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Situación de alerta, pero no de alarma, en la frontera de Melilla ante el ébola

La situación en Melilla, una de las dos ciudades españolas situadas en África que sufre mayor presión migratoria, es de alerta ante el brote de ébola que afecta a varios países del continente, aunque no existen, por el momento, motivos para la alarma

Situación de alerta, pero no de alarma, en la frontera de Melilla ante el ébola
Un grupo de inmigrantes de origen subsahariano encaramado a la valla de Melilla. EFE/Neupic/Juan Ríos

En la situación actual, es más probable que una persona contagiada del virus del Ébola llegue antes por el aeropuerto de Barajas que a través de la valla de Melilla, han señalado a Efe fuentes sanitarias, que precisan que la preocupación existe y que, por tanto, la prevención debe ser uno de los factores a tener en cuenta y en el que hay que trabajar.

Y es que el periodo de incubación de la enfermedad, entre dos y veintiún días, hace prácticamente imposible que un inmigrante de Guinea, Liberia o Sierra Leona pueda cubrir el camino que le separa desde su país de origen hasta Melilla.

“Un inmigrante tarda en llegar a las proximidades de la ciudad uno o varios meses, incluso años, y a eso hay que sumar también el tiempo que puede tardar en entrar, que tampoco es algo que suceda de un día para otro”, apuntan las fuentes.

Los inmigrantes, sometidos a controles sanitarios

Pese a todo, los inmigrantes que consiguen acceder a la ciudad autónoma, de cualquiera de las maneras posibles -valla, patera, doble fondo…- son sometidos a controles sanitarios al ingresar al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI).

Tras la entrada masiva del pasado 28 de mayo, cuando casi 500 subsaharianos accedieron a la ciudad, sólo una veintena más ha conseguido superar el vallado perimetral en una tentativa registrada el pasado 1 de julio.

Aunque existe una relativa “tranquilidad” en el perímetro, no se baja la guardia, conscientes de que en cualquier momento puede producirse un intento de entrada, que puede llegar o no a consumarse.

Por eso, policías y guardias civiles son los más preocupados, ya que son los primeros en tener contactos con inmigrantes y es por eso que reclaman protocolos de actuación y los que, a través de sus sindicatos o asociaciones, han exigido medidas de prevención.

Según han explicado fuentes policiales, los agentes destinados en los puestos fronterizos cuentan con guantes y mascarillas que, sin embargo, muchos ni siquiera utilizan.

“Existe preocupación, eso es inevitable, pero lo realmente peligroso sería que el virus se manifestara en Marruecos. Ahí sí que saltaría la alarma”, apuntan las fuentes.

En Melilla, apenas una treintena de los más de 1.100 inmigrantes del CETI proceden de Guinea, Liberia o Sierra Leona, los países más afectados por la enfermedad.

Los últimos inmigrantes de estas nacionalidades accedieron a la ciudad el pasado 25 de julio ocultos en dos dobles fondos de un vehículo.

Eran dos jóvenes de Guinea Conakry, una mujer y un menor de edad, que ingresaron en el CETI, un centro donde las nacionalidades más numerosas son la siria, con casi el 50 por ciento del total, y la camerunesa.

Hasta el momento, pese a la saturación que ha venido registrando durante meses el CETI, la única alerta sanitaria se produjo el pasado mes de marzo ante un caso de meningitis.

El paciente era un joven de Gabón y su diagnostico obligó a activar un protocolo que provocó que se suministrara medicación a más de 200 personas.

La idea de las autoridades sanitarias en Melilla es estar prevenidos, aunque por el momento no hay motivo de alarma y la población puede estar tranquila.

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