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Descubre por qué la otra gran pandemia de este siglo la lidera el virus de la hepatitis C

Los expertos del blog “Salud y Prevención” informan en un nuevo post de la situación de la hepatitis C, una enfermedad que califican como pandemia silenciosa

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha instado a los países a erradicar las hepatitis víricas antes de 2030 y España podría lograr este objetivo en torno a 2024, según calculan los expertos.

El objetivo es reducir el número de casos en un 90 % y la mortalidad en un 65 %. Para conseguirlo, se deben diagnosticar al menos el 90 % de los pacientes infectados y tratar al 80 % de ellos.

Existen principalmente cinco tipos de virus (VHA, VHB, VHC, VHD y VHE) que provocan inflamación del hígado. La doctora Mónica González, responsable del área de Hepatología del Hospital Quirónsalud Sur (Madrid), recuerda que, en España, de los diferentes tipos de hepatitis víricas que existen, se cuenta con vacuna para la hepatitis B y para la A.

Sobre la infección por el VHB, apunta que la OMS considera a España como un país de prevalencia intermedia (2-8 %), como el resto de países mediterráneos.

En cuanto a la hepatitis E, la experta de Quirónsalud señala que, en España, el VHE es responsable de un número ínfimo de casos de hepatitis aguda, especialmente derivados de zoonosis; siendo transmitida la infección a los humanos por ingesta de carne contaminada mal cocinada.

Con respecto a la hepatitis D, responsable únicamente del 5 por ciento de los casos de hepatitis, recuerda que ésta sólo puede darse en personas que sean portadoras del virus de la hepatitis B (para la que hay vacuna).

Mientras, alerta de que la hepatitis C es la principal causa de cirrosis y de carcinoma hepatocelular, y la causa del 30 % de los trasplantes hepáticos.

“Actualmente, la hepatitis C representa un problema de salud pública que afecta a más de 185 millones de personas en el mundo. De ellas, 350.000 mueren cada año. En España, la infección afecta a aproximadamente el 1 % de la población, pero el 40 % de esas personas no lo sabe”, advierte la especialista.

Su ‘transmisión es principalmente parenteral’, es decir, que las personas se infectan por contacto directo con sangre infectada.

“Ello puede ocurrir por consumo de drogas inyectables, prácticas de inyección o de atención sanitaria poco seguras, las personas que recibieron alguna transfusión antes de 1992, o los pacientes en hemodiálisis, aparte de por prácticas sexuales que conllevan contacto con sangre”, agrega la experta de Quirónsalud.

Dice que también pudieron contagiarse durante la realización de cirugías, inyecciones, tatuajes o trabajos dentales; si el material se reutiliza o no se esteriliza adecuadamente.

Además, señala que la transmisión del VHC de la embarazada al recién nacido es poco probable, de 4-8 %, y es máximo en el momento del parto, y también es mucho mayor en mujeres con VIH.

“El riesgo de transmisión por la lactancia es prácticamente nulo”, aprecia.

Por ello, y dado que es un problema de salud pública, ante cualquier sospecha de contagio, González aconseja acudir al hospital, y sin miedo a la pandemia de coronavirus, puesto que los centros sanitarios hoy en día han diseñado circuitos libres de este virus.

Es más, destaca que por ejemplo el hospital donde trabaja, Quirónsalud Sur de Madrid, cuenta con la certificación ‘Applus+ Protocolo Seguro frente a la COVID-19’, que acredita su cumplimiento de los estándares más exigentes de desinfección en esta pandemia.

¿Cómo se diagnostica?

Sobre su diagnóstico recuerda que la mayor parte de los pacientes con hepatitis C crónica no tienen síntomas, o son molestias no específicas, como cansancio.

Además, puntualiza que una tercera parte de los infectados tienen pruebas hepáticas normales. “Por eso, para conseguir el objetivo deseado de erradicación de la infección, es necesario la sensibilización de la población, sobre todo en los grupos de riesgo, para hacer una búsqueda activa”, insiste la hepatóloga.

En concreto, indica que el diagnóstico precoz de la hepatitis C debe hacerse mediante un análisis de sangre que evalúe la presencia de anticuerpos frente al virus C.

“Si el resultado es positivo, se hará la detección de virus circulante, mediante una prueba PCR de VHC (la PCR sirve también para otros virus), con el objetivo de conocer si se trata de una infección pasada o activa”, mantiene.

También deberá averiguarse qué tipo de virus tiene cada persona para seleccionar el tratamiento antiviral más apropiado, ya que los fármacos no son igualmente eficaces frente a todos los genotipos, especifica la especialista de Quirónsalud.

Precisamente, en 2014 aparecieron los primeros antivirales de acción directa que curan la infección de Hepatitis C en más del 95 por ciento de los pacientes, y con tan solo 8-12 semanas de tratamiento. Además, tienen pocos efectos adversos y se toman por la boca.

Así, y cuando un paciente se infecta por el virus de la hepatitis C, tiene bastantes posibilidades de que se convierta en una hepatitis crónica porque nuestro sistema inmune no puede eliminar el virus.

“De estos pacientes, un tercio desarrollará cirrosis al cabo de 25-30 años, y algunos tumores hepáticos. En España, la hepatitis C es la principal causa de cirrosis y de carcinoma hepatocelular y la causa del 30 por ciento de los trasplantes hepáticos”, alerta la experta.

Por esto, reitera la necesidad de ofrecer tratamiento antiviral a todos los pacientes con diagnóstico de hepatitis C crónica, ya que la curación de la infección evitará la evolución a cirrosis y el riesgo de cáncer.

“También baja el riesgo de morir por causa hepática y no hepática, y además elimina al individuo como fuente de transmisión del VHC”, apostilla.

Una vez conocida la infección, ve necesario realizar una ecografía abdominal y valorar la existencia o no de fibrosis hepática, mediante una prueba indolora, ‘Fibroscan’, una elastografía de transición que permite conocer la dureza hepática, en una escala de 0 a 4.

Con estos datos, señala, se puede elegir mejor qué tratamiento utilizar, durante cuánto tiempo administrarlo, y si hay necesidad de hacer seguimiento tras la curación.

Los pacientes con fibrosis leve o sin fibrosis pueden ser dados de alta y seguidos por el médico de Atención Primaria.

En cambio, los pacientes con fibrosis avanzada (F3-F4), especialmente los que tengan cirrosis, deben continuar su seguimiento por el especialista porque el tratamiento reduce, pero no hace desaparecer del todo, el riesgo de complicaciones o la aparición de cáncer hepático.

“Estos pacientes deben seguir haciéndose ecografías periódicamente. Aquellas personas de grupos de riesgo, presente o pasado, es conveniente que consulten con su médico de cabecera o con su especialista para realizar una búsqueda activa de la infección para, en caso necesario, realizar el tratamiento lo antes posible”, concluye la especialista de Quirónsalud.

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