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Que no te parta un rayo

Quienes reciben estas descargas eléctricas suelen sobrevivir en la mayoría de los casos, pero pueden producir lesiones graves y, en algunos casos, muy llamativas; especialistas en medicina de emergencias y dermatología explican los efectos en la salud

Que no te parta un rayo
EFE/Patrick Pleul

El “ataque” de los rayos a las personas es un accidente más probable en verano, sobre todo en época de numerosas tormentas eléctricas, como ahora.

El doctor Juan González Armengol, presidente de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes), asegura que no se sabe exactamente cuál es el porcentaje de mortalidad por la caída de un rayo, pero se calcula que entre el 15 y 20 por ciento.

Las lesiones no mortales son más comunes y frecuentes: un buen número de ellas las sufren quienes se encuentran cerca de un vehículo, y otra parte importante deportistas que hacen ejercicio al aire libre, sobre todo deportes acuáticos.

El rayo es una corriente directa que emite descargas eléctricas instantáneas en el cuerpo, millones de voltios, que se propagan a través de un fenómeno llamado “brinco de corriente”, que evita que los órganos vitales se lesionen y explica por qué las víctimas pueden sobrevivir a la exposición de estas tremendas descargas.

Pero a veces, el rayo ingresa en el cuerpo e interrumpe de manera fulminante el funcionamiento de órganos vitales, como el corazón, los pulmones o el cerebro.

El mayor peligro

Las lesiones más peligrosas son las que afectan el sistema cardiovascular y el sistema nervioso central.

Arritmias, asistolias -no latido-, fibrilación ventricular o infartos, pero también pérdida de conciencia, amnesia, hemorragias, parálisis, edema e infarto cerebral.

También pueden provocar en los pulmones edemas, contusiones o llegar al paro respiratorio, además de lesiones en los ojos y oídos y quemaduras de diverso grado.

Una de las secuelas más llamativas son las “quemaduras en plumaje”, las denominadas “figuras de Lichtenberg”, que se presentan en forma de helecho, como si fueran ramificaciones.

Son superficiales y se producen por la lluvia de electrones sobre la superficie de la piel.

Se trata de un cuadro dermatológico que puede persistir de horas a días, pero que finalmente desaparece sin dejar ningún rastro, por lo que no requieren ningún tipo de tratamiento, según detalla a Efe el especialista del hospital de Manises Antonio Martorell, miembro de la Academia Española de Dermatología (AEDV).

Estas “flores del rayo”, según el dermatólogo, son causadas por la dilatación e incluso ruptura de los vasos capilares que se encuentran en las capas más superficiales de la piel.

La marca de los rayos

Para prevenir las ‘marcas’ que dejan los rayos en el organismo, los médicos de emergencia dan algunos consejos y recuerdan que es más frecuente que haya rayos en días calurosos y húmedos.

Si se anticipa una tormenta eléctrica, se debe permanecer en interiores o buscar refugio en un vehículo, cerrar puertas y ventanas y alejarse de objetos metálicos, así como no usar aparatos eléctricos con conexiones, como radios, televisores o teléfonos.

Además, las personas que acampan deben evitar colocar sus tiendas de campaña bajo árboles altos, cerca de extensiones de agua o en colinas elevadas.

Si la tormenta les sorprende en el exterior, debe alejarse de los objetos de metal, como cañas de pescar, palos de golf, paraguas o joyas, y si no es posible encontrar un refugio, tendrá que dirigirse a zonas boscosas, densas, o tenderse en una zanja en la tierra.

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