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Los psicópatas, seres escurridizos entre el encanto y el cálculo

Detectar a un psicópata no resulta nada fácil. Sus conductas son dúctiles y pueden ser “personas muy frías y calculadoras” con rasgos de superioridad, pero también “son superficialmente encantadores”

Los psicópatas, seres escurridizos entre el encanto y el cálculo
La conducta de los psicópatas está asociada a la violencia primaria, aquella que se origina sin estímulos externos/SEBASTIAO MOREIRA

En una entrevista a Efe, la experta mexicana Feggy Ostrosky, Premio Nacional de Investigación en Psicología en México, explicó que los psicópatas, que representan entre el 1 y el 3 % de la población mundial, “no sienten empatía ni sentimiento de culpa” a la hora de llevar a cabo actos atroces con metodologías muy variables.

Estudios recientes realizados a partir de imágenes cerebrales muestran que, cuando se le pide a una persona con este trastorno que se ponga en el lugar del otro, hay partes del cerebro que “no prenden del todo”, indicó.

La empatía es una característica fundamental cuando se habla de valores éticos y morales, apuntó la catedrática de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien agregó que “el ser moral es aquel que decide ser moral”. “La empatía es un prerrequisito, pero no el total para ser un ente moral”, puntualizó.

Los tres periodos críticos a la hora de delinear la conducta y las condiciones morales son los 3 años, cuando se aprende a leer, y finalmente la adolescencia.

La autora del libro “Mentes Asesinas” aseguró que “los criminales tienen perfectamente claro lo que es el bien y el mal” y cometen actos atroces “porque no tienen una buena regulación de sus impulsos y están llenos de hostilidad y enojo”.

La conducta psicopática es una interacción de variables, un proceso con una serie de factores biológicos, sociales y familiares de riesgo que “interactúan para producir estas personas”. La psicopatía está asociada a la violencia primaria, aquella que se origina sin estímulos externos (violencia secundaria).

Cuando se habla de violencia hay que distinguir este término del de “agresión”, lo que frecuentemente no se hace, según Ostrosky, fundadora de la Sociedad Mexicana de Neuropsicología. “La agresión -detalló al respecto- es una respuesta innata en los mamíferos con los que compartimos este sistema de respuesta biológica para podernos defender”. Por el contrario, la violencia se origina sin existir instinto de defensa previo y obedece a la incapacidad de controlar un impulso.

Psicópatas: entre la biología y la experiencia vital

psicopatas Feggy Ostrosky
Feggy Ostrosky/EFE

La duda que surge a la hora de concretar qué genera la psicopatía se debate entre la biología y la experiencia de vida, y la respuesta está en el equilibrio de ambos factores. “Se ha encontrado que el ser humano puede tener un gen o un polimorfismo genético, pero que se te prende a partir de una historia de abuso físico o psicológico en la infancia, y de ahí nos vamos a las historias de muchos asesinos”, explicó la especialista.

Pero el cerebro de una persona termina de madurar dentro de un contexto social, lo que muestra la responsabilidad de la ciudadanía y el entorno familiar. “Los psicópatas están presentes en la población y yo digo que las circunstancias actuales les hacen muy eficientes para sobrevivir en este mundo”, declaró.

“El mundo actual ha hecho que nos desensibilicemos ante la violencia y estemos expuestos continuamente”, opinó la experta, quien aludió a la posibilidad de abusar de alguien y exponerlo en un vídeo a través de Youtube.

Ostrosky destacó la necesidad de replantearse la relación con el morbo, ya que “una cosa es que veas qué pasó para que no te pase a ti, y otra que te tomes la foto con el muerto”. Esta afirmación se basa en la observación de una sociedad que requiere cada vez más registrar lo que ve a través de dispositivos, sin escrúpulos para filtrar si el hecho es o no ético.

Que las personas vean imágenes violentas no significa que se vuelvan violentas, pero el impacto que provoca cada vez es menor y se produce “un apagón de nuestros sistemas empáticos y eso influye como sociedad, alertó.

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