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Pisar con garbo

Nuestros pies son flexibles y adaptativos. Nos permiten alcanzar el equilibro y propulsar el cuerpo hacia adelante. Una mala pisada puede acarrear problemas en la cadera o columna, desgaste anormal de la rótula y dolores en la musculatura. Descubre los vicios más frecuentes al caminar y al estar en posición estática

Pisar con garbo
EFE/Julian Stratenschulte

En la marcha humana hay tres momentos: apoyo de talón, fase media y fase propulsiva. José García Mostazo, presidente del Consejo General del Colegio de Podólogos, nos explica cómo debe ser una buena pisada y cita una serie de patologías que pueden causar problemas al caminar.

Pies inteligentes

El pie es flexible y tiene la capacidad de adaptarse a las irregularidades del terreno en la fase de apoyo de talón. Al apoyarlo por completo en el suelo, se equilibra y prepara para la fase propulsiva: no tarda en convertirse en una estructura rígida y endurecida que lanza el cuerpo hacia adelante. Este proceso nos permite caminar de una forma adecuada.

No ocurre lo mismo al correr. Según García Mostazo, la fase de apoyo de talón suele desaparecer. Pasamos directamente a la fase media de apoyo. “El pie entra en contacto con el suelo y prona un poco más, es decir, cae más hacia adentro y absorbe el golpe en esa fase. A continuación, se vuelve a convertir en una estructura rígida para propulsar”, explica.

Problemas al caminar

EFE/Scott Barbour Pool

Hay que distinguir entre vicios y patologías. El primer concepto abarca tendencias como caminar con los pies hacia adentro o hacia afuera. No obstante, García Mostazo señala que “cuando llevamos un rato caminando, el automatismo hace que las piernas y los pies adquieran su posición natural. Los vicios son más frecuentes cuando estamos en estática“. Volcar los pies hacia afuera o rotar un poco las piernas al estar parados suele ser lo habitual. ¿Por qué?

“Adoptamos estas posturas porque relajan la musculatura. Si pisamos como debería ser, quizá hay un músculo que nos genera mucha tensión o incomodidad, y por eso vencemos los pies hacia afuera”, subraya el podólogo.

Por suerte, la situación normal de una persona no es estar mucho tiempo de pie. Es poco común que este tipo de vicios generen grandes problemas. Estas son las patologías que sí pueden tener efectos negativos en la salud:

  • Pies planos → Disminuye o desaparece el arco del pie. En consecuencia, la mayoría de la superficie de la planta del pie tiene contacto con el suelo. Es habitual durante la edad infantil.
  • Pies cavos → Exceso de arco del pie. Dedos flexionados en garra y puente muy alto que condiciona el calzado.
  • Pies valgos → Tienen tendencia a volcarse hacia adentro (pies pronados).
  • Pies varos → Tienen tendencia a tumbarse hacia afuera (pies supinados).

Efectos de una mala pisada

EFE/Yuri Kochetkov

Una posición incorrecta de los pies puede causar dolores en la columna vertebral, así como en la cadera, rodilla, tobillo y musculatura de la extremidad. Los pies planos a veces desencadenan artrosis precoz y problemas en el pie a nivel óseo o articular.

Cuando el pie cae en valgo se produce una mayor rotación en la cadera, lo que conlleva problemas en la misma. También son frecuentes las patologías en la rodilla o en la columna lumbosacra y el desgaste anormal de la rótula. Todo nuestro cuerpo está interconectado. Aquí la prueba:

“Si una persona tiene problemas en la mandíbula, es frecuente hacerle un análisis de la pisada, ya que a veces hay diferencias de longitud entre una pierna y otra. Esto puede acarrear que no haya una buena mordida”, apunta García Mostazo.

Enfermedades asociadas

Hay patologías que pueden causar problemas en la pisada.

  • Parkinson → Este trastorno neurodegenerativo a veces se traduce en inestabilidad al caminar. Los afectados por dicho síntoma suelen ser personas de entre 40 y 50 años. “Por fortuna, no es una enfermedad frecuente”, subraya el podólogo.
  • Gota → El cúmulo de ácido úrico en el organismo puede manifestarse con inflamación y dolor intenso en el dedo gordo del pie.

Tratamiento

García Mostazo aconseja emplear un calzado neutro que evite los movimientos hacia dentro o hacia afuera, en función del problema. El uso de plantillas ortopédicas está extendido para equilibrar la posición y neutralizar los movimientos de rotación excesiva. ¿Qué ventajas tiene?

  • Reducir la tensión anómala en los ligamentos o compresión de los cartílagos de las articulaciones.
  • Prevenir artrosis, tendinitis y problemas de cadera o rodilla.
  • Estar menos expuestos a un esguince. Cuando los pies se desvían hacia afuera, corremos este riesgo.

Tacones no, gracias

EFE/Mario Guzmán

El exceso de tacón puede originar problemas en el pie. García Mostazo alude a la sobrecarga en la zona del antepie, dolor intenso, problemas en las uñas o incluso rotura espontánea de algún hueso del pie. “Cuanta más edad, menos aguantamos el dolor”, señala.

Usar mucho tacón también puede acarrear problemas en la columna y la cadera. “Este tipo de zapatos provocan presión en las vértebras lumbares y aumentan su curvatura. A largo plazo, generan artrosis en la columna”, explica el podólogo.

Los problemas en la pisada se acrecentan con tacones estrechos y puntiagudos, ya que “la base de apoyo del talón es muy pequeña y aumenta la inestabilidad”. No obstante, el zapato más dañino es el de cuña alta, “porque se aguanta más tiempo”.

Antes de una caminata…

Elige un zapato que se adapte a ti. “Recomiendo un zapato cómodo –que no tiene por qué ser blando– con el que la persona se encuentre agusto”. Es importante calentar y estirar los músculos tanto antes como después de la marcha. “Así evitaremos que nos den calambres”, concluye el podólogo.

García Mostazo participa en la red de podólogos del Camino de Santiago, encargados de dar información y soporte a las personas que se enfrentan a este reto.

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