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Prótesis de cadera para dejar atrás la cojera y el dolor

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La cabeza almohadillada del fémur, el hueso más largo y robusto que nos sostiene de pie, tiene entre otras obligaciones encajar como un guante en el acetábulo de la cadera, una cavidad pélvica también recubierta de cartílago: cuando la articulación femoroacetabular está desencajada, normalmente por luxación congénita, más en mujeres, o se ha desgastado su relleno fibroso -artrosis-, se manifiestan tanto la cojera como el dolor, muchas veces insoportable.

Este choque femoroacetabular (CFA) se refleja en la zona de las ingles, pero también ofrece otros dos síntomas que podrían indicar degeneración en la articulación: la sobrecarga en los músculos abductores y la osteopatía de pubis o pubalgia -inflamación de las inserciones de los músculos recto anterior del abdomen y/o del aductor, que realiza el movimiento opuesto al músculo abductor-; ambas patologías muy frecuentes en deportes como el fútbol.

“Tras el paso de los años y después de aplicar diferentes tratamientos conservadores, la artrosis de cadera, propia de nuestros mayores, o la displasia congénita, que aflige a personas jóvenes y adultas, suele conducir al paciente a la sala de operaciones. La cirugía de prótesis de cadera es la única posibilidad de recuperar la calidad de vida que se han dejado en el camino”, expone el doctor Raúl Torres Eguía, responsable de la Unidad de Cadera de la Clínica CEMTRO de Madrid.

Mujer de 46 años con displasia: “Su cadera dijo… ¡Basta ya!”

Esta mujer, diagnosticada desde su infancia con una displasia de cadera congénita, tenía ya a su edad prácticamente los mismos problemas que un anciano con artrosis: cojera, pérdida de fuerza y dolor, sobre todo en la zona pélvica, cuando realizaba movimientos naturales como agacharse, bajar y subir escaleras, entrar y salir del vehículo, calzarse o simplemente pasear.

Su pelvis, formada por el ilion, el isquion y el pubis, presentaba una gran degeneración en el labrum, o anillo fibrocartilaginoso que rodea el acetábulo, y también en el cartílago adyacente a este acetábulo… un desgaste ocasionado por el baile constante de la cabeza del fémur, luxado en cierto grado desde que era una bebé.

“Nuestra paciente, relativamente joven, ha arrastrado durante toda su vida una displasia -informa el Dr. torres- y su cuerpo ha dicho basta. Le vamos a poner una prótesis especial, un juego de fricción cerámica-cerámica, que dura mucho más tiempo que las prótesis convencionales. Además, le colocaremos un vástago corto, lo que nos permitirá ahorrar hueso y, así, el día de mañana, podremos recambiar esta pieza de cerámica por una prótesis estándar”.

El equipo de cirujanos de cadera: doctores Raúl Torres, Betancourt trujillo, Almaraz Guntín y Novoa Rodríguez
El equipo de cirujanos de la Unidad de Cadera de la Clínica CEMTRO: doctores Torres Eguía, Novoa Rodríguez, Almaraz Guntín y Betancourt trujillo. Serie de fotografías de Carlos Sáez.

Abrir, colocar prótesis, cerrar… y a caminar sonriendo

Dicho y hecho. Su equipo había preparado ya a la mujer y tod@s juntos practicaron la intervención quirúrgica de recambio de las partes dañadas por piezas protésicas. La mujer ha sufrido, sin enterarse de nada, una operación durísima… si nos atenemos a las imágenes y los sonidos que saltan como alfileres y se clavan en los ojos y oídos de los espectadores más sensibles.

Varios momentos de las diferentes fases de una cirugía de prótesis de cadera

Fases principales de la cirugía de implante de prótesis de cadera con cerámica-cerámica:

  • Cortar la cabeza del fémur a la medida exacta.
  • Limpiar el acetábulo, retirando las partes óseas artríticas y el cartílago dañado.
  • Incrustar una copa de metal poroso en el cotilo, o cavidad ósea, “con el fin de conseguir un mayor agarre del revestimiento cerámico que se adapta al acetábulo”.
  • Insertar el vástago de titanio con cabeza cerámica en la caña del fémur: “En este caso, un vástago corto para ahorrar hueso”.
  • Comprobar la función mecánica de la cadera operada, rotando entre sí las piezas de cerámica colocadas en el acetábulo y en la cabeza del fémur.
  • Reparar los músculos y tendones afectados en la cirugía.
¿Una operación muy, muy dura, doctor Torres?

“No, lo habitual; aunque físicamente parezca una operación muy exigente por los golpes que debemos proyectar sobre los huesos. No podemos tratarlos con delicadeza en este tipo de cirugías. Lo importante es que la intervención quirúrgica ha resultado perfecta”, responde.

¿Y el pronóstico?

“En principio, bueno. Solo tenemos una tasa de un 3% de complicaciones postoperatorias: un 1% de luxación, un 1% de infección y un 1% de trombos. En seis u su semanas podrá realizar su vida normal, como trabajar, conducir, comprar, divertirse, labores en el hogar, pasear, etc. En cuanto a la práctica deportiva, podrá nadar y hacer bicicleta estática. A partir de los tres meses nada podrá impedirle que practique pádel o esquí recreativos, ir al gimnasio de mantenimiento, hacer pilates o senderismo. Lo que le espera es muchísimo mejor que lo que tenía hasta ahora”, asevera.

¿Cuál es el mejor consejo que les puede ofrecer a las personas que no puedan andar?

“Primero, acudir al médico de familia, quien practicará un cribado general y comprobará si el paciente presenta alguna patología de cadera, columna o rodilla. Será él quien les orientará, llegado el caso, hacia la especialidad de traumatología. Es fundamental que ambos encuentren el mejor tratamiento, que no siempre es el quirúrgico”, concluye el Dr. Raúl Torres Eguía.

Una situación parecida le sucedió a Dori, una de las enfermeras del equipo de quirófanos de la cemtro.

El periodista Gregorio del Rosario entrevista a Dori, enfermera de la Clínica Cemtro
“Crecí con displasia de cadera en el lado derecho y en el lado izquierdo, aunque más en el derecho. Vivía con dolor y cada día andaba peor, es decir, caminaba de una forma extraña, hasta que un mal día empecé a cojear. El dolor, poco a poco, se hizo insoportable. El doctor Torres consideró hace ya cuatro años que la mejor solución pasaba por el quirófano. Me puso una prótesis de cadera en el lado derecho y 22 meses después hizo lo propio en la cadera izquierda. Ahora estoy estupenda, maravillosa. No tengo dolor. He recuperado muchísima calidad de vida y llevo una vida absolutamente normal… estoy encantada, dentro de lo encantada que una puede sentirse, y agradecida sinceramente al doctor y a todo su equipo. Aunque la operación fue muy dura, el resultado es excelente. Si tuviera que volver a pasar por el quirófano no tendría dudas, lo haría”, nos cuenta Dori con ojos sinceros.
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