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El botón “OFF” de la anorexia

Teresa, una mujer de Bilbao de 53 años de edad que padece anorexia nerviosa desde los diecisiete, ha vuelto a nacer después de ser intervenida en el cerebro con radiocirugía gamma knife, tecnología de suma precisión con la que se consigue bloquear la conexión neuronal del sistema límbico que activa la ansiedad enfermiza, daño cerebral que provoca rechazo sistemático de la comida y un tremendo agobio por la gordura

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El botón “OFF” de la anorexia
Teresa, licenciada en pedagogía terapéutica, se ha librado de la anorexia nerviosa con radiocirugía cerebral. EFE / GRB

“Era horrible… quería respirar y no podía… me ahogaba… la angustia me consumía por dentro y por fuera…  y así todo el rato, todo el rato, todo el rato… absolutamente obsesionada con la comida… mi situación era insostenible… estaba al borde del precipicio… entonces vi un rayo de esperanza. Mi médico Pepe Casas me recomendó operarme de la cabeza… y me salvó la vida”.

Teresa, profesora en la etapa infantil, se detiene unos instantes y cierra muy despacio sus pestañas finas y menudas… repasa sus recuerdos… solo se escuchan los trazos de mi bolígrafo tomando notas. Hace ya más de tres años que desayuna, come y cena con normalidad, sin excesos; aunque a veces no deja en el plato ni los huesos del pollo.

“Toda mi vida con anorexia no tenía nada que perder porque ya lo había perdido todo… me arriesgué y encontré la solución a mi enfermedad. Ahora vivo en paz con mi familia, a la que tanto he hecho sufrir, y algo menos conmigo misma, ya que mis niños del colegio me tienen refrita”, bromea.

El neurocirujano Roberto Martínez Álvarez, del Hospital Ruber Internacional, analiza un caso en su consulta, donde podemos observar un par de radiografías de las capas cerebrales situadas sobre u proyector de luz que facilita su visionado.
El doctor Martínez planifica la radiocirugía en su consulta. Fotografía cedida por el HRI.

Para el doctor Roberto Martínez Álvarez, jefe de la Unidad de Neurocirugía Funcional del Hospital Ruber Internacional de Madrid, estas personas, la mayoría mujeres, “sufren un trastorno alimentario porque tienen un sustrato anómalo en la psique. Casi todas se recuperan con tratamientos conductivos, pero algunas, las que desarrollan anorexia nerviosa grave, necesitan una solución quirúrgica in extremis“.

Las pacientes llegan de la mano del doctor Casas Rivero, experto en anorexia y responsable de la Unidad de Trastornos del Comportamiento Alimentario del mismo hospital, quien forma parte, junto a otros médicos, psiquiatras, psicólogos, nutricionistas y neurocirujanos, de un equipo multidisciplicar avezado en psicocirugía.

Cada caso se analiza en profundidad, pero la enfermedad patente debe de ser de larga evolución, crónica y con múltiples ingresos en centros sanitarios. Además, la calidad de vida de las pacientes debe de ser muy pobre y bordear la inestabilidad médica; incluso la posibilidad cierta de riesgo vital.

Teresa fue la pionera a nivel mundial y se operó con radiocirugía gamma knife a finales de 2009. Luego vinieron otras dos chicas españolas, Cristina, de 35 años, y Verónica, de 36, que está en plena fase de recuperación después de pasar por el quirófano hace tan solo un par de meses.

“Las tres mujeres han declarado que hay un antes y un después tras la operación cerebral, como si alguien les hubiera pulsado un interruptor en la cabeza para ver la vida de una forma distinta; con más optimismo y sin obsesiones”, nos comenta el doctor Martínez Álvarez.

Neurocirugía “en un grano de arroz”

La técnica requiere una serie de test psicológicos y psiquiátricos previos, para determinar la capacidad mental, y elaborar un mapa interno del cerebro para no errar ni una milésima en la descarga. Aquí entra en juego la vanguardia del diagnóstico por imagen, desde un TAC a una RMN, pasando por una angiografía o una tractografía.

El equipo de neurocirujanos obtiene así el punto milimétricamente exacto para la irradiación; donde han comprobado que se activa la ansiedad patológica del paciente.

“Practicamos lesiones en el sistema límbico que tienen el tamaño de un grano de arroz”, puntualiza el médico. La radiación, que es cien veces menor que con otros sistemas similares, evita daños en las partes sanas del cerebro.

Un neurocirujano, vestido para operar, prepara los dispositivos de inmovilización para operar en la cabeza con la tecnología gamma knife
El Dr. Martínez ajusta el sistema de inmovilización de la cabeza. Fotografía cedida por el HRI.

“Mi familia y mis amigos estaban muertos de miedo porque me iban a tocar la cabeza -me cuenta Teresa-, pero yo estaba muy tranquila; incluso me mostraba fría e indiferente. Era mi última oportunidad y algo me decía que todo iba a salir bien. Ya en el quirófano me pusieron un casco y no sentí nada más”.

