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Día Mundial de la Salud: Siete peligros y amenazas

El mundo se enfrenta a múltiples retos sanitarios. A lo largo de este último año, la covid-19 se ha sumado a otras amenazas y peligros ya existentes. Muchas de ellas están relacionadas con estilos de vida, por lo que son modificables. En el Día Mundial de la Salud, 7 de abril, repasamos siete de ellas

La OMS define la salud como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.

A lo largo de este último año nuestra salud se ha visto amenazada y golpeada por la brutal irrupción de la covid-19.

Pero no solo la covid supone un riesgo para el bienestar de la población. Existen otros factores y hábitos que constituyen graves amenazas y problemas de salud pública.

Muchas de estas amenazas están relacionadas con los estilos de vida, especialmente con los hábitos alimentarios, el consumo de determinadas sustancias y la inactividad física.

La información errónea o falsa sobre estas cuestiones, o las pseudoterapìas, tienen también graves efectos sobre la salud de las personas. Combatir la desinformación es necesario para mejorar el bienestar de la población.

En el Día Mundial de la Salud, revisamos siete amenazas:

1.  Covid-19

El 11 de marzo de 2020 la OMS declaró que la situación de emergencia ocasionada por el brote epidémico de COVID-19 constituía una pandemia.

Desde su aparición, más de 130 millones de personas en el mundo se han contagiado y alrededor cerca de 3 millones han perdido la vida, según datos de la OMS.

Las cifras ponen de manifiesto la dimensión de esta pandemia y sus efectos sobre la salud física de las personas.

La larga duración de la pandemia y las medidas restrictivas que se han puesto en marcha en muchos países para frenarla han tenido también consecuencias devastadoras en la salud mental de la población.

En noviembre de 2020, la OMS le puso nombre al agotamiento y desmotivación que sufren muchas personas desde el inicio de la pandemia: fatiga pandémica.

La saturación del sistema sanitario por el coronavirus ha supuesto importantes retrasos en el diagnóstico de otras enfermedades, dificultad para acceder a los tratamientos e incluso aplazamiento de cirugías.

Además, el fenómeno de la desinformación ha sido especialmente grave en el contexto de la pandemia: los bulos y las noticias falsas han inundado internet desde los primeros casos.

Tanto es así, que la propia OMS ha llegado a afirmar que “las fake news se propagan más rápidamente que el propio virus” y resultan igual de peligroso.

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Una enfermera se dispone a inyectar una vacuna contra la covid-19. EFE/Enric Fontcuberta/Archivo

2. Contaminación y cambio climático

La salud humana y el bienestar están íntimamente vinculados a la calidad ambiental.

La contaminación ambiental causa cada año más de 400.000 muertes prematuras en Europa, según los últimos datos de la Agencia Europa del Medioambiente.

La cifra de muertes se eleva a 7 millones de personas en todo el mundo, según la OMS. La mayoría de esas muertes prematuras se producen por enfermedades cardiovasculares.

Nueve de cada diez personas respiran aire contaminado, cuyas partículas tóxicas pueden penetrar los sistemas respiratorio y circulatorio y dañar los pulmones, el cerebro y el corazón.

La contaminación y otros peligros medioambientales suponen riesgos para la salud de todos, pero tienen un mayor impacto en algunas personas debido a su edad o a su estado de salud.

Los grupos más vulnerables, como niños, ancianos y familias de pocos ingresos y con un acceso limitado a la asistencia médica son más susceptibles a su efectos nocivos.

La OMS advierte que la salud será verá afectada por los cambios de clima a través de impactos directos (olas de calor, sequías, tormentas fuertes y aumento del nivel del mar) e impactos indirectos (enfermedades de las vías respiratorias y las transmitidas por vectores, inseguridad alimentaria y del agua, desnutrición y desplazamientos forzados).

Se estima que en todo el mundo, ocurrirán 250.000 muertes adicionales por año en las próximas décadas como resultado del cambio climático.

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Capa de contaminación sobre la ciudad de Madrid.
EFE/Juan Carlos Hidalgo

3.  Tabaco

La epidemia de tabaquismo es una de las mayores amenazas para la salud pública que ha tenido que afrontar el mundo.

El tabaco mata a más de 8 millones de personas al año: 7 millones son consumidores directos y alrededor de 1,2 millones, fumadores pasivos. Además, los fumadores pierden un promedio de 15 años de vida.

Fumar, en todas sus modalidades, es perjudicial para la salud.  En los últimos años, han ido ganando popularidad alternativas al tabaco que se presentan como “más saludables”, como el consumo de cigarrillos electrónicos, el tabaco sin humo o las pipas de agua.

Aunque los cigarrillos electrónicos parezcan una alternativa más saludable en comparación con los tradicionales, hay mucha información falsa al respecto y, con frecuencia, los consumidores no conocen bien los peligros.

Los cigarrillos electrónicos ni sirven para abandonar el hábito, ni son seguros. Contienen las mismas sustancias que el tabaco convencional (nicotina) y otras sustancias químicas y toxinas nocivas para la salud.

Aunque existe evidencia científica de los efectos nocivos en la salud a corto plazo de este tipo de productos, se desconocen aún sus repercusiones a largo plazo.

Desde que comenzaron a popularizarse, sociedades médicas como SEPAR (Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica) se han posicionado en contra del uso de este tipo de dispositivos y alertan de que no son inocuos: pueden provocar cáncer, bronquitis crónica e infecciones respiratorias.

cigarrillo electrónico
El uso de cigarrillos electrónicos a menudo es referido como vapear. EFE/Sebastien Nogier

4.  Alcohol

El consumo de bebidas alcohólicas en reuniones sociales es muy frecuente en muchos lugares del mundo.

