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Síndrome del impostor, un trastorno inconfesable que puede superarse

El síndrome del impostor fue descrito por primera vez por la doctora Pauline Clance tras sus observaciones en un contexto clínico. Los que lo padecen sienten que son un fraude y que no se merecen los logros o puestos que ocupan. Angustia, depresión y comportamientos inadaptados son las consecuencias que acarrea el padecerlo

Síndrome del impostor, un trastorno inconfesable que puede superarse
EPA/BORIS PEJOVIC

Se trata de un fenómeno psicológico descrito por primera vez en 1978, que afecta al 70 % de las personas en algún momento de sus vidas, reseña la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) que alude a estudios como The Impostor Phonomenon, publicado en el International Journal of Behavorial Science.

Lo más llamativo es que «se da sobre todo en personas con alto rendimiento», explica a EFEsalud Marta Calderero, profesora de Psicología y Ciencias de la la citada universidad catalana.

“A pesar de las múltiples pruebas de su valía, a la persona le invaden sentimientos de incompetencia e inseguridad”.

Es, por lo tanto, un sentimiento y una apreciación subjetivos que no se sustentan en pruebas e indicios reales.

Y aunque las trayectorias laborales lo refuten, las personas que padecen este síndrome achacan los buenos resultados a factores externos, como la suerte o el trabajo duro, en vez de atribuirlos a sus habilidades y conocimientos.

Michelle Obama es un ejemplo de persona de éxito que creyó en algún momento ser un fraude y no merecer sus logros, según relató ella misma en público y recogieron diferentes medios.

Y es que el síndrome del impostor afecta especialmente a personalidades muy perfeccionistas.

Síndrome silencioso

Dicen también los especialistas que se trata de un “síndrome silencioso” porque el afectado o afectada lo sufre en silencio, lo esconde.

Según Eva Rimbau, profesora de Economía y Empresa, también de la UOC, las personas sabemos dónde están nuestras carencias, pero no vemos las de los demás:

“Siempre nos parece que el resto está mejor preparado que nosotros”.

En un mundo de sobreexposición, en el que las redes sociales (y no solo las redes) únicamente reflejan los éxitos, se puede lanzar el falso mensaje de que en ciertas personas el fracaso no existe.

“Nadie habla sobre cuántos fallos o rechazos ha tenido que afrontar hasta llegar a donde ha llegado”, dice Rimbau.

Lo normal es no conseguir las cosas a la primera; entonces, se pregunta “¿Por qué no aceptarlo como parte natural del proceso”.

Los afectados por el síndrome del impostor suelen invertir horas excesivas en trabajar una cuestión que ya dominan o dar respuestas evasivas por temor a no ser capaces de hacerlo perfecto.

“Ambas respuestas refuerzan este ciclo y lo perpetúan», advierte Marta Calderero.

¿Más mujeres?

Un informe encargado por Acess Commercial Finance en Reino Unido indicó que los hombres tenían un 18 % menos de posibilidades de sufrir el citado síndrome.

Dos tercios de las mujeres afirmaban haberlo experimentado.

La misma investigación refiere que las críticas son la principal causa por la que las mujeres se ven a sí mismas como un fraude: una de cada cuatro admitió que los juicios de los otros minaban su seguridad.

Además, una de cada cinco admitió que tener que pedir ayuda también les hacía dudar de sus capacidades.

Los jóvenes tampoco son inmunes

De hecho, aunque muchos no tengan puestos de responsabilidad y a pesar de que acaban de aterrizar en el mercado laboral, son más propensos a padecer este síndrome, según el estudio llevado a cabo en Reino Unido.

Así, el 86% de los jóvenes de 18 a 34 años de edad admitieron haber sentido en el último año que no merecían su puesto de trabajo.

Las personas de 45 a 54 años fueron las que menos lo experimentaron.

En cuanto a los ámbitos laborales, una encuesta publicada a principios de este año realizada a más de mil investigadores en Estados Unidos halló que las mujeres en entornos académicos sufren niveles de síndrome del impostor por encima de la media.

Otra investigación, realizada en esta ocasión a empleados de empresas tecnológicas como Amazon, Facebook, Microsoft o Google, apuntó que más de la mitad de los trabajadores del sector tecnológico reconocía haber padecido este síndrome.

Blind, la plataforma de redes sociales anónimas para profesionales, encuestó a más de 10.000 empleados de empresas tecnológicas y casi el 58 % de ellos admitió que en algún momento se habían sentido un fraude.

síndrome impostor
EPA/HOW HWEE YOUNG

Rasgos comunes

Lo que sí tienen en común todos los afectados por el síndrome del impostor es un alto nivel de autoexigencia y, además, «cuanta más responsabilidad se tiene, mayores son las posibilidades de sufrirlo».

“Las personas perfeccionistas, autocríticas, con miedo al fracaso y que se autopresionan mucho para alcanzar los logros también tienen mayor riesgo de padecer este síndrome”, según Calderero.

Las presiones sociales aumentan el problema.

Actualmente hay una presión desmedida por lograr nuevos objetivos, que nunca tiene fin; cada vez más nuestra autoestima se vincula al logro conseguido.

Esto, sumado a la falta de un retorno claro y positivo por parte del entorno, genera en las personas una gran confusión a la hora de diferenciar mensajes de aprecio y aprobación y críticas constructivas, y críticas injustificadas o irrespetuosas..

Este sentimiento de ser un fraude puede llegar a ser bloqueante y convertirse en una barrera que impida seguir creciendo en el entorno laboral.

De hecho, tal y como muestra un estudio realizado en 2016 en la Universidad de Salzburgo (Austria), la mayoría de las personas que lo sufren ven limitada su carrera profesional, tienen sueldos más bajos, menos promociones que compañeros con capacidades y experiencia similares y mayor incapacidad para buscar nuevos empleos.

Síndrome del impostor: cinco claves para superarlo

Para superar el síndrome del impostor, las profesoras de la UOC proponen estas cinco claves

  • Buscar las evidencias: escribir en una lista todos los logros, habilidades y éxitos y después reconocer el valor de cada uno de ellos.
  • Rodearse de seres queridos: expresar a las personas más allegadas lo que sucede.

Además, es muy importante rememorar con ellas todos los éxitos. «Todos tenemos derecho a recibir elogios y a sentirnos bien por ello», explica Calderero.

  • Detectar los falsos errores: anotar aquellos aspectos que se piensa que no se hacen bien y someterlos a una evaluación realista.

Así podremos darnos cuenta de que vemos las cosas bajo las gafas de la excelencia. Cuando dices que lo has hecho mal, ¿en realidad estás queriendo decir que no te ha salido perfecto? Si es así, puedes cambiar esa percepción distorsionada reevaluando los resultados.

Existe una amplia gama de grises (lo he hecho no muy bien, regular, correcto, bien, muy bien…).

  • Compartir la experiencia: ayudar a otras personas con menos formación o experiencia.

Dar clase a estudiantes más jóvenes puede ayudar a las personas que sufren el fenómeno a darse cuenta de lo lejos que han llegado y de la gran cantidad de conocimientos y experiencias que pueden aportar.

  • Apreciar «lo bueno que hay en lo malo»: de los fracasos también se aprende a hacerlo de otro modo, a perseverar, a mejorar…
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