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Reto Annapurna Bike 2018 contra el cáncer de mama, objetivo cumplido

Las mujeres participantes en la cuarta edición del Reto Pelayo Vida, Annapurna Bike 2018, han cumplido su objetivo tras recorrer en bicicleta 300 kilómetros por los valles más profundos del Himalaya. Tras superar siete etapas de enorme dureza en el país de los “ochomiles”, estas expedicionarias contra el cáncer de mama se suman a sus antecesoras: Kilimanjaro 2015, Martinica 2016 y Reto Polar 2017

Reto Annapurna Bike 2018 contra el cáncer de mama, objetivo cumplido
Las participantes fueron recibidas con honores al llegar a Lo Manthang/Cedida por Reto Pelayo Vida

Begoña, Cecilia, Noelia, Lorena y Silvia, que salieron hacia Nepal el pasado 13 de noviembre, llegaron este sábado a Lo Manthang, ciudad nepalí que era el punto final de la expedición del Reto Pelayo Annapurna Bike 2018 contra el cáncer de mama.

El sacrificio fue enorme, las fuerzas, que llegaron a su límite, se vieron mermadas por la altitud y las pistas imposibles, según ha constatado el periodista de la Agencia EFE Carlos de Torres, quien ha acompañado a las mujeres, supervivientes de cáncer de mama, en esta aventura.

Begoña, madrileña de 45 años, afirmó al terminar este viaje que nunca olvidará la sensación de “tocar el cielo, que simbolizó el fin de una etapa de su vida para comenzar otra”.

Las expedicionarias fueron recibidas por autoridades locales y con honores, en un lugar lejano, simbólico y prohibido hasta los años 70, donde transitar los senderos es de obligado control por un funcionario del Estado.

Cecilia, aragonesa de 41 años, recuerda: “El jefe lama se presentó con unas Nike, y como faltaban monjes, tiró de móvil para que se presentaran a la ceremonia. Creí que se trataba de una cámara oculta. Cuando salimos al patio, los lamas se hicieron selfies con nosotras. Fue divertido y surrealista”.

Noelia, catalana de 40 años, reconoció que sintió miedo al transitar por los valles más profundos del planeta, muchas veces con el privilegio de observar la nieve de algunos de los “ochomiles” de la tierra. “Para mí lo más impactante fue rodar por pistas estrechas. Por un lado veía el peligro de la caída de alguna roca y por otro el precipicio. Pasaban coches y eso daba un poco de miedo. Sobre todo en las bajadas. Llegué a temer por mi vida. Una vez bajé un puerto con un ataque de pánico, iba temblando todo el rato”,  confiesa.

No pasaron desapercibidas. En Katmandú, fueron reconocidas por una turista española. Días después, ya en ruta, un montañero español las saludó porque las había visto en la televisión.

Silvia, de 46 años, probó la hiel de las caídas, pero no es precisamente el recuerdo principal que se lleva del reto Pelayo Vida 2018. La madrileña explica: “Que te reconozcan y nos admiren me emocionó”.

La lucha contra el cáncer se hizo eco en uno de los rincones más aislados del planeta/Cedida por Reto Pelayo Vida

“Me preguntaron a quien dedicaba ese esfuerzo. Me acordé de mi hija, mis padres y hermanos y bajé ilusionada. Me hizo olvidar las caídas que tuve y momentos de nervios”, añadió.

Debido a la dureza del reto, la murciana Lorena tuvo que abandonar en la cuarta etapa. No obstante tuvo la oportunidad de sentir “paz y libertad”, al ver desde el avión las grandes montañas del Himalaya. Rememora: “Nunca había visto montañas tan altas, y desde allí arriba crees que puedes dominar el mundo”.

No sin esfuerzo ni sufrimiento, a veces extremos, la lucha contra el cáncer tuvo su eco en uno de los lugares más recónditos del planeta. Regresarán a España el próximo sábado, 1 de diciembre.

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