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Alteración en la visión de los colores: ¿Crees que todos los vemos de igual forma?

Alteración en la visión de los colores, los expertos del blog “Salud y prevención” lanzan un nuevo post que centran en este aspecto de la salud visual

colores

No todos percibimos los colores de la misma manera, incluso pueden producirse alteraciones en su percepción.

Por todos es conocido el caso de los daltónicos, una afección por la que algunos colores no se ven de forma normal, y que es mucho más frecuente entre los hombres.

El principal problema de los sujetos que presentan alteraciones en la percepción de los colores radica en sus experiencias con el medio que les rodea.

Por ello en muchas pruebas físicas de acceso a diferentes empleos, como policía o piloto de avión, se evalúan específicamente estas capacidades, explica el doctor Francisco Javier González, especialista del Servicio de Oftalmología del Hospital Rey Juan Carlos.

Es más, el doctor mantiene que en el caso de los niños puede generar problemas con el aprendizaje; y en los adultos puede influir en cómo desempeñan ciertos trabajos, por lo que insiste en la importancia de detectar a tiempo este tipo de alteraciones.

Aunque en la actualidad no existen tratamientos médicos o quirúrgicos para abordar las deficiencias en la visión de los colores, si se han desarrollado algunas lentes oftálmicas a las que se les aplica un determinado filtro cromático, que aproxima discretamente la percepción de los colores a la de los sujetos sin patología, aunque su uso no está ampliamente extendido ni reconocido por la comunidad científica.

Mucho más frecuente en los hombres

En concreto, los defectos congénitos en la visión del color son más prevalentes en el sexo masculino, afectando hasta un 8 % de la población de este género; un dato que contrasta, sin embargo, con el 0,5 % de las mujeres.

El especialista del Servicio de Oftalmología del Hospital Rey Juan Carlos explica que esto se debe a que los genes que influyen en la visión del color se encuentran en el cromosoma X, del que las mujeres tienen dos copias y los varones, solo una.

También existen causas adquiridas para las discromatopsias, como puede ser la patología del nervio óptico, alteraciones degenerativas de la retina, o las propias cataratas.

Cuando fallan las células fotorreceptoras

Desde la Academia Americana de Oftalmología (AAO, por sus siglas en inglés) explican que, en concreto, en la retina hay dos tipos de células que detectan la luz. Esas células se llaman ‘bastones y ‘conos’. Los bastones  solo detectan la luz y la oscuridad y son muy sensibles a los niveles bajos de luz; mientras los conos detectan los colores y están concentrados cerca del centro de la visión.

En este sentido, la visión de los colores está determinada por un tipo de fotorreceptor (una célula nerviosa) presente en nuestra retina, conocida con el nombre de ‘cono’.

“El cerebro usa la información que envían los conos para determinar el color que percibimos”, apostilla. En concreto, diferencia tres tipos de cono, en función de la longitud de onda para la que son sensibles: los conos sensibles al rojo (65 %), al verde (33 %), y al azul (2 %).

“Un adecuado número y distribución de estos conos en la retina permite ver los colores de una forma normal (los sujetos que así lo hacen se conocen como ‘tricrómatas’), mientras que una alteración en los mismos puede hacer que una persona experimente una visión deficiente de los colores”, explica el especialista del Hospital Rey Juan Carlos.

Se trata de una patología que se da por igual en ambos ojos y que suele mantenerse a lo largo de la vida, y la mayor parte de estos defectos se encuentran en el eje rojo-verde.

“El daltonismo puede ocurrir cuando un tipo o más de conos están ausentes, no funcionan o detectan un color diferente de lo normal. El daltonismo grave ocurre cuando los tres tipos de conos están ausentes. El daltonismo leve ocurre cuando los tres tipos de conos están presentes, pero uno de ellos no funciona bien. Detecta un color diferente de lo normal”, aclara la Academia Americana de Oftalmología en este punto.

El doctor Francisco Javier González explica que se conocen como ‘dicrómatas’ a los pacientes que no distinguen bien un tipo de color, son personas con dos sistemas de conos funcionales y pueden padecer estos a su vez protanopía (no reconocen bien el rojo), deuteranopía (no distinguen bien el verde), o bien tritanopía, cuyo problema con la percepción del color se haya en el eje azul-amarillo.

Así, un sujeto con deficiencia en la visión cromática puede no ser completamente ciego a un color, sino presentar dificultades para la percepción de algunos de sus tonos, hablándose entonces de ‘protanomalías’, ‘deuteranomalías’ o ‘tritanomalías’, respectivamente.

Un tipo excepcional de alteración en la visión de los colores es la ceguera completa para los mismos, o acromatopsia.

Pruebas para detectar el problema

Con todo ello, el doctor González determina que algunas de las principales pruebas que pueden efectuarse para averiguar las alteraciones en la percepción de los colores son:

  • Test de láminas pseudoisocromáticas de Isihara: es uno de los test más conocidos, en el que se presentan letras, números o formas sobre un fondo con la misma luminancia, descomponiendo el estímulo en un mosaico de manchas o puntos, isocromáticos con respecto al fondo, por lo que si el paciente lo detecta es únicamente por discriminación cromática. Tiene un gran potencial para la detección de defectos en el eje rojo-verde. Suele utilizarse como prueba de screening por su facilidad de aplicación en la práctica clínica.
  • Test de ordenación de colores Farnsworth-Munsell: el test original consta de 85 fichas de colores separados en cuatro gamas, capaz de evaluar la percepción del color en los tres ejes. Se pide al paciente que coloque las fichas en orden cromático entre las fichas de referencia. Tiene la ventaja de ser muy sensible para la detección de defectos incluso leves, y poderlos ordenar según su eje, pero es una prueba bastante lenta de realizar y que precisa gran colaboración y comprensión por el paciente por lo que no se recomienda en niños menores de 10 años.

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