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Salud mental en situaciones de conflicto: Palestina, Ucrania, Mauritania

Si en los países desarrollados la preservación y el tratamiento de la salud mental resultan complejos, ¿cómo se puede gestionar en entornos tan complicados como una epidemia o un postconflicto bélico? Leticia Silvela, psicóloga de Médicos del Mundo, explica cómo trabajan con víctimas de violencia sexual en Mauritania, con la población palestina en los territorios ocupados por Israel, y en el contexto del conflicto de Ucrania

Salud mental en situaciones de conflicto: Palestina, Ucrania, Mauritania
Sesión de apoyo psicosocial con niños en Jericó/©Médicos del Mundo/Foto cedida por esta organización

La OMS define la salud como «un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades», es decir, no existe salud sin salud mental.

En el Día Mundial de la Salud Mental, EFEsalud ha hablado con Médicos del Mundo, cuyo objetivo es hacer efectivo el derecho a la salud para todas las personas -especialmente para las más vulnerables-, una tarea en la que resulta primordial el trabajo psicosocial con las personas a quienes se atiende, explica Leticia Silvela, Responsable de Salud Mental y Apoyo Psicosocial de la esta organización humanitaria.

Nos hemos centrado en los casos de Palestina, Ucrania y Mauritania.

“Estos entornos son todos muy distintos pero tienen una cosa en común, y es que son países en conflicto donde hay una violencia estructural que sufren sobre todo las poblaciones más vulnerables como mujeres y niños. Nuestro trabajo en esos sitios consiste en acompañar a las personas y enseñarles a enfrentarse y a sobrevivir en las situaciones adversas en las que viven casi de manera permanente”, señala la psicóloga.

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Leticia Silvela, responsable de salud mental y apoyo psicosocial de Médicos del Mundo/©Médicos del Mundo/Foto cedida por esta organización

Una labor que realizan a través de clínicas móviles que permiten acercar la figura del psicólogo a pie de calle, de consultas individuales o grupales y de sesiones de sensibilización que llevan a cabo conjuntamente con el personal sanitario.

“Cuando trabajas otro tipo de salud es más sencillo porque llegas con un equipo médico y tienes un impacto muy rápido, pero tratar la salud mental requiere de un proceso más largo: tienes que hacer campañas de sensibilización, adaptarte a sus costumbres y a su forma de enfrentar los problemas… en las comunidades beduinas, por ejemplo, no entrábamos solos al principio, si no que lo hacíamos de la mano de una organización local”.

Además de la atención directa en situaciones de emergencia, también tratan de fortalecer los sistemas públicos de salud en aquellos lugares donde existen crisis prolongadas, a través de la formación y la capacitación.

“Para nosotros -precisa Leticia Silvela- esto es muy importante y por ello tratamos de coordinarnos con los ministerios de salud, de protección social y de educación de estas zonas; queremos generar unas capacidades para que nuestras intervenciones perduren cuando nos hayamos ido”.

Ucrania, los ancianos

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Una sanitaria de Médicos del Mundo mide la presión arterial de una paciente en una clínica de Ucrania/©Médicos del Mundo/Foto cedida por esta organización

Se estima que, desde 2014, un total de 5,2 millones de personas se han visto afectadas por el conflicto, de las cuales un 30 % son ancianos, lo que la convierte en la emergencia con mayor porcentaje de personas mayores afectadas del mundo.

La línea de contacto que separa la zona gubernamental de la no gubernamental a lo largo de 427 km, supone una barrera que impide que miles de personas accedan a servicios básicos como la salud o la educación.

“La gente que ha podido huir, ha huido a otras zonas, y la gente que se ha quedado es gente mayor que no tiene esa posibilidad de buscarse la vida en otro sitio. Allí el contexto es complicado, es gente mayor con una falta enorme de confianza en la atención psicológica, que era vista como un medio de coerción en la época de la Unión Soviética. Algo que tienen todavía muy fresco en su memoria”.

Allí trabajan en clínicas móviles de salud a las que han incorporado la figura del psicólogo. “Llevar a pie de calle una figura de salud mental y hacer sesiones de sensibilización con la población afectada permite ir rompiendo el estigma que existe en torno a la salud mental, especialmente presente en esta zona”, completa la experta.

Palestina, niños y mujeres

Casi 5 millones de palestinos viven bajo la ocupación israelí. Según la OMS, solo en Gaza habría unas 10.000 personas con problemas graves de salud mental y unas 41.000 con problemas moderados, de las que más de 26.000 son niños.

De ahí que su principal ámbito de trabajo en la Franja sea la infancia. En Cisjordania se centran en los menores, pero también en las mujeres. “Nuestro foco de atención en el Territorio Ocupado Palestino está en las comunidades beduinas, especialmente con las mujeres y los niños. Es verdad que la violencia impacta en todos, pero en las mujeres con especial énfasis porque a la ejercida por los israelíes se suma la patriarcal, sobre todo en las comunidades beduinas que están más aisladas dentro del Territorio Ocupado Palestino; se junta la vulnerabilidad que va ligada a su condición de mujeres, con la discriminación que sufre la comunidad beduina, que tiene incluso más limitados sus derechos que la población palestina, que ya tiene pocos”.

Mauritania, atención a mujeres víctimas de violencia sexual

En este país su trabajo está centrado en las mujeres y las niñas víctimas de violencia de género en general y de violencia sexual en particular.

Para ello, Médicos del Mundo ha habilitado un sistema de prevención, cuidado y protección en el hospital de Nuakchot del que estiman que se han beneficiado unas 600 personas.

“En un país como Mauritania donde reina la sharía (ley religiosa islámica reguladora de todos los aspectos públicos y privados de la vida, y cuyo seguimiento se considera que conduce a la salvación), todos los temas sobre violencia sexual, y sobre mujer en general, son tabú. Haber incorporado una célula de atención a mujeres víctimas de violencia sexual en un hospital nacional es un hito importantísimo, un gran logro”, destaca Leticia Silvela.

Con respecto a las dolencias que sufren las personas a las que atienden en estos contextos de conflicto, la psicóloga explica que no existe un diagnóstico específico, sino que el foco está en la situación: “La gente lo que tiene son reacciones normales ante situaciones que no lo son. Todas las personas tienen los mismos problemas: ansiedad, depresión, trastorno de estrés postraumático… lo que no es normal es la violencia continuada, la separación de las familias, el cambio de roles dentro de las mismas, etc”.

“Ante ello -prosigue la psicóloga- las personas reaccionan como pueden, igual que lo harías tú si en España se dieran esas circunstancias. No es un componente geográfico, sino que tiene que ver con la situación. Lo que sí creo es que hay una relación circular entre pobreza y salud mental, es decir, todos tenemos herramientas para salir adelante y superar los problemas, pero en familias destruidas que viven este tipo de situaciones es más difícil que las personas aprendan a solucionar los conflictos de manera apropiada y sana”.

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