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Resiliencia: La experiencia impagable de los sanitarios contra la covid

La psicóloga Raquel Tomé inicia su recorrido por colectivos profesionales a quienes la pandemia ha impactado con enorme intensidad y virulencia. Personas que han puesto a prueba su capacidad de resiliencia ante esta dura y excepcional experiencia. En este artículo del proyecto “Resiliencia: cuerpo a cuerpo con el virus”, Raquel ha hablado con tres sanitarios del Hospital 12 de Octubre de Madrid

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Detalle de un mural pintado en una fachada de Bruselas, en junio pasado, con símbolos de la lucha anticovid. Figuras de dos sanitarios/EFE//EPA/STEPHANIE LECOCQ

Resiliencia: La experiencia impagable de los sanitarios contra la covid

por Raquel Tomé 

Todos coincidimos en que uno de los grandes colectivos protagonistas de esta pandemia han sido los sanitarios. Se han visto sometidos a excepcionales condiciones de estrés y aún nos preguntamos asombrados: cómo lo han hecho, cómo han logrado sobrevivir a esta experiencia brutal y devastadora y cómo les ha impactado y transformado su mundo interior.

Para averiguarlo nos citamos con tres médicos internistas del Hospital 12 octubre de Madrid, la doctora Raquel de Simón y los doctores Carlos González DíazÁngel Coto, quienes generosamente nos dedicaron su tiempo para revelarnos qué significó para ellos trabajar en primera línea de batalla cuando la tragedia estalló y azotó su hospital, reconvertido de la noche a la mañana en un “Hospital Covid” que daba acogida a 1.060 enfermos con neumonía.

Los que veíamos los toros desde la barrera sentimos una honda e incondicional admiración al reconocer su esfuerzo denodado, su gigantesco sacrificio personal y su generosa entrega.

Cualquier palabra de agradecimiento parecía infinitamente pequeña e insulsa. No obstante, sirva este humilde homenaje a su valentía, nobleza y entrega desinteresada.

Resiliencia como factor de protección

Conocemos que el colectivo de los cuidadores y sanitarios es uno de los más resilientes y que actúa como un poderoso factor de protección.

Psicóloga Raquel Tomé
La psicóloga Raquel Tomé/ Foto cedida

Aplicada al campo de la Psicología es algo así como disponer de una poción mágica a modo de escudo protector frente a experiencias difíciles y traumáticas porque nos predispone a transformar aspectos negativos y dolorosos en una oportunidad para el crecimiento.

Pues bien, como señala el psiquiatra Luis Rojas Marcos, la evolución humana nos ha demostrado a lo largo de miles de años que tenemos esa capacidad de hacer frente a catástrofes trágicas y devastadoras y extraer de ellas valiosos aprendizajes.

Hemos tomado el pulso a esta situación especial y conocido cuáles son los rasgos de la personalidad que les definen y los elementos que les han ayudado a resistir el suceso y rehacerse frente al mismo.

David Murphy, presidente de la Sociedad Psicológica Británica, subraya que este desafío difiere de otros en su intensidad y duración. Esto hay que tenerlo muy en cuenta en el desgaste personal que puede conllevar y en las capacidades de resistencia.

Conversación con tres médicos de primera línea contra la covid

Cuando nos reunimos para conversar con estos doctores en una agradable cafetería confiesan que es la primera ocasión en que se sientan a compartir entre ellos sus vivencias y lo que personalmente les ha significado esta experiencia extraordinaria.

Nos revelan el tesoro de sus pensamientos y desnudan con franqueza la intimidad de sus sentimientos: su relación con el dolor, con el sufrimiento, con la muerte, con el amor y con la vida.

Y les preguntamos: ¿Cuáles han sido los mecanismos de afrontamiento que como profesionales de la salud les ayudó a resistir a la pandemia y a rehacerse frente a ella, aquellos que necesitaron poner en acción?. ¿Cuál fue la manera de pensar que les mantuvo positivos y les permitió profundizar en la visión negativa de las cosas para extraer un sentido y poner el foco en lo que realmente importa?

Desgranamos sus testimonios:

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Personal sanitario trasporta a urgencias a un paciente COVID en una camilla/EFE/EPA/HORCAJUELO

Al principio del todo, nos cuenta el doctor Carlos González, “tenía una sensación de profunda incredulidad. Los pacientes ingresaban por no covid y acababan siendo covid. Acabamos teniendo más de 1000 pacientes Covid. Cada día cuando llegaba al Hospital consultaba las estadísticas de nuevos ingresos. Eran momentos de vértigo porque pensabas en cuántos ingresaban y en las camas que había disponibles y en cómo lo íbamos a hacer”.

“Pero a la hora de afrontar el trabajo -prosigue este médico-, el miedo que sentías lo aparcabas porque centrabas tu atención en lo que tenías que hacer y pensabas: “Que sea lo que Dios quiera y ¡a por ello!”. Aprendí cuando llegaba a casa a desconectar, a relajar mi mente, a no ver las noticias y en mi escaso tiempo libre para intentar desconectar no estudiaba medicina: hacía maquetas. También me ayudó mucho tener una casa con jardín donde poder esparcirme”.

La doctora Raquel de Simón nos recuerda: “No sentía el miedo, sino más bien se apoderó de mí el sentimiento de deber y responsabilidad. Sentía fuerza y pensaba ´tienes que darlo todo, tienes que ayudar a esta pobre gente. Si yo no voy hoy no les podré ayudar. Lo que les pase en parte depende de mí´.

Esta médica añade: “Durante toda la pandemia me puse el mismo vaquero gris, era mi uniforme de batalla. Iba a la guerra. Mis necesidades pasaron a un segundo plano “.