En España, según datos del Ministerio de Sanidad, el alcohol es la sustancia psicoactiva más consumida. Preocupa especialmente la edad de inicio, los 14 años.

A pesar de la baja percepción del riesgo, sobre todo entre los adolescentes, el consumo de alcohol tiene consecuencias negativas para salud por sus propiedades tóxicas y la dependencia que produce.

Aunque existen diferentes patrones de consumo de alcohol (que van desde el consumo de bajo riesgo hasta la dependencia), la OMS insiste en que el riesgo cero asociado al alcohol no existe.

El consumo de alcohol es un factor causal en más de 200 enfermedades y trastornos. De hecho, cada año se producen 3 millones de muertes en el mundo debido a su consumo nocivo.

Casi un 30 % de estas muertes se deben a lesiones, como las causadas por accidentes de tráfico. En España cada año mueren alrededor de 1.500 personas en accidentes de tráfico relacionados con el alcohol, y otras 50.000 resultan heridas.

El 45,5 % de los conductores fallecidos en España en 2019 dio positivo en alcohol, drogas o psicofármacos. EFE/Fernando Alvarado

5.  Obesidad y sedentarismo

La obesidad casi se ha triplicado a nivel mundial desde 1975 y con ella han aumentado problemas de salud como diabetes, enfermedades cardíacas y ciertos tipos de cáncer.

Según la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), la obesidad reducirá la esperanza de vida en tres años para 2050.

Especialmente alarmante es el aumento de la prevalencia de la obesidad infantil en todo el mundo. Según la OMS, se trata de uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI.

La lucha y prevención de la obesidad se apoya en dos pilares fundamentales: buena alimentación y la práctica regular de actividad física.

La inactividad física o falta de ejercicio se considera uno de los mayores factores de riesgo en el desarrollo de la enfermedad cardiovascular.

La buena noticia es que el sedentarismo es un factor de riesgo modificable. La adopción de un estilo de vida que incluya la práctica de ejercicio físico mejora de la salud de la persona sedentaria y reduce su riesgo cardiovascular.

La clave está en modificar los hábitos sedentarios de vida y ocio y transformarlos de forma que se incremente nuestro nivel de actividad física y deporte.

Sin embargo, la Fundación Española del Corazón advierte que, en el caso de los adultos sedentarios que llevan mucho tiempo sin hacer ningún tipo de ejercicio es conveniente que consulten a su médico: tan peligroso es para la salud no hacer nada de deporte como, en esa situación, lanzarse a un ejercicio exhaustivo.

Síndrome X, sedentarismo
El sedentarismo es uno de los grandes factores de riesgo de las enfermedades cardiovasculares, diabetes y cáncer. EFE/Brais Lorenzo

6.  Dietas milagro

La otra cara de la moneda de una mala alimentación son las dietas milagro o desintoxicantes.

Muchas personas siguen estas dietas y procedimientos como método de adelgazamiento, lo que constituye un auténtico problema de salud pública.

La desinformación y las fake news que circulan al respecto, fundamentalmente en redes sociales, agravan el problema: a pesar de que los médicos insisten en que no hay fórmulas mágicas para adelgazar, estas prácticas están cada vez más extendidas.

Las dietas milagro o desintoxicantes prometen perder peso de forma rápida, cómoda y sin esfuerzo, aunque ello suponga un desequilibro importante de nutrientes.

La Sociedad Española de Nutrición (SEN) advierte que, además de ser peligrosas para la salud, las dietas desintoxicantes no son necesarias, ya que el organismo depura de forma natural los agentes tóxicos a través del hígado.

Otra ‘moda’ en lo que a alimentación se refiere es el ayuno intermitente. Algunas dietas que incluyen periodos de ayuno, como la dieta 5:2, no tienen validez científica.

A largo plazo estos métodos consiguen el efecto contrario (efecto rebote). Además, pueden acarrear consecuencias muy negativas para el organismo y la salud,  no sólo físicas, sino también psicológicas, e incluso acabar desencadenando algún tipo de trastorno alimentario (anorexia, bulimia…).

Según la OMS, las mujeres deben consumir de 1.600 a 2.000 calorías al día, mientras que los hombres deben consumir de 2.000 2.500. Consumir menos calorías de las recomendadas puede ser peligroso para la salud / EFE

7.  Estrés

El estrés afecta a todas las personas, en mayor o menos medida, en algún momento de la vida. En sí mismo, es un mecanismo normal, adaptativo: ni bueno, ni malo.

El estrés es una respuesta fisiológica ante situaciones que son percibidas como peligros o amenazas.

El problema aparece cuando los niveles de estrés son elevados y prologados en el tiempo, o cuando se interpreta como peligroso algo que no lo es. Cuando esto ocurre, nuestra salud, tanto física como mental, se deteriora.

La pandemia de covid-19 es el claro ejemplo de esto. La larga exposición a situaciones que nos generan miedo y estrés forma parte de ella. Como consecuencia, la salud psicológica de buena parte de la población se ha deteriorado.

Si bien es cierto que los efectos del estrés en nuestra salud psicológica son conocidos, no lo son tanto las consecuencias negativas que tiene sobre nuestra salud física.

El estrés que no se controla puede contribuir a muchos problemas de salud, como presión arterial altaenfermedades cardíacasobesidaddiabetes.

A nivel psicológico, el estrés puede derivar en problemas como la ansiedad o la depresión.

Según la OMS, más de 300 millones de personas en el mundo sufren depresión, un trastorno que es la principal causa de discapacidad, y más de 260 millones tienen trastornos de ansiedad.

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Muchos profesionales sanitarios sufren problemas de salud mental a raíz de la pandemia. FOTO EFE/Susanna Sáez/Archivo

 

 

 

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