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Alimentos de otoño: propiedades y beneficios de la castaña, el boniato y las setas

Alimentarse de productos de temporada es un factor importante, tanto para ayudar a la sostenibilidad de la economía local como para cuidar el medioambiente. El Abecedario de la Nutrición nos habla de castañas, boniatos y setas, alimentos de otoño

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La castaña es un alimento de temporada que se asemeja a la fruta desecada o a la de los cereales/EFE/Martin Schutt

Además de ser más económicos, cada uno de estos alimentos ofrece las propiedades y nutrientes necesarios que el cuerpo demanda en cada estación de año sin haber forzado su creación.

Por esta razón, Laura González, responsable de nutrición y salud de Nestlé, se centra en tres alimentos naturales y saludables, propios del otoño: setas, boniatos y castañas.

Boniatos: dulces y energéticos

Muy similar a la patata, el boniato se caracteriza por un sabor dulce y una piel gruesa, que varía desde el amarillo hasta el morado. Al contrario que la patata, la carne de este tubérculo suele ser de anaranjada o blanca.

Aunque sea un alimento con alto contenido calórico, toda su aportación es saludable y sin apenas grasa. “Es ideal para personas que tengan un alto gasto energético, como los niños o, incluso, los deportistas”, explica Laura González.

El boniato aporta tres tipos de vitaminas: la C, la E y la A. Una alternativa a los suplementos alimenticios.

Adiós a la sensación de hambre más tiempo

Aunque estén clasificadas dentro de los frutos secos, las castañas se asemejan a la fruta desecada o, incluso, a los cereales.

Tienen un contenido de vitaminas significativo en los grupos B, como B1, B2, B3 y B6. Pero son más bajos en las vitaminas E”, explica la nutricionista.

Los expertos recomiendan consumir las castañas cocidas o asadas para evitar posibles molestias intestinales/EFE/Eliseo Trigo

Este fruto, señala, es rico en hidratos de carbono complejos que son absorbidos por el organismo de forma lenta y mantienen los niveles de glucosa en sangre equilibrados. Es decir, disminuye la sensación de hambre durante más tiempo.

Además, su contenido graso es bajo y “notablemente inferior al resto de frutos secos”.

Laura González recomienda consumir las castañas asadas o cocidas, pues son “ricas en taninos por lo que comerlas sin cocinar podría provocar molestias intestinales”.

En el caso de que se deseen consumir crudas, aconseja que “se almacenen 7 o 10 días una vez recogidas para que, en este periodo, disminuyan los contenidos de taninos y el azúcar sea más asimilable para el organismo”.

También es preferible, indica la experta, quitar la piel marrón que se encuentra debajo de la corteza.

Setas para cuidar la salud de los huesos

Las setas son un alimento que puede mejorar la salud a su vez que llegar a ocasionar la muerte si no se recogen con un conocimiento suficiente.

Los expertos advierten de que la mayor parte de las intoxicaciones se originan en personas que recogen setas sin entender de ellas.

Ejemplar de Amanita Muscaria, en la localidad lucense de Palas de Rei

Sin embargo, quienes sí saben pueden aprovecharse de sus numerosos beneficios.

La nutricionista indica que, con un bajo contenido calórico debido a su alto contenido en agua, las setas son el único vegetal que aporta cantidades significativas de vitamina D, responsable de la salud ósea.

Ricas en minerales y potasio, son una fuente de fibra, “ideales para consumir solas o en platos elaborados”.

Desmintiendo mitos sobre setas

  • Si se cocinan con vinagre y sal se elimina la toxicidad”. Mito.
  • Las setas tóxicas ennegrezcan el ajo o la plata de las cucharas al cocinarlas”. Error. Según explica Laura González, este ennegrecimiento se debe más a los compuestos de azufre que tienen algunas setas. Hay algunas como la Amanita phalloides que es muy tóxica y no los ennegrece porque no tienen esos compuestos.
  • Si se cortan y cambian de color, son tóxicas”. Un mito. Existen setas como los níscalos que, al cortarlos, cambian su tonalidad y son totalmente comestibles, asegura la experta.
  • Las setas mordisqueadas por los animales, comestibles para el hombre”. Tampoco. El metabolismo de los animales, argumenta Laura González, es muy diferente al de los humanos. Por ejemplo, el caracol o la babosa pueden comer setas que podrían ser muy toxicas para el hombre.

 

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