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Rearmarse contra el tabaco, después de 30 años se sigue fumando mucho

La legislación frente al tabaco en España ha mostrado un buen grado de utilidad y adhesión social, pero todavía existen tasas de consumo elevadas, según un estudio sobre la regulación de los últimos 30 años presentado esta semana en el Senado, que contiene una encuesta a profesionales relevantes de la lucha antitabaco que plantean un impulso decidido y firme contra el hábito de fumar

Rearmarse contra el tabaco, después de 30 años se sigue fumando mucho
EFE/Víctor Lerena

Este trabajo ha sido coordinado por el ex diputado Santiago Cervera y el ex secretario general de Sanidad José Martínez Olmos, dos de los integrantes que, desde las vertientes parlamentaria y gubernamental colaboraron con la ley contra el tabaco de 2010.

Se cumplen este año tres décadas desde que el ministro de Sanidad Julián García Vargas rubricó el decreto sobre limitaciones en la venta y uso del tabaco para protección de la salud de la población; primera vez en nuestra normativa en la que se reconocen daños para la salud derivados del consumo del tabaco y se declara al tabaco sustancia nociva.

Una de las conclusiones del estudio recoge que el mantenimiento de una tasa todavía elevada de fumadores y el fenómeno de la feminización del consumo reclaman la adopción de nuevas medidas, como una mayor implicación del sistema sanitario en la deshabituación y una mejora y actualización de las acciones preventivas.

La intención última de este trabajo ha sido servir como referencia de cuáles han sido aquellas estrategias que se han puesto en marcha basadas en sucesivos sustentos normativos, qué traslación social han tenido y cuál ha sido su contribución general a la salud de los españoles a través de la su impacto en reducción de la incidencia de determinadas patologías.

También, proponer nuevos abordajes y estrategias, o la intensificación de algunas de las líneas de trabajo ya propuestas para continuar en una progresión solvente de disminución del consumo de tabaco.

Para los autores, “el consumo de tabaco es la primera causa de morbi-mortalidad en España. Es decir, la primera causa de enfermedad y de muerte por enfermedad. Sin paliativos, fumar es un innegable origen de sufrimiento, mucho más allá de lo que cualquier estadística pudiera traducir en cifras. Y por eso constituye uno de los principales retos de cualquier política sanitaria sensata y responsable”.

En este sentido, señalan que “a pesar de los importantes avances en la lucha frente al tabaquismo quedan pendientes retos recurrentes, al tiempo que aparecen desafíos nuevos.

Cuestiones como la prevención eficaz del hábito para evitar que más personas se inicien en el consumo de tabaco (en especial los jóvenes); la correcta organización de la deshabituación tabáquica para favorecer que quienes toman la decisión de dejar de fumar ganen la batalla a su dependencia; la más amplia protección de la salud de las personas no fumadoras; la adaptación de las estrategias a los grupos más vulnerables o los que menos se están beneficiando de las medidas más generales; o la extensión de nuevas políticas de salud pública más efectivas, son líneas de acción que requieren renovados esfuerzos colectivos”.

medidas antitabaco
Presentación del informe en el Senado. (De izq. a drcha. Santiago Cervera; Faustino Blanco, secretario general de Sanidad y Consumo; Luis Aznar, secretario primero del Senado; José Martínez Olmos; y Julián García Vargas, ex ministro de Sanidad/Foto facilitada por el impulsores del informe

El trabajo hace un repaso sistematizado a las normativas aprobadas en los últimos treinta años. Las normas aprobadas en relación al tabaco en este periodos son cerca de una treintena, sin bien no todas se han orientado de manera directa a proporcionar efectos en el ámbito de la salud, puesto que un número importante de ellas se refieren a dimensiones relacionadas con la fiscalidad, la organización del mercado de tabacos o las normas de publicidad aplicable.

En relación con la eficacia de este cuerpo legislativo, los autores señalan que las dos principales leyes de control del tabaquismo (2005 y 2010) han propiciado un importante avance en las políticas de salud pública en España.

