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Síndrome inflamatorio multisistémico, el efecto más grave de la COVID en niños

Solo una minoría de niños ha necesitado cuidados intensivos por la COVID-19, una enfermedad que se ha ido conociendo a la vez que se combatía. Esa lucha ha permitido describir por primera vez en la literatura científica cuadros clínicos inesperados en los casos infantiles graves y distintos a los de los adultos. El síndrome inflamatorio multisistémico o la apnea neonatal son algunos de los avances médicos contra el nuevo coronavirus.

síndrome inflamatorio multisistémico
Radiografía de un niño de ocho meses con una neumonía necrotizante causada por co-infección de neumococo y el nuevo coronavirus. Foto cedida por el Hospital Infantil Niño Jesús de Madrid

El Hospital Infantil Niño Jesús ha sido en España el que más niños ha acogido en el servicio de intensivos, un total de 26, y de ellos, 16, han padecido el síndrome inflamatorio multisistémico.

“Hemos tratado la enfermedad en los niños sin un conocimiento previo, sin una descripción en la literatura científica que nos permitiera saber qué características iban a desarrollar”, relata a EFESalud el pediatra Alberto García-Salido, especialista en cuidados intensivos en el citado hospital infantil, en referencia a los momentos más duros de la epidemia.

Pero esos meses de tensión también han arrojado conocimiento y han propiciado que la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Niño Jesús publique nueve trabajos científicos relacionados con el desarrollo de la enfermedad generada por el SARS-COV-2.

Según el pediatra Alberto García-Salido, lo primero que detectaron es que en la población infantil grave había dos tipos de pacientes:

  • Los que presentaban un proceso algo similar al del adulto, con problemas respiratorios y necesidad de ventilación mecánica.
  • Y aquellos con formas más graves de la enfermedad con procesos inflamatorios que no estaban descritos anteriormente.

“En los primeros días, cuando los recibíamos, teníamos que diagnosticar sin intuir que estaban relacionados con coronavirus y tratarlos por analogía con otros cuadros inflamatorios”, recuerda el experto.

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UCI pediátrica en el Hospital Infantil Niño Jesús de Madrid. Foto cedida

El síndrome inflamatorio multisistémico

Y uno de los cuadros clínicos que no se conocían era el síndrome inflamatorio multisistémico que, aunque ya ha quedado descrito, al tratarse de pocos pacientes es un conocimiento todavía en desarrollo.

Se trata de una respuesta inflamatoria ante el virus que cursa con fiebre y aumento de los leucocitos.

Este síndrome afecta al corazón, los pulmones y la piel del niño, además de a su nivel de conciencia. También pueden aparecer síntomas digestivos y requieren de un tratamiento de soporte en unidades de críticos junto con tratamiento inmunomodulador.

En un principio, se atribuyó tanto al shock pediátrico que producen algunas bacterias, como al denominado síndrome de Kawasaki, también un proceso inflamatorio generado por agentes infecciosos.

“Pero nos percatamos pronto de que no se comportaba igual que el síndrome de Kawasaki ya que este afecta a los menores de 5 años, mientras que el nuevo síndrome lo hace en niños y preadolescentes, de 8 a 13 años”, además de mostrar parámetros diferentes en las analíticas.

Lo primero fue intentar frenar esa respuesta inflamatoria que les afectaba a diferentes órganos con el uso de corticoides e inmunoglobulinas.

“Como no había casos descritos lo tuvimos que hacer por proximidad a otros cuadros similares y enseguida vimos que era lo correcto, cuando otros países comunicaron que estaban haciendo lo mismo”, apunta el especialista.

“El sentido común pediátrico ha funcionado, todos hicimos lo mismo para este tipo de pacientes”, apostilla.

Pero también fue fundamental durante la época dura de la pandemia la asistencia de los pediatras de atención primaria y de los hospitales para diagnosticarlos y derivarlos a los centros de referencia (los hospitales madrileños del Niño Jesús y La Paz). “Ha sido muy importante la detección precoz”, asegura García-Salido.

Fruto de la evidencia obtenida ha surgido un documento de consenso nacional para el tratamiento de los niños afectados por el síndrome inflamatorio multisistémico, que publica la web de la Asociación Española de Pediatría.

La apnea en neonatos

El Hospital Niño Jesús también ha descrito el primer caso de apnea neonatal por coronavirus, así como el primer diagnóstico pediátrico descrito de coinfección por neumococo y coronavirus con detección de Sars-Cov-2 en líquido pleural y el primer caso de paciente pediátrico con enfermedad tromboembólica múltiple y grave también relacionada con la COVID-19.

En el caso de la apnea, se trata de una disfunción generada por este virus respiratorio en algunos neonatos que en ocasiones tienen todavía inmaduro el reflejo de respirar y provoca obstrucciones, como ocurre con otros patógenos.

