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Síntomas y signos que nos llevan al diagnóstico y tratamiento de una valvulopatía

Un cansancio inexplicable, falta de aire, debilidad, dolor en el pecho, palpitaciones o un edema en los tobillos son síntomas o signos achacables a diferentes patologías fisiológicas, entre ellas un daño en las válvulas cardíacas; pero serán la auscultación médica con fonendoscopio, el electrocardiograma, la radiografía y, finalmente, el ecocardiograma las pruebas diagnósticas que dejarán ver o confirmar un soplo en el corazón y su correspondiente valvulopatía

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En el anterior videoblog analizamos cómo las cuatro válvulas cardíacas cumplen a la perfección con una función vitalicia: que la sangre siga el camino correcto de la circulación, sin retroceder jamás en sentido contrario al previsto. También vimos cómo, cuando estas válvulas enferman, pueden ser  un obstáculo al paso de la sangre (estenosis) o bien ocasionar que parte del flujo sanguíneo retroceda (insuficiencia o regurgitación).

“Estas alteraciones, sobre todo si alcanzan cierta severidad o se mantienen a lo largo del tiempo, pueden tener consecuencias demoledoras tanto para el corazón como para los pulmones”, señala el doctor Alfredo López González, cirujano cardiovascular, presidente ejecutivo de SaniMarketing y director médico de la editorial Ocronos.

Este tipo de daño cardíaco se puede apreciar o sentir con síntomas y signos, es decir, lo que el paciente percibe (síntomas) y lo que se puede objetivar en una exploración médica rutinaria o especializada (signos, como un soplo o una arritmia).

Cirugía de valvulopatía: bajando prótesis valvular.De las valvulopatías a la cirugía a corazón abierto… o con TAVI

“Ciertos síntomas suelen ser los que nos ayudan en un primer momento a acercarnos al diagnóstico, pero tienen el problema de que son muy poco específicos, ya que pueden aparecer también en patologías muy diferentes”, expone el doctor López González, miembro numerario de la Sociedad Española de Cirugía Cardiovascular y Endovascular (SECCE).

Entre los síntomas más habituales de las valvulopatías destacan:

  • Dificultad para respirar (disnea).
  • Cansancio, debilidad o sensación de falta de fuerza.
  • Palpitaciones (por las arritmias).
  • Dolor en el pecho.
  • Inflamación (edema) de tobillos y pies.
  • Mareos e incluso pérdida de conocimiento.

“En cuanto a las consecuencias medibles de una valvulopatía, los signos, sobresalen el aumento de tamaño de las cavidades del corazón (aurículas y ventrículos), por su sobrecarga, y las arritmias, consecuencia de este aumento de tamaño, que pueden provocar, a su vez, palpitaciones y mareos”, apunta.

Las alarmas rojas de una valvulopatía

El diagnóstico certero de un daño en cualquiera de las válvulas cardíacas se basa, primero, en detectar sus consecuencias. Habitualmente, hay dos caminos que conducen al diagnóstico de una valvulopatía: síntomas más o menos inespecíficos y los signos resultantes de una exploración física (auscultación) que detecte algún soplo cardíaco.

“Esos sonidos anómalos nos hacen sospechar de la presencia de un daño en las válvulas del corazón, por lo que el siguiente paso suele ser una radiografía de tórax (Rx 1 y 2), para ver la silueta cardíaca y los pulmones”, informa.

Radiografía de tórax sin y con cardiomegalia ocasionada por una valvulopatía.
La sobrecarga de presión sobre las cavidades del corazón hace que estas aumenten de tamaño; es lo que se llama cardiomegalia. Eso se puede apreciar en las radiografías. En la primera radiografía la silueta de un corazón sano. En la segunda radiografía se observa el corazón dilatado (cardiomegalia, normalmente del corazón izquierdo). [Rx 1 y 2]. Imágenes cedidas por la Revista Médica Ocronos.

En los casos más avanzados, la radiografía muestra los signos de congestión de los pulmones; lo que suele llamarse “encharcamiento” pulmonar.

“Después de ver este aumento del tamaño del corazón, y su afectación pulmonar, se suele realizar una ecografía del corazón o ecocardiografía, en la que vemos y medimos la función y la morfología de cada una de las cuatro válvulas, evaluamos su anatomía o comprobamos la existencia de estenosis o insuficiencia”, dice el doctor Alfredo López.

En otras ocasiones, el diagnóstico es más casual: “Tras la auscultación de un paciente en un examen rutinario detectamos un soplo cardíaco”, indica.

“Con todo ello ya podemos decir que el paciente sufre una valvulopatía (una estenosis aórtica, una insuficiencia mitral, etc.) y pasamos a evaluar algo que es igual de importante: su grado de severidad. Desde este punto de vista se clasifican en tres niveles de gravedad: valvulopatía ligera, moderada o severa”, informa.

