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Tabletas, uso saludable

Son ligeras, fáciles de transportar y permiten conectarse a la red desde casi cualquier lugar. Sin embargo, una utilización inadecuada de las tabletas puede afectar negativamente a la salud. Te ofrecemos algunos consejos para disfrutar mejor de estos dispositivos

Tabletas, uso saludable
EFE/Alex Hofford

Adoptar una postura correcta resulta fundamental al utilizar cualquier tipo de aparato y las tabletas no son una excepción. No obstante, “a diferencia de otros dispositivos, solemos usar la tableta sujetándola con ambas manos y dejando los pulgares para interactuar con la pantalla o bien apoyándola en la mesa”, describe José Santos, secretario general del Colegio Profesional de Fisioterapeutas de Madrid (España).

De este modo, para poder ver la pantalla tenemos que flexionar el cuello hacia delante durante un tiempo prolongado e, incluso acompañamos el movimiento con el resto del cuerpo, aumentando así la cifosis dorsal (curvatura excesiva de la parte alta de la espalda), indica este experto.

“En ocasiones, además, nos sentamos al borde de la silla o con las piernas cruzadas”, detalla el especialista.

Santos afirma que “un mal uso de la tecnología nos hace más vulnerables a sufrir patologías”.

Esto ocurre porque “mientras utilizamos los dispositivos tecnológicos adoptamos una postura incorrecta de forma constante y repetitiva, lo que puede provocar que nuestra columna vertebral pierda la alineación natural y se origine dolor de cabeza, fatiga, tensión muscular en los hombros, cervicalgias y dorsalgias, entre otros trastornos”, explica el fisioterapeuta.

No usarla más de dos horas seguidas

Además, “el uso inadecuado de la tableta puede causar problemas en las muñecas, como el síndrome del túnel carpiano, tendinitis en el flexor de los dedos o tendinitis en el pulgar, debido a la acción de pulsar la pantalla para escribir o jugar utilizando solo los pulgares”, señala.

En este sentido, el especialista manifiesta que para un uso prolongado es recomendable colocar la pantalla a la altura de los ojos.

“Si vamos a pasar mucho tiempo utilizándola, es mejor colocar la tableta en un soporte a una altura que nos permita mirar en horizontal e interactuar con ella a través de un teclado”, subraya.

Santos advierte que hay que evitar el uso de la tableta durante más de dos horas seguidas en la misma postura y se debería descansar durante diez minutos por cada hora de utilización, un consejo aplicable también a su “hermano mayor”, el portátil.

“Si se trata de juegos deportivos o que impliquen mover prolongadamente la tableta con nuestros brazos, es aconsejable calentar y estirar antes y después del ejercicio, así como elegir el juego en función de las edades y del estado físico de los jugadores”, precisa.

Uso razonable de la tecnología

Las nuevas tecnologías, en particular las tabletas, nos permiten leer un libro allá donde estemos, contestar a un correo electrónico o conectarnos por videoconferencia con un familiar que esté lejos, pero el fisioterapeuta opina que “no debemos dejarnos llevar solo por la comodidad. Hay que hacer un uso razonable de la tecnología y ser responsables con nuestra salud”.

Así, indica, debemos complementar la actividad sedentaria diaria con otras tareas que nos hagan ser más activos, como ir a dar un paseo dos o tres veces por semana, salir a correr, montar en bicicleta o nadar.

EFE/Daniel Karmann

En lo relativo a la vista, Carlos Palomino, jefe del Servicio de Oftalmología del Hospital Universitario Quirón de Madrid (España), señala que tanto las tabletas como las pantallas de ordenador son “grandes diagnosticadores”.

“Una persona que no esté enferma y que utilice el ordenador de forma correcta no tiene por qué tener ningún problema, aunque lo use muchas horas. En cambio, si tenemos un defecto visual, el ordenador o la tableta van a hacer que nos fatiguemos más”, afirma.

Palomino pone de manifiesto la importancia de ir al oftalmólogo una vez al año para que detecte si tenemos algún problema de visión y lo pueda arreglar. “Así, no sufriremos al usar nuestras pantallas de dispositivos y nuestros ojos tampoco lo pasarán mal”, apunta.

El peligro de la conexión inalámbrica

Otro de los temas que pueden repercutir en la salud del usuario de los diferentes dispositivos electrónicos es el de la exposición a las radiaciones procedentes de las redes wifi o conexión inalámbrica a internet.

“Los avances tecnológicos tienen un incuestionable impacto positivo en nuestras vidas a muchos niveles. La comunicación, la educación o el ocio no serían iguales sin su aporte. Sin embargo, del mismo modo que presentan puntos a favor, su uso inadecuado puede suponer un riesgo para nuestra salud”, manifiesta la plataforma Escuela sin wifi, una iniciativa de la Fundación Vivo Sano.

Esta entidad pide la sustitución del wifi en los centros escolares “por otra tecnología que no implique la exposición innecesaria a campos electromagnéticos potencialmente nocivos”.

De este modo, Mariano Bueno, experto en geobiología, explica que las frecuencias que utiliza la telefonía móvil y, sobre todo, las redes wifi son ondas electromagnéticas resonantes con procesos neuronales.

“Nuestro cerebro hace de antena para esas frecuencias, que se convierten en una especie de factor interferente, pues las capta como si fueran actividad neuronal. Por ello, el resultado final de rodearnos de sistemas inalámbricos es que el cerebro no se concentra o altera ciertas facultades neuronales”, afirma.

EPA/MD NADEEM

Bueno asegura que este es un problema a largo plazo. “Harán falta diez, quince o veinte años para que veamos los efectos negativos que está teniendo esa radiación sobre la biología humana y sobre la neurología”, destaca.

El especialista opina que los dispositivos tecnológicos son herramientas muy válidas, pero señala que la opción más saludable sería que estuviesen conectados a través del cable. “Las conexiones vía cable no emiten radiaciones que puedan alterar los procesos neuronales”, expresa.

En el caso de dispositivos como tabletas o teléfonos inteligentes, Bueno insta a conectar el sistema wifi solo cuando necesitemos acceder a internet y desconectarlo cuando hayamos terminado.

“Tener aplicaciones que están las veinticuatro horas intercambiando información con la red supone que estamos irradiándonos constantemente, las usemos o no las usemos”, manifiesta.

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