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Que nada pueda contigo

Paro, precariedad laboral, falta de alternativas… Los problemas pueden causarnos malestar, pero no son tan importantes como la capacidad para afrontarlos. Es la teoría de la Universidad de la Felicidad, una iniciativa que enseña los trucos para sonreír en los peores momentos

Que nada pueda contigo
EPA/Imre Foldi

Hoy es más necesario que nunca aprender a plantarle cara a las dificultades. Por eso Isabel Sousa y Montse Hidalgo han fundado la Universidad de la Felicidad, un proyecto que ofrece cursos sobre neurociencia, psicología positiva, inteligencia emocional o coaching en Salamanca, Madrid y Santiago de Compostela. Estos se imparten a partir de octubre y están avalados por la Universidad Pontificia de Salamanca.

“La felicidad es una habilidad y no depende tanto de lo que te pasa, sino de cómo actúas ante lo que te pasa”, explica la cofundadora Isabel Sousa. La mente juega un papel importante en todo esto: a veces hay una barrera imaginaria que nos separa de nuestras metas y crea desasosiego.

¿Barrera imaginaria? Seguro que los casi seis millones de parados no piensan lo mismo. ¿O sí? Según Sousa, el problema a menudo radica en que nos quedamos atascados en la vida profesional anterior y no somos capaces de contemplar otras opciones.

“Siempre hay solución para todo. ¿Por qué no abrir la mente a alternativas distintas? Los tiempos son nuevos y no podemos funcionar con los mismos esquemas”, subraya Sousa.

Cuestión de genes

La predisposición genética influye en la forma de abordar los problemas: “Hablamos de genes y de lo que hemos vivido en casa”, matiza la experta. No es lo mismo crecer en una familia donde nadie levanta la voz que en otra donde los conflictos se resuelven a gritos. El subconsciente almacena y procesa información que marcará nuestras pautas de comportamiento en el futuro.

No obstante, predisposición no es sinónimo de realidad. Según la experta, la neurociencia está demostrando que el cerebro es plástico y puede cambiar. “Es como quien tiene el germen de una enfermedad: no basta con tener el factor genético, hay que rodearlo de determinadas circunstancias para que se desarrolle”.

¿Qué fue antes, el dinero o la felicidad?

Muchas personas viven en situaciones de pobreza y son capaces de sonreír. Nueva Delhi/EFE/Money Sharma

Las condiciones de vida no tienen por qué determinar el nivel de satisfacción de una persona, aunque hay excepciones: “Si yo no tengo alimento ni sitio para resguardarme, toda mi vida estará orientada a sobrevivir”, expone Sousa. La capacidad de disfrute es muy baja o nula. No es menos cierto que “con poco que tengamos, ya podemos ser felices”.

“El éxito, la riqueza, la buena salud y las relaciones enriquecedoras son las consecuencias de ser feliz, no su causa”. La experta completa esta cita del doctor Deepak Chopra: “Nuestra actitud facilita que esas cosas vengan a nosotros, pero si estoy todo el día quejándome de lo que me falta y criticando en los demás… ¿Quién querrá estar conmigo?”

Los bienes materiales son un añadido que muchas veces obtenemos a partir del disfrute personal. “Si trabajo sólo por dinero, puedo llegar a tenerlo, pero la gente que se ha enriquecido de verdad es porque está trabajando en algo que le apasiona”, argumenta Sousa.

No obstante, ningún empleo es perfecto. ¿Qué actitud debemos adoptar ante lo que no nos gusta? Pesimismo fuera. “Si ponemos el foco en lo negativo, empezamos a olvidar lo que nos agrada de ese trabajo. Quizá deberíamos valorar un poco más incluso el hecho de tener trabajo”, aconseja la experta.

Madera de líder

Hay un concepto que toda persona al frente de un equipo debería memorizar: inteligencia emocional, la semilla del éxito en la toma de decisiones. ¿Y cuál es la mejor manera de dirigir a un trabajador? Sousa es contundente:

“Hay que adaptar el estilo de liderazgo a cada tipo de persona que tengo en mi equipo para maximizar su capacidad. El mejor estilo es tener muchos estilos”.

El secreto está en la mente

EPA/EFE/Marcel Kusch

La satisfacción está más cerca de lo que creemos, aunque con frecuencia no sabemos verla. Quizá deberíamos cambiar el color de las lentes a través de las que miramos, ¿no? Isabel Sousa sugiere tener dos ideas muy presentes:

  • Para ser feliz hay que elegir ser feliz”. Los pequeños mosquitos que nos pican cada día no nos van a molestar si elegimos que así sea.
  • La felicidad no viene gratis”. Esconde mucho esfuerzo y una actitud positiva. “Si yo quiero que mis pensamientos me den tranquilidad, paz y bienestar, tengo que entrenar mi mente. Así estaré más motivado, tendré confianza en mí y superaré resultados que no me gustan”, concluye.
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