el feto habrá pasado de medir 25 centímetros, más o menos, a alcanzar hasta los 53 cm; de pesar mil gramos a llegar a 4,2 o 4,3 kilogramos.

“En esta etapa materna aparecen las estrías, que no tienen prevención ni tratamiento, ya que dependen, básicamente, del tipo de piel de cada mujer… eso sí, siempre recomendamos una buena hidratación dermatológica para mantener su elasticidad. También se produce un aumento del flujo vaginal, que es totalmente normal siempre y cuando no cause picor u otros síntomas extraños, como un mal olor”, advierte.

Las contracciones “falsas” de Braxton Hicks

Las contracciones no son otra cosa que la preparación del útero al parto. El músculo uterino se contrae y se relaja: produce presión en su parte superior que se extiende hacia la parte inferior para empujar y ayudar al feto a salir y convertirse en un esplendoroso bebé.

“Las falsas o de Braxton Hicks no son regulares, ya que una contracción puede presentarse a los cinco minutos de la precedente, y la siguiente ocho minutos después o pasados otros quince minutos o quizá una hora más tarde. Por lo tanto, no siguen un patrón rítmico”, destaca Rosabel.

Además, las contracciones falsas no suelen ser intensas y dolorosas; incluso, pueden aparecer hacia la sexta semana del embarazo.

“Son muy flojitas, incluso bajan de intensidad a medida que se sienten. Por supuesto no duelen; solo molestan un poquito, sobre todo al final del embarazo. Se notan en el abdomen, que se pone algo durito, y en las ingles; pero nada más”, recalca.

“Sí que es verdad que este tipo de contracciones se pueden convertir en contracciones verdaderas. Pueden propiciar, cuando aumentan de intensidad, la expulsión del tapón mucoso -estructura gelatinosa que cierra el cuello del útero-; situación que no es sinónimo de estar de parto”, avisa.

En este periodo tan movido, el descanso suele aliviar, más aún, a la mujer embarazada y, si también media un baño calentito, las contracciones falsas tenderán a calmarse.

¿Cómo es una contracción de parto verdadera?

“Cuando son rítmicas… cada diez minutos, por ejemplo. Luego, los periodos temporales entre contracciones se acortan, también, de forma rítmica: una serie cada cinco minutos, otra cada cuatro, a continuación cada tres minutos… y así hasta la fase de expulsión del feto”, aclara la matrona.

A la par, esas contracciones van aumentando su intensidad; son cada vez más fuertes y dolorosas, llegando a durar  hasta 45 o 60 segundos.

Las contracciones verdaderas de parto comienzan en la espalda y se irradian hacia la tripa extendiéndose hasta la parte baja del abdomen. Las contracciones más dolorosas se producen cuando el cuello uterino está a punto de alcanzar su máxima dilatación (entre ocho y diez centímetros).

Psicológicamente, debido a la elevación exponencial de los niveles hormonales, entre otras causas, la mujer experimenta, de nuevo, el estado de ambivalencia: “Ante un mismo hecho, en este caso el parto ya cercano, hay sentimientos contradictorios, alegría y miedo”, razona.

También, disminuye la libido, principalmente por la incomodidad, y aparece el síndrome del nido, “con el que la mujer siente la necesidad de hacer cambios en el hogar, ordenar, limpiar o preparar al detalle la habitación del bebé… dejarlo todo listo para la llegada del flamante nuevo miembro familiar”, concluye la matrona Rosabel Molina Olías.

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