Este avance se pone de manifiesto en los resultados obtenidos en la Escala de Control del Tabaquismo (ECT), en la que se monitorizan de forma periódica varias políticas de control del tabaquismo en los países de Europa.

España, tras el refuerzo normativo, ha pasado de situarse en el puesto 24 en el ranking de los países europeos que mejor implementan las políticas de control del tabaquismo al puesto número 8.

La visión de los profesionales

Los autores del trabajo han dirigido un cuestionario estructurado a casi una treintena de profesionales de constatada relevancia. Todos ellos destacan como efecto positivo de la legislación la disminución de enfermedades relacionadas tanto con la exposición al humo de tabaco (cardiovasculares y respiratorias, principalmente) como con el consumo activo (las más de veintiséis enfermedades relacionadas).

radiografia cigarrillo
Radiografía del cigarrillo/Cedida por la AECC

Pero se apunta además algo relevante, incluso considerado por algunos como el principal logro de la legislación más reciente, algo más intangible pero igualmente destacado: el cambio de percepción social del tabaquismo.

Se afirma que la mayoría de la población ha aceptado de buen grado y sin fisuras los inconvenientes de la ley a la luz de sus beneficios. Esta percepción ha favorecido el respeto a los principios de salud pública trazados en la normativa, ha animado a los fumadores a reducir o abandonar el consumo de tabaco, y ha afianzado los beneficios de los espacios libres de humo.

Entre las las mejoras legislativas que se hacen más necesarias, según los encuestados, figuran asegurar el cumplimento efectivo de la actual legislación y la ampliación hacia espacios abiertos concurridos de la categoría de espacios sin humo; una mejor regulación de los nuevos dispositivos; la financiación efectiva de los tratamientos y la implicación más decisiva del sistema sanitario para promover la deshabituación tabáquica. Incluso, se apunta, sería necesario establecer una Estrategia Nacional de Atención al Fumador.

Un nuevo impulso contra el tabaquismo

Cartel de la semFYC de la Semana Sin Humo por el Día Mundial Sin Tabaco 2017

Un elemento de especial preocupación en la última Encuesta Nacional de Salud es el hecho de que en determinados grupos de edad hay más fumadoras que fumadores, y que por primera vez no se detecta una reducción en la tasa de consumo de tabaco en mujeres.

Esto, unido al hecho de que la tasa de consumo se sitúa entre un 25,6% en hombres y un 18,8% en mujeres, hace imprescindible que se generen nuevas acciones frente al tabaco y hacerlo con una mayor efectividad en la reducción de las tasas de consumo, atendiendo a los diferentes grupos sociales ante los que intensificar las actuaciones y estableciendo protocolos más realistas.

Según los autores de este informe, “es evidente que hay que ser todavía más incisivo en el objetivo directo de reducción de la tasa de consumo, que continúa fuera de cualquier nivel admisible”.

Desde la perspectiva de las estrategias comunitarias, resultaría factible ampliar los actuales niveles de protección mediante espacios sin humo en un mayor catálogo de topografías o situaciones, como las que pueden implicar a menores o mujeres embarazadas. También habría que considerar la medida, ya presente en otros países, del llamado paquete neutro, aunque ello conlleva implicaciones de mercado de indudable dimensión europea.

Desde la perspectiva de la activación del sistema sanitario en la mejora de los objetivos de reducción del consumo, es evidente que no se ha avanzado lo suficiente en medidas que ya fueron previstas en la legislación de 2005 e incluso reforzadas en la de 2010, referidas a la intensidad y el compromiso con el el que sistema sanitario ha de integrar en su cartera de servicios los programas de deshabituación y la financiación de los tratamientos que hayan demostrado capacidad efectiva de ayuda al fumador.

Además, merece una consideración adicional el problema ya detectado relacionado con la mujer, género en el que se está comprobando una menor reducción de las tasas de consumo.

Aun siendo cierto que partimos de un menor porcentaje de prevalencia total del hábito, la necesidad de acentuar medidas específicas que permitan un adecuada velocidad de reducción del consumo entre las fumadoras es incontrovertible, señala el informe.

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