“Ingresamos a un paciente en la UCI sabiendo que tenía el coronavirus pero sin saber cómo iba a ser su evolución. Vimos que el comportamiento era muy parecido a otros virus respiratorios en esa edad: 2-3 días de empeoramiento y mejoría a partir de 3-4 días”, explica el pediatra.

“Describir un síntoma que aparece en otros virus en un virus nuevo -advierte- puede ser interesante para cuando llegue el temido otoño e invierno. Cuando veamos pacientes con estos síntomas pensemos también en la posibilidad que tenga una infección por el nuevo coronavirus”.

El perfil inmunitario del niño

La respuesta inmunitaria frente al SARS-COV-2 en los niños también es objeto de estudio en el Hospital Niño Jesús, un centro con una década de experiencia en la investigación de la reacción de los pequeños sanos ante las infecciones y que también ha utilizado el hecho de ser un referente en onco-hematología.

El marcaje de leucocitos en citometría para oncología se puede trasladar al niño sano y estudiar el perfil de respuesta inmunitaria frente a infecciones.

“Los leucocitos también expresan moléculas para defendernos, si tienes un virus expresa una espada, si es una bacteria expresa una pistola”, explica gráficamente el también investigador postdoctoral sobre inmunidad en el Laboratorio de Investigación Biomédica del Niño Jesús.

La investigación ha consistido en comparar el comportamiento de los leucocitos de los niños con coronavirus con los de otras infecciones virales y bacterianas, incluso con casos de síndrome de Kawasaki.

“Y lo que hemos visto es que se trata de un perfil inmunitario diferente al que aparece en otras infecciones, se parece más a los procesos antiinflamatorios autoinmunes”, adelanta el pediatra Alberto García-Salido.

Esa información facilita el tratamiento individualizado, no solo para frenar al virus, sino también el uso de fármacos dirigidos a controlar esa respuesta inflamatoria.

Pero en general, la gran mayoría de los niños reaccionan de forma leve ante el SARS-COV-2 y en su sistema inmunológico puede estar la respuesta.

Una de las razones podría ser que la batería de vacunas que reciben en sus primeros años de vida puede “entrenar a su sistema inmunitario innato” y ser más protegidos ante el coronavirus.

El hecho de que sean los niños más mayores, a partir de 8 años, los que presenten la reacción inflamatoria que agrava su pronóstico puede responder a que ha pasado más tiempo desde que recibieron las vacunas programadas, “pero eso es algo que tenemos que seguir investigando para poder describirlo”, precisa el doctor.

Los riesgos ante el inicio del curso escolar

También desde el Servicio de Intensivos del Niño Jesús se han establecido hipótesis acerca de la afectación en la infancia y se han indicado los posibles riesgos vinculados a la transmisión de este virus considerando el reinicio del calendario escolar.

Para el pediatra Alberto García-Salido hay una realidad contundente: los niños se contagian y así lo vieron en las urgencias de su hospital durante los peores momentos de la pandemia, aunque entonces no pudieron confirmar los casos positivos por carecer de pruebas diagnósticas PCR.

“Los que vienen ahora son fotocopias de los que teníamos en marzo como sospecha clínica”, precisa.

Los pequeños se contagian pero…¿también contagian a los demás?

“Los niños como contagiadores es un papel que se tiene que describir, no sabemos cuánto”, afirma el doctor.

Y por eso critica que se haya puesto el foco en los niños como los grandes contagiadores y se les haya encerrado durante más de tres meses de confinamiento y que ahora se mantengan abiertas, por ejemplo, las discotecas donde se generan contagios y se esté cuestionando la apertura de los colegios.

“Vamos a tener que contribuir todos para que los colegios pueden abrir y realizar pruebas diagnósticas y  vigilancia de contactos”, considera el pediatra.

“Hay muchos factores que no dependen solo del niño, lo importante es la distancia a la que va estar de su compañero, cuántos van a ser por clase, cuántos profesores, la ventilación de las aulas, cómo van a ir al recreo, qué pasa si hay uno con fiebre o mocos, si van a poder librar sus padres en el trabajo…”, cuestiona.

Lo que sí está claro es que la inmensa mayoría pasan la enfermedad de forma leve.

“No se puede comparar con el adulto, los niños en la UCI tienen ingresos más cortos, se recuperan más rápido y enferman de forma diferente como demuestra el síndrome inflamatorio multisistémico”, señala el médico intensivista.

Y en esa recuperación mucho ha tenido que ver la familia. Nunca han estado solos en la UCI.

Además de estar preparados para los rebrotes, ahora toca la atención post-covid con el seguimiento de las secuelas tanto físicas como psicológicas de los menores.

Y seguir recopilando información para nutrir los dos registros creados en España que ayudarán a avanzar en la enfermedad: el EPICO, de la Asociación Española de Pediatría, y el de la Sociedad Española de Cuidados Intensivos Pediátricos.

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