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Prótesis de pene: cuando falla la química

Las prótesis de pene no son necesarias para andar ni para oír, ni siquiera para solucionar un problema estético, pero sí para mantener una vida sexual sana en casos de disfunción eréctil que no responden a otros tratamientos, como la famosa pastillita azul, según expertos consultados por Efe

Prótesis de pene: cuando falla la química
EPA/Julian Stratenschulte

“Hay que saber que por grave que sea la disfunción eréctil, siempre tiene solución”, asegura el doctor Eduardo Ruiz Castañé, director del Servicio de Andrología de la Fundació Puigvert.

Y a quienes piensen que es una frivolidad hablar de ello en estos momentos de crisis, este urólogo advierte de que “la vida sexual proporciona mucho equilibrio emocional”.

Las prótesis de pene son las grandes desconocidas del mundo de los implantes y, sin embargo, una solución “muy satisfactoria” para los hombres con problemas de erección importantes.

Diabéticos graves, personas sometidas a cirugía radical tras cáncer de próstata o colon y lesionados medulares están en este grupo.

Se estima que en España alrededor de dos millones de hombres de entre 50 y 75 años sufren disfunción eréctil. De ellos, entre un 60 y un 70 % responden a pastillas. El resto, prueban con inyecciones, pero no siempre funcionan.  Así que existe más de un 15 % que solo pueden resolver la disfunción mediante una prótesis.

Sin embargo, al igual que en el resto de Europa, estamos a la cola en cuanto al uso de esta cirugía. Mientras que en Estados Unidos se colocan unas 25.000 anuales, “aquí ponemos unas 2.000”.

“Es una proporción fuera de toda razón médica; entran otras consideraciones más de juicios o ideas falsas”, señala el doctor Ignacio Moncada, jefe de Servicio de Urología de la Clínica de la Zarzuela y presidente de la Asociación Española de Salud Sexual.

“La lógica médica dice que si no puedo andar, me pongo una prótesis. Si me pasa lo mismo en otra función del organismo como es la erección, también me debería operar”, asegura este médico, quien reconoce que “quizá es más importante andar que tener relaciones sexuales”.

“Aunque habría que preguntar a la gente”, añade.

Para el doctor Juan Ignacio Martínez Salamanca, del Servicio de Urología del Hospital Universitario Puerta de Hierro de Madrid, el motivo es múltiple. Primero económico, ya que proporcionalmente son más caras que en Estados Unidos y, además, no hay tantos cirujanos con experiencia suficiente.

La escasa información (incluso entre los propios médicos) y nula publicidad hacen que el conocimiento del paciente de esta opción sea “muy pobre”, señala.

Resultados satisfactorios

En lo que coinciden todos los estudios científicos es en que el grado de satisfacción del portador de una prótesis de pene es “altísimo”.

“Imagínese si están contentos los pacientes que una vez que funciona no vuelven a revisión”, señala el doctor Martínez Salamanca.

La operación es sencilla: la prótesis se coloca a través de una pequeña incisión de tres centímetros en la unión entre el pene y el escroto. En una hora el paciente está operado y a los pocos días puede reanudar su vida sexual sin ningún problema.

El funcionamiento de esos implantes también es simple, especialmente los más modernos o hidráulicos. Tienen un dispositivo (una pequeña bombita) que se coloca en el escroto, entre los dos testículos, y que se activa apretando cuando la persona quiere tener una erección; otro botón la desactiva.

“Con las prótesis de pene pasa como con los teléfonos móviles, que al principio eran muy rudimentarias y las de nueva generación, en el mercado desde hace cinco o diez años, no presentan problemas de infección ni de rechazo”, indica el doctor Castañé.

Por su parte, el doctor Moncada reconoce que han tenido mala prensa. Se ha transmitido la idea de que es un tratamiento complicado, agresivo, que produce molestias… “Y hubo cierto motivo para pensarlo en el pasado, pero ya está más que superado”.

Aunque la técnica no es difícil, los expertos inciden en la importancia de que el cirujano tenga experiencia “para asegurar al paciente que todo va a ir bien”.

En España hay unos diez hospitales en los que esta cirugía se practica con regularidad y está incluida en la cartera de servicios del Sistema Nacional de Salud.

Aunque en la mayor parte de los casos las prótesis se colocan en centros sanitarios públicos, el coste de esta cirugía puede oscilar entre los 10.000 y 12.000 euros.

Las relaciones sexuales son plenas, tanto para el portador de la prótesis como para su pareja.

“El deseo, placer, orgasmo y eyaculación son totalmente normales”, asegura el doctor Moncada, quien compara la operación con la reparación de una rueda pinchada:  “Lo que hacemos es sustituir la cámara, la rueda es la misma”. Además, si alguien ve la rueda por fuera no sabe que está arreglada por dentro; ni siquiera la pareja lo nota.

Tanto es así, que este urólogo conoce el caso de un joven, paciente suyo, que se casó después de operarse y no se lo dijo a su mujer.

 ¿Requiere la prótesis algún tipo de mantenimiento? “No, estar vivo y usarla”, asegura el doctor Ruiz Castañé.

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