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Terapias diana e inmunoterapia: Efectos secundarios

Los tratamientos más innovadores contra el cáncer, las terapias biológicas o diana y la inmunoterapia, además de ofrecer resultados eficaces contra el tumor, también presentan unos efectos secundarios más leves que el tratamiento convencional con quimioterapia, aunque en casos aislados la toxicidad puede llegar a ser severa

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Terapias diana e inmunoterapia: Efectos secundarios
Sesión de quimio Fotografía: @srraez

“No son tratamientos inocuos, pero la tolerancia del día es más llevadera que con la quimioterapia con la que el paciente puede estar una o dos semanas algo afectado y esta situación prácticamente desaparece con las terapias diana o de inmunoterapia”, explica Susana Hernando Polo, oncóloga de la Fundación Hospital Alcorcón de Madrid.

Sin embargo, en porcentajes bajos pueden producir toxicidades que, si no se controlan o se suspende el tratamiento, podrían llegar a dañar al paciente, advierte la especialista , quien ofreció una ponencia sobre “Nuevos fármacos, nuevas toxicidades: manejo de toxicidad en terapias antidiana e inmunoterapia” en el XVI congreso de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM),  celebrado recientemente en Madrid.

Las terapias diana

Se trata de fármacos enfocados a moléculas concretas que expresan determinados tumores. Un misil dirigido a una diana, un objetivo concreto. Lo contrario a la quimioterapia.

“La quimioterapia clásica destruye las células que tienen un crecimiento rápido, tanto las tumorales como las sanas del aparato digestivo, de la piel, del cabello…Todo lo que tiene un recambio rápido lo va a dañar. No hay nada especifico que permita distinguir qué células son las tumorales de las normales”, explica la doctora.

Sesión de quimioterapia en el hospital de día. Foto: EFE/ase
Sesión de quimioterapia en el hospital de día. Foto: EFE/ase

Hay muchos tipos de terapias diana (en función de la biología del tumor) y para diferentes órganos, pero una de las primeras fue el trastuzumab (comercializado como Herceptin por Roche) dirigido al cáncer de mama que expresa la molécula HER2 “y que ha cambiado radicalmente la evolución de este tipo de cáncer que antes se consideraba agresivo y asociado a una supervivencia más corta”, indica Hernando Polo, que forma parte del Grupo de Cáncer Familiar de SEOM.

La posología habitual de este fármaco es por vía intravenosa cada tres semanas. En primer lugar se administra junto a la quimioterapia y, tras una media de seis ciclos, se aplica en monoterapia como tratamiento de mantenimiento.

“Cuando se administra junto a la quimioterapia -apunta la especialista-, los efectos secundarios son los propios de la quimioterapia pero, tras esta fase, los pacientes pueden reanudar su vida normal porque no afecta al cansancio, ni a la bajada de defensas que predispone a infecciones, ni produce malestar digestivo, ni caída de pelo. Es uno de los que menos toxicidades presenta”.

Lo que sí hay que vigilar durante este tratamiento diana es el corazón, mediante ecografías, para comprobar que no baja la fuerza de la contracción, si es así hay que parar.

“Suspendemos el tratamiento en una fase en la que todavía no ha dado síntomas al paciente pero que se detecta en la ecografía. Cuando el corazón vuelve a su funcionamiento normal, y si así se considera, el tratamiento se puede reanudar”, indica la oncóloga.

Cáncer renal

Otro campo donde la terapia diana ha entrado de lleno es en el cáncer renal, un tumor que no respondía a la quimioterapia y que ahora cuenta con más de media docena de fármacos biológicos, en especial antiangiogénicos, los que destruyen los vasos sanguíneos nuevos que crea el propio tumor para alimentarse, disminuyendo así el aporte de nutrientes y de sangre que le ayuda a crecer.

El primer fármaco diana que surgió en cáncer renal fue el sunitibib (comercializado como Sutent por Pfizer) que es oral y puede tomarse en casa durante una media de cuatro semanas seguidas y otras dos de descanso.

Al ser un fármaco antiangiogénico, la toxicidad está relacionada con el sistema circulatorio, por lo que puede producir hipertensión arterial tanto en personas que ya la padecen como en las que no. “Hay que advertir al paciente, pero en el momento en el que se deja de tomar el fármaco, la tensión se normaliza”, apunta la experta.

El cansancio es otro síntoma habitual y en ocasiones es recomendable reducir la dosis o cambiar la frecuencia y dar solo dos semanas (no cuatro) y descansar otras dos ya que puede limitar la vida del paciente.

Apenas se producen efectos secundarios graves, como trombosis o hemorragias cerebrales o digestivas. “Son efectos muy infrecuentes, por debajo del 5%”.

Otra diana antiangiogénica, el bevacizumab (Avastin de Roche) dirigida a tumores de colon, ovario, pulmón…puede provocar hipertensión y sangrado, aunque por regla general la tolerancia diaria es buena, sin apenas síntomas.

La inmunoterapia

Son fármacos de última generación, intravenosos, cuyo objetivo es estimular el propio sistema inmune del paciente para que reaccione y ataque al tumor que había logrado “adormilarlo”. En melanoma, pulmón y cáncer renal ya es una realidad.

Inmunoterapia. Imagen: Roche
Inmunoterapia. Imagen: Roche

“Son tratamientos más novedosos -manifiesta Susana Hernando Polo- y todavía no tenemos experiencia muy a largo plazo, pero a día de hoy son bastantes inocuos, no producen cansancio, ni vómitos. Hay riesgo de algunas toxicidades autoinmunes en algunos casos”.

Una enfermedad autoinmune surge cuando nuestro sistema inmunológico no reconoce como propia alguna célula. La hiperestimulación que provoca el fármaco inmunoterápico podría dar lugar a ese tipo de enfermedades. “Pero se trata de efectos a largo plazo y en un porcentaje pequeño de pacientes”, apunta la experta.

Ese efecto secundario se trata con corticoides y fármacos inmunosupresores y si se aborda cuando el efecto es leve o moderado revierte sin problema, añade.

Pero al margen de estas toxicidades graves y poco frecuentes, los inmunoterápicos pueden provocar efectos en la piel sobre todo en los primeros meses.

Su administración es por vía intravenosa similar a la quimioterapia pero durante un periodo más corto, en una hora puede estar listo y puede haber, según los casos, programaciones semanales o quincenales en el hospital de día.

La quimioterapia, efectos suavizados

Ya no es lo que era. Si hace años la quimioterapia causaba estragos en el día a día del paciente, que en muchos casos tenía que guardar cama o ser ingresado, ahora estas toxicidades se han suavizado gracias a otros fármacos, como corticoides, que controlan las nauseas y los vómitos.

“Los vómitos podían llegar a provocar una intolerancia total al tratamiento y había que suspenderlo e incluso ingresar al paciente, ahora es excepcional que vomite hasta el punto de tener que ir a urgencias”, señala la doctora.

Pero todo depende del tipo de fármaco, algunos provocan una irremediable caída del cabello, otros afectan al sistema nervioso dejando como dormidas las yemas de los dedos o los pies o causan calambres en las manos al beber y tocar cosas frías.

Beber agua abundante para eliminar la quimioterapia por la orina, evitar las comidas copiosas y ricas en grasas, no consumir alcohol y hacer vida activa favorece el bienestar del paciente durante la quimioterapia, un tratamiento que, hoy en día, permite, tras los primeros días, incluso reincorporarse al trabajo y llevar una vida lo más normalizada posible.

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