La cirugía gamma knife es mínimamente invasiva e indolora. Sus 192 rayos de cobalto se focalizan en un solo punto marcado dentro del cerebro. El haz de iones de 0,15 a 0,3 milímetros inutiliza el tejido neuronal seleccionado en la parte más anterior del cíngulo, tracto de fibras que actúa de nexo entre hemisferios cerebrales.

El sistema límbico, conformado por parte del lóbulo temporal y frontal, por los núcleos basales, incluso por las partes más primitivas del cerebro, modula las emociones o la agresividad, y tiene mucho que ver con las depresiones y las ideas obsesivas. Al bloquear esta parte del cíngulo disminuimos en gran medida la ansiedad que deriva en la anorexia nerviosa“, explica el doctor Martínez.

Al desconectar este circuito “malsano”, la paciente no solo no sufre un deterioro funcional o una pérdida de sus aptitudes y conocimientos -cuestiones que se comprueban con múltiples test psicológicos y psiquiátricos-, sino que “aumenta su calidad de vida de forma valiosísima” -certifica-. Se alimenta mucho mejor y consigue, además, un mayor rendimiento cognitivo.

“Los padres, muy preocupados por sus hijas y visiblemente mediatizados, me preguntan… ¿Y si me operaran a mí, que estoy sano, perdería memoria o capacidad de atención?… en absoluto, les respondo, el sistema límbico cerebral es tan plástico, tan versátil, que, a pesar de esta desconexión en el cíngulo, encuentra otros caminos para volver a conectarse. La irradiación solo disminuye la angustia y reduce significativamente las obsesiones”.

El botón “ON” de las patatas fritas

En este tipo de patologías se observa claramente la estimulación que produce la comida en el lóbulo frontal. Cuando se hacen los controles para analizar el resultado de la radiocirugía se comprueba que esta zona cerebral ya no se activa como antes. Las pacientes pueden tener apetito o inapetencia, pero los alimentos no les provocan rechazo.

La desesperación se queda en el quirófano y poco a poco estas mujeres, o los hombres llegado el caso, se libran de una tortura psíquica que no les dejan vivir ni de día ni de noche.

La operación fue perfecta“, confirma Teresa, pero al principio no sintió nada, incluso seguía obsesionada con la comida. Adelgazó incluso más y tuvo que ser internada una semana en el hospital. Salió más contenta y más o menos recuperada. Unos meses más tarde las cosas empezaron a funcionar.

“Un buen día de verano, sin saber por qué, cogí una patata frita de la bandeja, algo que no hacía desde mi juventud, y la probé… había olvidado su textura y su sabor… y de repente sentí una liberación total… ¡puedo comer patatas fritas!, gritó mi cerebro con toda su alma…  a partir de ese momento volví a tener la sensación de hambre”.

Teresa comprende ahora que la anorexia le tenía atrapada en un círculo vicioso.

“Ni siquiera podía disfrutar de mis amistades -dice-. No entraba en sus conversaciones o en sus problemas; y por supuesto yo no permitía que ellos se acercaran a mis pensamientos… menos aún a mi corazón. Buscaba la soledad y creía poseer suficientes argumentos y razones de peso, pero estaba completamente equivocada. La anorexia se había adueñado de mi vida”.

Teresa, una mujer que padece anorexia nerviosa, lee uno de sus libros favoritos, "Inés y la alegría"
Teresa relee uno de sus libros favoritos. EFE / GRB

Tras la recuperación funcional, Teresa volvió a la consulta de su médico de confianza. Sigue bajo observación, ya que las secuelas no se curan en un pispás.

“Se estabiliza su salud física. Son capaces de seguir las indicaciones nutricionales sin sentimiento de culpa. Ya no sufren por la comida o su aspecto físico. Permiten el tratamiento psicológico especializado para reincorporarse de nuevo a la sociedad y ser verdaderamente autónomas. Su vida es plena”, expone con satisfacción Pepe Casas.

La experiencia y los resultados de estas tres intervenciones se acaban de presentar, a finales del pasado mes de mayo, en el décimo congreso de la Asociación Española para el Estudio de los Trastornos de la Conducta Alimentaria (AEETCA).

El doctor y neurocirujano Roberto Martínez ha expuesto ante sus colegas los beneficios curativos de esta técnica, que está a disposición de todos los pacientes en el Hospital Ruber Internacional. Una noticia innovadora para las mujeres, y hombres, que necesiten coger el último tren que regresa al futuro.

“¡Cuánto tiempo he perdido! se lamenta Teresa… mi vida ha sido un sinsentido, pero con esta entrevista puedo ayudar a otras chicas y evitarles que sufran y sufran aún más. Las animo a que luchen y se desconecten de la anorexia antes de que la enfermedad las desconecte a ellas”.

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