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Radioterapia de partículas pesadas, atacar al tumor de mama sin bisturí

Un centro nipón ha comenzado a realizar por primera vez ensayos clínicos para tratar el cáncer de pecho con irradiación de partículas pesadas, método usado para otros tipos de tumor que en el futuro podría eliminar el de mama sin necesidad de cirugía

Radioterapia de partículas pesadas, atacar al tumor de mama sin bisturí
Sala de tratamiento del Instituto Nacional de Ciencias Radiológicas de Japon (NIRS)/Foto: NIRS

El uso de este tipo de radioterapia de iones de carbono permitiría ampliar las distintas opciones a la hora de abordar un carcinoma en el pecho, cuyo tratamiento habitual pasa en la actualidad por combinar cirugía con radioterapia convencional y quimioterapia.

“Ante todo, muchas mujeres no queremos someter nuestros pechos a ningún bisturí”, comentó a Efe la doctora Kumiko Karasawa, directora de tratamientos del Instituto Nacional de Ciencias Radiológicas de Japón (NIRS, por sus siglas en inglés), situado en la prefectura de Chiba, al noreste de Tokio.

Hace apenas dos semanas el centro llevó a cabo el primer ensayo clínico de la historia con rayos de iones de carbono para tratar un tumor en el pecho de una paciente.

La mujer se sometió al que será el procedimiento estándar para este tratamiento: cuatro sesiones de radioterapia de partículas pesadas en cuatro días consecutivos.

Tanto en el caso de ésta como del resto de pacientes que participen a partir de ahora en este programa, la institución realizará un seguimiento de su evolución durante algo más de 5 años, precisó Karasawa.

Para llevar a cabo el ensayo, el NIRS empleó su acelerador médico de iones pesados (HIMAC, en inglés), que fue la primera máquina de este tipo fabricada en el mundo cuando se inauguró en 1994.

En total, más de 7.300 pacientes de todo el mundo se han sometido desde entonces a terapias radiológicas con el HIMAC para tratar distintos tipos de tumores.

El sofisticado dispositivo, que ocupa la superficie de un campo de fútbol, acelera núcleos atómicos de carbono hasta un 80 por ciento de la velocidad de la luz para generar, en una sala aledaña, un haz que es enfocado con precisión milimétrica sobre el tejido cancerígeno.

La ventaja de este tipo de tratamiento es que resulta poco agresivo al irradiar la superficie del cuerpo y que luego gana en intensidad al alcanzar el tumor de una manera mucho más precisa y localizada, a diferencia de otros tipos de radioterapia, que son más dañinos para los tejidos que rodean al tumor.

Actualmente este sistema, por el cual el paciente debe esperar un buen rato recostado hasta que el haz es calibrado con total precisión antes de ser aplicado durante apenas uno o dos minutos, se utiliza para tratar tumores óseos, en los tejidos blandos, en el pulmón, en el hígado, en la cabeza, en el cuello o en la próstata.

Hasta ahora, recordó Karasawa, a la hora de investigar los efectos de la terapia de iones pesados, el cáncer de mama ha tenido menos prioridad que otras variantes, ya que hay varias alternativas para tratarlo y el carcinoma tiende a extenderse menos en el pecho en su fase inicial que cuando se presenta en otras zonas del cuerpo.

Las mujeres que pueden someterse a estos ensayos clínicos en el NIRS deben ser mayores de 60 años (una edad en la que un proceso quirúrgico presenta más complicaciones) y tener un tumor localizado (el cáncer no debe haberse extendido a otros órganos) con un tamaño inferior a los 2 centímetros.

Aunque todas ellas recibirán el tratamiento de manera gratuita, un tratamiento corriente con partículas pesadas no es barato.

Los pacientes nipones que usan esta tecnología para eliminar distintos tumores en el NIRS deben abonar 3.140.000 yenes (casi 25.000 euros), ya que la seguridad social japonesa no cubre los tratamientos de “medicina avanzada”, mientras que los extranjeros deben pagar algo más, en torno a 5 millones de yenes (40.000 euros).

Y es que, además de la gran cantidad de terreno que se requiere para erigir un acelerador de partículas, “la principal desventaja de este tipo de radioterapia es lo caro que resulta levantar y mantener las instalaciones”, explicó Karasawa.

El HIMAT costó 33.000 millones de yenes (más de 260 millones de euros) y su construcción llevó diez años, aunque desde entonces las instalaciones han sido renovadas y el centro acaba de estrenar unas nuevas y vanguardistas salas de tratamiento.

En cualquier caso, no es de extrañar que solo existan actualmente siete aceleradores médicos de iones de carbono como el HIMAT en todo el mundo, cuatro de los cuales están en Japón (además de en el NIRS, existen otros tres en las prefecturas de Saga, Gunma y Hyogo).

Los otros tres se encuentran en Heidelberg (Alemania), Pavia (Italia) y Lanzhou (China).

“Sin embargo, desde que se construyó el HIMAT, tanto los costes como el tamaño de las máquinas se han reducido”, apuntó la doctora Karasawa, antes de explicar que, por ejemplo, el acelerador de la Universidad de Gunma abarca un tercio menos de superficie, y que por ello ha costado un tercio menos aproximadamente.

Además, en Japón, China, Taiwan y Corea del Sur ya se están construyendo nuevas unidades, del mismo modo que en Europa cuatro están ya planificadas o en construcción: dos en las ciudades alemanas de Marburgo y Kiel, uno en Lyon (Francia) y otro al sur de Viena (Austria).

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