El cirujano cardiovascular, Alfredo López González, nos habla de los tratamientos contra las valvulopatíasCómo se apagan las alarmas rojas: atajando las valvulopatías

Una vez que tenemos el diagnóstico bien definido, pasamos al tratamiento, posiblemente la fase más delicada de la enfermedad cardíaca.

“Dependiendo de diferentes factores, como son el tipo de valvulopatía y su severidad, pero también de su grado de sintomatología, edad, enfermedades asociadas y otros, el especialista valorará cadad caso de forma individual para poder ofrecer el tratamiento más adecuado, siempre en función del riesgo y el beneficio objetivos”, fija el doctor López González.

“No hay que olvidar -continúa- que tanto la propia patología como las intervenciones sobre ella tienen cierto riesgo, por lo que hay que encontrar un equilibrio entre las diferentes formas de manejar esta afección cardiovascular”.

Bajo una perspectiva global, los enfoques del tratamiento son de dos tipos: farmacológico y el quirúrgico.

“No hay un tratamiento farmacológico que cure, por decirlo así, una afección de una válvula cardíaca”, asegura.

Valvulopatías: suturas en prótesis biológica
El cirujano cardiovascular anuda cada una de las suturas para guiar el implante hasta el lugar exacto de su ubicación anatómica: zona valvular entre el ventrículo izquierdo y la arteria aorta, donde cumplirá las funciones de la válvula aórtica extirpada.

“Sin embargo, sí hay medicamentos que mejoran la situación cardiovascular del paciente, ya sea haciéndoles manejar la enfermedad con menos líquidos (como son los diuréticos) o bien modificando la velocidad o función del corazón, para que se tolere lo mejor posible dicha valvulopatía, más aún en los casos en los que por un motivo u otro no es buen momento para una intervención quirúrgica, que siempre conlleva riesgo”, aclara.

“Ejemplos: casos en los que la valvulopatía no es severa o aquellos otros en los que el estado de salud del paciente es realmente frágil por su edad avanzada o por una patología asociada muy grave, dos factores que aumentan un riesgo ya de por sí demasiado elevado”, detalla.

“Además, hay un tipo de medicación que, en caso de valvulopatía, nos ayuda a prevenir alguna de las complicaciones que se puedan ocasionar, como las trombosis; objetivo que se consigue con los anticoagulantes, empleados con mucha frecuencia en este tipo de patología”, añade el galeno.

Por otro lado, tenemos el enfoque quirúrgico, con el que se pretende recuperar la función normal de las válvulas biológicas. Dentro del tratamiento quirúrgico, además, hay que diferenciar dos posibilidades: reparación y sustitución.

  • Con la reparación valvular se actúa sobre la válvula enferma, haciendo que vuelva a funcionar correctamente.
  • La sustitución valvular, por su parte, consiste en extirpar la válvula afectada, implantando una válvula artificial en su lugar.
Valvulopatía: reparación mecánica de la válvula mitral
Anuloplastia en una válvula mitral llevada a cabo por el Dr. Gómez Vidal, FEA H. Puerta del Mar, Jefe de Cirugía Cardiovascular de Quirón Sagrado Corazón, Vithas Sevilla y HLA Santa Isabel.

Dentro de las válvulas artificiales hay que diferenciar las llamadas válvulas de origen natural, porque están elaboradas con tejido biológico, por ejemplo, de pericardio; y las mecánicas, generalmente fabricadas con materiales poco trombogénicos, como el carbón pirolítico.

“La mayor parte de las intervenciones sobre las válvulas se hacen con el corazón parado, gracias a lo que se denomina circulación extracorpórea; procedimiento quirúrgico sobre el cual hablaremos con detalle en otra ocasión, ya que es muy interesante”, anuncia.

Sin embargo, hay algunas técnicas que permiten implantar válvulas artificiales sin la necesidad de abrir el pecho del paciente y parar su corazón; técnicas que cada vez se realizan con mayor frecuencia, como la técnica TAVI.

Cuando hablamos de los diferentes enfoques terapéuticos de las valvulopatías, siempre surge la misma pregunta: ¿Cuál es la mejor opción, doctor?

“No existe una técnica mejor que otra, puesto que si la hubiere solo aplicaríamos esa técnica en todos los casos, sin excepción. L@s especialistas debemos analizar y decidir cuál es la mejor opción para cada paciente en cada momento, atendiendo siempre a sus condiciones físicas… y esto es lo más importante a la hora de evaluar cada valvulopatía”, recalca sin ambages el cirujano cardiovascular Alfredo López González.

“Las válvulas mecánicas son maravillas de la ingeniería. Su diseño debe cumplir con la precisión absoluta de una válvula biológica sana, debe ser tan sencilla y funcional como la válvula extirpada y debe durar casi una eternidad, dado que el corazón late y late constantemente: el músculo cardíaco bombea sangre relajándose y contrayéndose millones y millones de veces hasta el final de nuestros días”, concluye. EFE/GRB
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