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Postres lácteos dulces, un tentempié que no debe sustituir a la fruta

El Abecedario de la Nutrición llega a la letra “F” con el flan, las natillas y el arroz con leche. Repasamos las características y el valor nutritivo de estos postres lácteos dulces con la nutricionista Laura González, colaboradora de “El Bisturí“. Postres que no deben alejarnos de la fruta y cuyo consumo debe ser moderado para no sobrecargar la digestión

Postres lácteos dulces, un tentempié que no debe sustituir a la fruta

El flan

El flan es uno de los postres lácteos dulces más consumidos. Se hace a base de huevos, leche y azúcar, aunque les podemos añadir otros ingredientes como vainilla, canela o limón. También pueden contener chocolate, miel o quesos crema.

Su contenido en huevo hace que al calentarse la mezcla, el flan se coagule y aporte su textura tan característica. Hacer flan es muy fácil. Solo requiere mezclar al baño maría los ingredientes: huevo, leche, azúcar y caramelo líquido.

No obstante, Laura González, responsable de Salud y Nutrición de Nestlé y colaboradora de “El Bisturí“, señala que “cada vez hacemos menos flanes en casa y optamos más por flanes comerciales“.

También podemos optar por la compra de porciones individuales de flan de huevo, de vainilla, listos para su consumo.

El aporte nutritivo del flan dependerá de los ingredientes que se utilicen para su preparación. Por lo general, son postres dulces con alta densidad energética pero con un aporte significativo de nutrientes clave en relación a sus ingredientes principales, tales como las proteínas, minerales y vitaminas del huevo y la leche.

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Su contenido en azúcar es alrededor del 20%, porcentaje que se eleva considerablemente si lo acompañamos con otros productos como helado, frutas confitadas, natas montadas y salsa de chocolate.

En el caso de los flanes comerciales, simulan la receta casera y tanto en los de huevo como vainilla, se les añade generosamente azúcar.

Para caramelizar el flan se utilizan jarabes de glucosa y fructosa, espesantes y colorantes.

Las natillas

Las natillas son un postre lácteo similar al flan (se elabora también con huevos, leche y azúcar y puede llevar aromas de vainilla, canela, limón…) pero el contenido en huevo es menor que en el caso del flan, pues solo se utilizan las yemas del huevo.

La preparación es similar a la del flan pero, a diferencia de este, la textura final es la de una crema.

Así, la crema catalana sería una variante de las natillas que se caracteriza porque en la superficie tiene un azúcar caramelizado.

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Tanto el valor nutricional como el energético de las natillas es similar al del flan y otros postres lácteos.

En este caso, el contenido de leche y huevos aportan proteínas y grasas, además de los nutrientes propios en estos dos ingredientes principales (como vitaminas del grupo B, A, calcio y fósforo principalmente).

Su contenido en azúcar es también alrededor del 20 por ciento.

Arroz con leche

El arroz con leche, tan popular en nuestra gastronomía, es un postre lácteo a base de arroz, leche y azúcar, con especias como canela en rama y molida y aromas de limón. Puede contener también nata o leche condensada.

La textura que tiene el arroz con leche se debe al almidón que el arroz desprende durante la cocción en la leche azucarada y especiada.

Su aporte nutritivo depende de los ingredientes del preparado. Su valor energético es similar al de otros postres lácteos pero si se utilizan nata y/o leche condensada en lugar de leche, su densidad energética se elevará considerablemente.

En comparación con otros postres lácteos que hemos citado antes, además de la proteína y el calcio de la leche, también aporta los carbohidratos complejos y las vitaminas del grupo B necesarias para el metabolismo energético.

El contenido de azúcar está en el 20 por ciento y este porcentaje se elevará en consideración si se añade leche condensada en lugar de leche.

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EFE/Ricardo Ferro

¿Cuándo y cómo consumir estos postres lácteos?

Según afirma la nutricionista, “es importante remarcar que los postres lácteos no deben sustituir a las frutas frescas -que deben ser siempre el postre de elección-, ni a otros postres lácteos sin azúcar añadido como la leche o el yogur”.

“Aunque los denominamos “postres lácteos” no es aconsejable consumirlos habitualmente, especialmente después de una comida copiosa y alta en proteínas que, por su contenido en azúcar y su composición a base de leche y huevo, podría suponer una sobrecarga para nuestra digestión y un aporte extra de proteínas y energías para nuestro organismo“, advierte la experta.

Por ello, apunta que es preferible consumir postres lácteos dulces siempre de manera ocasional como un tentempié, a media mañana o a media tarde. Además, es recomendable consumirlos solos, evitando la adición de natas dulces, helados, chocolates.

También es cierto que aunque son una fuente de calcio por su base láctea, las dos raciones de lácteos diarias que se recomiendan deben aportarse a partir de leche, yogures bajos en grasas y sin azúcares añadidos, quesos frescos o tiernos y no a partir de postres lácteos dulces.

Son recetas muy fáciles y siempre existe la opción de prepararlos en casa y elegir leche desnatada y potenciar el uso de especies, reduciendo así el aporte de azúcar que añadimos a este postre.

Y, en el caso de optar por postres lácteos comerciales es importante elegir los que tengan menos azúcar y grasas.

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