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Tengo cáncer, y ahora ¿qué?

El cáncer no es sólo una enfermedad. Afecta a la persona en su conjunto y a su entorno a nivel global, tanto físicamente como a nivel psicológico y social. Tras el impacto del primer diagnóstico, empieza una etapa llena de angustia e incertidumbre: y ahora ¿qué? La información, el apoyo y los consejos de los profesionales van a ser determinantes en este proceso lleno de incertidumbres y temores. Un oncólogo, una psicooncóloga y una especialista en estética oncológica nos cuentan cómo

Tengo cáncer, y ahora ¿qué?

El oncólogo debe desdramatizar la situación

El paciente llega a la consulta de Oncología con una gran angustia y grandes incertidumbres: ¿qué va a ser de mí y de los míos a partir de ahora? Porque estamos ante una enfermedad que lleva consigo una gran carga emocional y no sólo para el paciente. El estrés de este proceso afecta e implica a todas las personas de su entorno, por el vínculo que se establece entre cáncer y final fatídico, por la dureza del tratamiento y por las fases que tiene la enfermedad.

El diagnóstico y el tratamiento son fundamentales, pero no lo es menos el papel que asume el oncólogo en todo el proceso: nuestra responsabilidad es intentar rebajar la carga dramática: no olvidemos que el 50% de los pacientes se curan y las tasas de supervivencia han mejorado de forma notable.

En esta labor es determinante nuestra forma de comunicarnos con el paciente: debe tener toda la información disponible sobre su enfermedad pero debemos ser cuidadosos a la hora de enfocársela: el mensaje debe ser positivo y esperanzador, sin crear falsas expectativas y evitando la crudeza para evitar aumentar la angustia que ya siente el paciente.

En este proceso de desdramatización el paciente tiene que asumir que la enfermedad puede suponer un cambio en su vida y en la de sus familiares, sin que ello tenga que suponer necesariamente una mala experiencia: si existen posibilidades de curación, se curará y, entretanto controlaremos su calidad de vida para que sean la mejor posible.

La normalidad debe imperar en la relación entre el oncólogo y su paciente, asumiendo que nuestra actitud puede ser clave para conseguir la mayor adherencia al tratamiento y para que el paciente normalice su vida con la enfermedad y mantenga sus ilusiones y sus proyectos.

El apoyo psicológico, fundamental desde el diagnóstico

Ante el diagnóstico de cáncer es normal sentirse vulnerable y triste por la pérdida de la salud y el bienestar, estar desconcertado y preocupado por el futuro. Un mala noticia, por definición, siempre provoca un punto de inflexión, un antes y un después. Normalmente en el momento del diagnóstico comienza un proceso emocional que nos lleva desde una fase inicial de miedo/ansiedad a una fase de aceptación, en el que adoptaremos una actitud proactiva para afrontar todo lo que conlleva la enfermedad. Sin embargo, hay personas que se estancan en algún punto de ese proceso y se sienten sobrepasadas. Para estas personas el apoyo psicológico es fundamental.

Algunas de las claves que nos pueden ayudar son:

  • Aceptar los sentimientos de tristeza, rabia o miedo que despierta el diagnóstico y expresarlos.
  • Compartir la enfermedad con personas de confianza que escuchen y permitan expresar lo que uno siente sin juzgar. Si las personas más próximas no saben cómo actuar y no se ofrecen, aclararles qué necesitamos de ellos y cómo.
  • Resolver con el oncólogo todas las dudas y preocupaciones que se agolpan en la cabeza una vez superado el shock inicial.

Si atendemos a los testimonios de personas que han pasado por la experiencia del cáncer y lo han superado, podemos concluir que es una enfermedad que hay que vivir día a día, porque es normal que se produzcan altibajos incluso en el mismo día o en la misma hora. Pero el cáncer, y todo lo que conlleva, también puede ser una experiencia enriquecedora; como dice Sol: “En una hora mi vida era ya otra diferente, y de hecho, lo es para siempre”.

No renunciar a cuidarse ayuda a una mejor respuesta al tratamiento

Indudablemente, el cáncer es una enfermedad que impacta sobre nuestra imagen. Según diferentes indicadores, un paciente de cáncer que se cuida consigue mejorar su estado de ánimo y recuperara su equilibrio interno más fácilmente. Todo ello ayuda a una mejor respuesta al tratamiento de la enfermedad. En la mayoría de los casos, los efectos secundarios son transitorios. Por este motivo es importante minimizar la enfermedad y no renunciar a cuidarse. Es recomendable que, en esas circunstancias, cada individuo piense en uno mismo como persona y no como paciente.

Antes de enfrentarse a cualquier tratamiento es aconsejable, siempre que sea posible, hidratarse muy bien la piel con tratamientos específicos, preparar la piel con una buena nutrición y evitar las exposiciones al sol.

Por ello, para la radioterapia es muy importante cuidar la piel antes, durante y después, siguiendo las indicaciones que establecerá el equipo médico. Por citar un ejemplo, es imprescindible acudir a la sesión de radioterapia con la piel absolutamente limpia y es importante aplicar, a posteriori, cremas con acción antiinflamatoria, hidratante y regenerante. En caso que la zona no esté bien hidratada, la piel quedará menos elástica y seca. Ello puede provocar una posterior irritación de la piel.

¿Cómo puede cuidarse una persona que está en tratamiento oncológico? Como los tratamientos contra el cáncer suelen resecar la piel, es aconsejable hidratarla dos veces al día con productos sin alcohol. Estos productos deben ser muy nutritivos y contener aceite de rosa mosqueta o almendras, manteca de karité y de mango. Para evitar la exposición al sol y sus consecuencias, durante el día se debe utilizar un fotoprotector con SPF 50.

En cuanto al maquillaje, es absolutamente recomendable, puesto que la quimioterapia deja un color de piel amarillento.

Es muy importante que los cuidados estéticos aporten confort a la piel, pero debe consultarse siempre con el médico sobre la idoneidad de realizarlos durante el tratamiento.

¿Qué evitar tanto si se trata con quimioterapia como con radioterapia?

  • Cualquier tipo de extracción ni exfoliación
  • Baños de vapor, jacuzzi y/o sauna.
  • La exposición al sol (Hay que salir a la calle con un fotoprotector alto siempre: SPF 50).

 

Este artículo ha sido realizado a partir de las informaciones del Dr. Federico González González (Oncólogo Hospital Universitario Quirónsalud Madrid), Nuria Javaloyes (Psicooncóloga en Hospital Quirónsalud Torrevieja) y Aina Gómez (especialista en Estética Oncológica en Instituto Oncológico Baselga del Hospital Quirónsalud Barcelona).

 

La finalidad de este blog es proporcionar información de salud que, en ningún caso, sustituye la consulta con su médico. Este blog está sujeto a moderación, de manera que se excluyen de él los comentarios ofensivos, publicitarios, o que no se consideren oportunos en relación con el tema que trata cada uno de los artículos.

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