“También me daba mucha fuerza y me emocionaba profundamente hablar con las familias. Se grabaron en mi memoria los momentos críticos cuando les dabas la mala noticia de que se estaba muriendo su familiar y lo primero que hacía la gente era darme a mí las gracias por todo lo que habíamos estado haciendo por ellos”, relata emocionada.

“Eso es algo que nunca olvidaré: la gratitud. Es la gente la que nos ha dado la fuerza y también ver a mis compañeros. Los veías y pensabas ´Si él puede, yo también´. Su enorme generosidad, el vernos todos a una. Veías a los cirujanos que se acercaban a colaborar en todo cuanto podían: todo el mundo estaba dispuesto a poner su granito de arena. También tuve la oportunidad de conocer a gente maravillosa con la que antes te cruzabas y veías de lejos. Hice amigos”, destaca Raquel de Simón.

Hospital 12 de Octubre de Madrid-efe
Hospital 12 de Octubre de Madrid-efe

“Lo más bonito es que salíamos cada día del hospital con la sensación de que había podido ayudar en algo, y eso era parte del combustible del día siguiente, la sensación del deber cumplido”, agrega la doctora.

Dificultades y dificultades

Todos admitían la dificultad inicial de lidiar con la falta de tratamientos, el desconocimiento y el sentimiento de impotencia que sentían por “no tener alternativas o no saber qué más hacer”.

“Nunca nos habíamos visto en una situación similar, casi siempre teníamos alternativas y contamos con varías vías de tratamiento”. La doctora Raquel de Simón nos cuenta que para paliar el malestar corrosivo de la frustración al llegar a casa consultaba todas las publicaciones de investigaciones internacionales y nacionales que se estaban descubriendo sobre el funcionamiento del virus.

Y resalta en nuestra conversación la importancia de la vacuna: “Celebraba pensar, dada la situación inicial catastrófica de la que partíamos, que en tan poco tiempo teníamos una vacuna y en todo el esfuerzo que representa de tantos investigadores. Ha sido un logro magnífico y un aliento de esperanza”.

Como comprobamos, toda tragedia conlleva la coexistencia de emociones negativas: impotencia y frustración, incredulidad y angustia, miedo, tristeza, etc. y momentos especialmente duros, como cuando el doctor Ángel Coto palpó un día la devastadora magnitud de la tragedia al entrar al hospital por la parte de atrás y toparse con los militares de la UME desalojando en camiones una gran cantidad de cadáveres.

Pero ante tanta muerte y dolor abrumador, estos doctores supieron extraer y estar en contacto con energizantes emociones positivas y fuertes valores, y fueron estos los que más veces jalonaron nuestra charla y los que prevalecieron.

Palabras luminosas, emocionadas y esperanzadas como gratitud sincera, hondo compañerismo, solidaridad, generosidad a raudales, fuerza, responsabilidad y sentimiento del deber cumplido, valentía, ayuda y vínculos de cercanía, apoyo mutuo en momentos de dolor y aislamiento de sus propias familias, entre otros muchos sentimientos, fueron su alimento diario nutricio y los catalizadores que les ayudaron a calmar su angustia y aflicción y les impulsó a centrarse cada día en lo que tenían que hacer.

Crecimiento postraumático

Estos doctores describieron los cambios internos que habían experimentado, el que los autores sobre resiliencia llaman “su crecimiento postraumático” como:

  • Una conciencia mayor del valor profundo de las relaciones humanas interpersonales.
  • Descubrir y admirar cualidades en los demás y su capacidad de resistencia.
  • Apreciar aún más el valor de cosas que antes daban por sentadas como expresiones de cariño y afecto sincero, el deseo de búsqueda de cercanía y de compartir, la importancia de los cálidos y reconfortantes abrazos.
  • La necesidad imperiosa de calma, sosiego y tranquilidad.

Resiliencia y emociones positivas

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La resiliencia es una de las herramientas fundamentales para superar el impacto de la pandemia/Foto cedida

Hoy sabemos gracias a Fredrickson y Tugade (2003), psicólogos especialistas en resiliencia humana, que como ya se demostró en los famosos atentados de Nueva York, una clave muy importante para mantener la resiliencia individual durante circunstancias adversas y amenazantes es la presencia de emociones positivas: gratitud, amor, interés, etc. y que, si bien coexisten con las negativas, son las primeras, las que emergen desde los primeros instantes y se incrementan con el tiempo, y las que nos ayudan tanto a corto plazo a:

  • Reducir los niveles de angustia y de aflicción que las personas experimentan
  • Promover el afrontamiento activo y la desactivación fisiológica

Como a largo plazo porque:

  • Minimizan el riesgo de depresión
  • Refuerzan los recursos de afrontamientos

Sin embargo, si hubo un sentimiento puro y trascendente que prevaleció frente a los demás fue el Amor al prójimo con mayúsculas y el impulso de paliar, aliviar y curar el sufrimiento.

Un bello cuento oriental del libro “El canto del pájaro, ¿Quién soy yo?” de Tony de Mello expresa poéticamente la esencia del Amor.

“El amante llamó a la puerta de su amada.

– ¿Quién es? – preguntó la amada desde dentro.

– Soy yo – dijo el amante.

– Entonces márchate, en esta casa no cabemos tú y yo.

El rechazado amante se fue al desierto donde estuvo meditando durante meses, considerando las palabras de la amada.

Por fin regresó y volvió a llamar a la puerta.

– ¿Quién es?

– Soy tú.

Y la puerta se abrió inmediatamente“.

Y durante esta pandemia nosotros hemos sido Ellos.

Mil gracias

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