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Los riesgos de infección de las piscinas en verano

Los baños en piscinas durante el verano multiplican las posibilidades de sufrir enfermedades crónicas que son de mayor riesgo para los niños. Tragar agua, mantener los ojos abiertos bajo ella o no secarse bien durante el baño potencia la aparición de patologías que se pueden agravar sin un tratamiento adecuado.

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Pies en una piscina. EFE/Sebastien Widmann

Los baños en piscinas durante el verano multiplican las diarreas, otitis, conjuntivitis y hongos, según los expertos, que advierten de la necesidad de prevenir estas infecciones y tratarlas a tiempo para evitar que puedan producir ceguera u otras enfermedades crónicas, entre ellas las generadas por las quemaduras solares.

En el ojo las infecciones más frecuentes afectan a la superficie ocular (ya sea por origen vírico, irritativo o bacteriano), mientras que las inflamaciones de la parte exterior del oído son las afecciones más recurrentes que atienden los oftalmólogos y los dermatólogos hacen frente a los hongos, que encuentran en la humedad de la piel su campo de cultivo.

La conjuntivitis: el peor enemigo de nuestros ojos

Desde el Instituto Oftalmólogico Fernández Vega (Oviedo), Ignacio Rodríguez Uña, advierte a Efe del peligro de tocar los ojos tras manipular protectores solares o repelentes de mosquitos, que podrían provocar “pequeñas abrasiones”, así como de la radiación solar que se refleja en la superficie del agua.

También alerta de la proliferación en verano de queratitis, que afecta a las córneas y partes delanteras transparentes del ojo, principalmente en los que se bañan con lentes de contacto, ya que su uso en el agua puede incrementar el riesgo de infección.

Rodríguez Uña advierte del riesgo de la ameba cantamega, un microorganismo acuático capaz de producir úlceras y heridas en la córnea “de difícil manejo medicamentoso”, que pueden terminar en cirugías y trasplantes.

“Una infección que no es muy habitual pero sí potencialmente muy grave”.

Como tratamiento inicial para estas enfermedades el experto recomienda los lavados con suero fisiológico o el uso de lágrimas artificiales con “ácido hialurónico, trehalosa y carmelosa”, sustancias muy hidratantes y reparadoras.

Si las infecciones oculares son más complejas, Rodríguez Uña sugiera que se consulte a un especialista que administre “antiinflamatorios, antihistamínicos o antibióticos”. Advierte de que no tratar estas infecciones a tiempo pueden llevar a pérdidas de visión, daños en la mácula o incluso causar ceguera.

Para evitar estas molestias recomienda evitar la exposición al sol en las horas de máxima radiación, no mirarlo nunca de frente y utilizar gafas “homologadas y testadas que filtren por lo menos un 95 o 100 % de la radiación ultravioleta infrarroja” y de buceo.

Las otitis externas, enfermedades estrella

Suponen la “inflamación o infección de la parte exterior del oído” ante un exceso de humedad, según explica el representante de la Sociedad Española de Otorrinolaringología, Alejandro Lowy.

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El exceso de humedad puede provocar inflamación del oído surgiendo así la otitis. EFE/Foto cedida por Laboratorios Salvat y APAT.

Se incrementan con la llegada del calor porque este “provoca ambientes húmedos” y las personas con eccemas, heridas producidas por la limpieza con bastoncillos o con menos producción de cera” tienen más probabilidades de sufrirlas.

Un tratamiento con gotas suele ser suficiente para combatirlas, excepto en situaciones específicas, en las que es necesario un antibiótico oral, que se suele recetar a enfermos más severos, diabéticos o personas inmunodeprimidas.

Para prevenir las otitis, Lowy recomienda un “buen secado de oídos o utilizar tapones en caso de tener eccemas”.

La piel húmeda, un terreno adecuado para hongos

El impétigo, los hongos, las picaduras de insectos, la dermatitis y los productos para mantener el agua en las piscinas ponen en riesgo la piel en verano.

Así lo ha asegurado a Efe el miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología, José Carlos Moreno, que ha detallado que el impétigo es una infección bacteriana producida por estreptococos o estafilococos. Su origen son “pequeñas heriditas”, en las que se forman fundamentalmente ampollas y costras con un crecimiento muy rápido, y que son fáciles de controlar con antisépticos o incluso con antibióticos tópicos.

“Nuestra piel es un terreno muy adecuado para que los hongos parasiten”, advierte Moreno, quien destaca la propagación en el período estival del “pie de atleta”, una infección fúngica producida por no secar la piel de entre los dedos, lo que produce erupciones.

Estas erupciones también pueden originarse en la zona inguinal, dando lugar al eritema marginado, revela el experto.

Sobre las picaduras, el dermatólogo alerta de que hay que tener mucho cuidado con las de las garrapatas, sobre todo al extraerlas, porque si no se retiran convenientemente y se dejan restos en la piel puede haber “reacciones o quistes en la zona donde ha quedado parte del parásito incrustado”.

Moreno pide también precaución para evitar la “dermatitis de los prados”, que se origina porque algunas plantas y céspedes tienen sustancias que atraen radiación ultravioleta. Así, al tendernos sobre ellos, la zona en contacto con el cuerpo es más receptiva a esta radiación y da lugar a la “aparición de pequeñas zonas de enrojecimiento o incluso de quemadura”.

“Ninguna enfermedad es grave. Todas son perfectamente controlables con antisépticos o limpieza con agua y jabón, antes de aplicar una crema antibiótica un par de veces al día”, según el doctor.

En los menores se multiplica el riesgo de enfermedad e infección

Durante el verano, los más pequeños son muy propensos a sufrir diarrea, otitis externa, conjuntivitis, dermatitis, infecciones por hongos, irritación de las vías respiratorias, molusco contagioso o verrugas vulgares”, enumera Roi Piñeiro Pérez, del Comité de Medicamentos de la Asociación Española de Pediatría (AEP).

Entre estas enfermedades priman las diarreas debido a “la ingesta de grandes cantidades de agua procedente de la propia piscina y a los agentes químicos o microorganismos” que en ella flotan.

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Un socorrista desinfecta las duchas de la piscina municipal del barrio sevillano de Tiro de Linea. EFE/ Raúl Caro/Archivo

Respecto a su tratamiento, Piñeiro explica que hay “suficiente arsenal terapéutico contra las bacterias y hongos”, mientras que recomienda “esperar a que pasen” en el caso de las infecciones víricas; para las diarreas sugiere “mantener la hidratación y sin cambiar la dieta”; y sobre las verrugas y moluscos comenta que se puede recurrir a cirugía o aguardar a que desaparezcan espontáneamente.

No tragar el agua, no abrir los ojos en las inmersiones, ducharse antes y después de entrar en la piscina, evitar caminar descalzo, secarse “bien” los pliegues cutáneos y el pabellón auricular y realizar “pequeñas sacudidas” de la cabeza para evitar que se quede el agua estancada, son algunas de las recomendaciones del experto para evitar estas afecciones veraniegas.

Además, el pediatra destaca las alteraciones en las vías aéreas que se producen, principalmente en las piscinas cubiertas, “cuando hay partículas en suspensión, el agua está contaminada, hay exceso de bañistas, falta de higiene de los mismos o deficiente control de las instalaciones”. Estas patologías afectan principalmente a niños, ancianos, personas inmunodeprimidas y embarazadas.

Pero el doctor Piñeiro alerta sobre todo de las quemaduras solares:

“Si la población general conociera la relación existente entre la exposición al sol sin protección y el desarrollo de tumores cutáneos, quemarse la piel no sería tan gracioso”.

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