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Seguridad alimentaria: te explicamos los aditivos

Del campo a la granja y de la industria a la mesa, los científicos de toda Europa controlan y evalúan los alimentos para que todo lo que elijas sea seguro. La ciencia desempeña un papel decisivo para garantizar la seguridad alimentaria

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EFE

Este es uno de los principales mensajes de la nueva campaña «La UE elige alimentos seguros» (#EUChooseSafeFood) emprendida  por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA , por sus siglas en inglés) y la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN).

El objetivo es ayudar a los europeos a elegir alimentos con confianza explicando el papel fundamental de la ciencia en la seguridad alimentaria.

Y los aditivos ocupan todo un capítulo de esta iniciativa que informa a la ciudadanía de seguridad alimentaria en temas como el etiquetado de los alimentos, la higiene alimentaria,  las declaraciones de propiedades saludables de los alimentos,  los alérgenos,  las enfermedades transmitidas por los alimentos e. incluso, el papel que juegan las abejas en nuestra alimentación.

Seguridad alimentaria: los aditivos

Los aditivos son sustancias que se añaden a los alimentos con un propósito tecnológico (para mejorar su aspecto, textura, resistencia a los microorganismos, etc.) en distintas etapas de su fabricación, transporte o almacenamiento.

De acuerdo con los dos organismos mencionados existen 27 clases distintas de aditivos en función de sus propiedades, aquí te hablamos de los 23 principales.

1. Edulcorantes: se emplean para dar un sabor dulce a los alimentos o en edulcorantes de mesa.
2. «Colorantes»: dan color a un alimento o le devuelven su color original; pueden ser  componentes naturales de los alimentos y sustancias naturales que prolongan la vida útil de los alimentos protegiéndolos del deterioro causado por microorganismos.

3. «Conservadores»: prolongan la vida útil de los alimentos.
4. «Antioxidantes»: prolongan la vida útil de los alimentos protegiéndolos del deterioro causado por la oxidación, como el enranciamiento de las grasas y los cambios de color.
5. «Soportes»: se emplean para disolver, diluir, dispersar o modificar físicamente de otra manera un aditivo  alimentario, un aromatizante, una enzima alimentaria o un nutriente u otra sustancia añadidos a un alimento con fines nutricionales o fisiológicos sin alterar su función (y sin tener por sí mismas ningún efecto tecnológico), a fin de facilitar su manipulación, aplicación o uso.
6. «Acidulantes»: incrementan la acidez de un producto alimenticio o le confieren un sabor ácido, o ambas cosas.
7. «Correctores de la acidez»:  alteran o controlan la acidez o alcalinidad de un producto alimenticio.
8. «Antiaglomerantes»:  reducen la tendencia de las partículas de un producto alimenticio a adherirse unas a otras.
9. «Antiespumantes»: impiden o reducen la formación de espuma.
10. «Agentes de carga»: aumentan el volumen de un producto alimenticio sin contribuir significativamente a su valor energético disponible.
11. «Emulgentes»: hacen posible la formación o el mantenimiento de una mezcla homogénea de dos o más fases no miscibles, como el aceite y el agua, en un producto alimenticio.
12. «Sales de fundido»: reordenan las proteínas contenidas en el queso de manera dispersa, con lo que producen la distribución homogénea de la grasa y otros componentes.

13. «Endurecedores»:  vuelven o mantienen los tejidos de frutas u hortalizas firmes o crujientes o actúan junto con agentes gelificantes para producir o reforzar un gel.
14. «Potenciadores del sabor»:  realzan el sabor o el aroma, o ambos, de un producto alimenticio.
15. «Espumantes»:  hacen posible formar una dispersión homogénea de una fase gaseosa en un producto alimenticio líquido o sólido.
16. «Gelificantes»: dan textura a un producto alimenticio mediante la formación de un gel.
17. «Agentes de recubrimiento» (incluidos los lubricantes): sustancias que cuando se aplican en la superficie exterior de un producto alimenticio, confieren a este un aspecto brillante o lo revisten con una capa protectora.
18. «Humectantes»:  impiden la desecación de los alimentos contrarrestando el efecto de una atmósfera con un grado bajo de humedad, o que favorecen la disolución de un polvo en un medio acuoso.
19. «Almidones modificados»: integrantes obtenidos por uno o más tratamientos químicos de almidones comestibles, que pueden haber sufrido un tratamiento físico o enzimático y ser diluidos o blanqueados con ácidos o bases.
20. «Gases de envasado»: gases, distintos del aire, introducidos en un recipiente antes o después de colocar en él un producto alimenticio, o mientras se coloca.
21. «Gases propelentes»: gases diferentes del aire que expulsan un producto alimenticio de un recipiente.
22. «Gasificantes»: combinaciones de sustancias que liberan gas y, de esa manera, aumentan el volumen de una
masa.
23. «Secuestrantes»: sustancias que forman complejos químicos con iones metálicos.

Todos los aditivos que se usan en la Unión Europea deben haber sido evaluados y autorizados. Para ello deben haber demostrado que son seguros a las cantidades utilizadas, que son necesarios en los alimentos en los que se autorizan y que no llevan a engaño al consumidor, ha explicado a EFEsalud la directora de AESAN Isabel Peña-Rey .

Los aditivos deben figurar en la lista de ingredientes de los alimentos indicando la función que desempeñan. Pueden estar listados por su nombre o por el denominado número E, que es el código con el que se autorizan en la Unión Europea.

Por ejemplo,  cuando se utiliza ácido acético como antioxidante, en el etiquetado se podrá encontrar: “antioxidante (ácido acético)” o “antioxidante (E 260)”.

Recuerda Peña-Rey que los consumidores europeos están entre los más protegidos e informados del mundo respecto a los riesgos en la cadena alimentaria y la seguridad alimentaria. 

España, a través de la AESAN, es uno de los 9 Estados miembro prioritarios elegidos por la Autoridad Europea para el lanzamiento de la campaña y, en especial, para adecuarla y acercarla a la población española.

El reto del futuro, refiere esta responsable, es garantizar el acceso de toda la población a alimentos seguros, saludables y también sostenibles.

Esta cuestión está ya encima de la mesa de los organismos internacionales y de la propia AESAN,  que en su hoja de ruta tiene también como trabajo principal combatir la obesidad infantil en España.

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Isabel Peña-Rey, directora de AESAN

Obesidad infantil

Actualmente cerca de  un 40 % de  la población infantil española padece sobrepeso y/o obesidad, lo que nos coloca entre los primeros países de Europa con este problema, que lo es principalmente de salud.

El  último Estudio de Alimentación, Actividad física, Desarrollo Infantil y Obesidad en España (ALADINO 2019) entre la población escolar de 6 a 9 años, refiere, no obstante, una tendencia descendente, aunque la prevalencia sigue siendo elevada.

De entre los factores asociados a la obesidad, siguen destacando los relacionados con los hábitos de alimentación y con la falta de actividad física, y especialmente bajo consumo de frutas y hortalizas o uso excesivo de pantallas.

También sigue existiendo una brecha importante en la situación ponderal de los escolares dependiendo del nivel de ingresos económicos de la familia y el nivel educativo de los progenitores.

Se trata, concluye Isabel Peña-Rey, de un tema que “nos preocupa mucho y que queremos atajar con estrategias transversales e integrales”,  junto con las Comunidades Autónomas y los centros escolares, impulsando dietas saludables y aumentando la frecuencia de controles e inspecciones.

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