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En verano… ¡cuidado con los pies!

Nadar, correr, saltar… nuestros pies soportan muchas actividades en los meses de verano. Cuidarlos en esta época, en la que están más sensibles, es esencial para evitar futuros daños. El Colegio Oficial de Podología de la Comunidad de Madrid (COPOMA) recuerda cuáles son los grupos más vulnerables frente a estas lesiones y lanza una serie de recomendaciones para prevenir y concienciar de su cuidado

Pies verano
Imagen de pies en la playa EFE/Javier Etxezarreta.

El verano generalmente va asociado a algunas malas prácticas al caminar y calzarnos. Si no prestamos la suficiente atención al cuidado de nuestros pies es posible sufrir problemas como fascitis plantar o pie de atleta.

Por ello, desde el Colegio Oficial de Podología de la Comunidad de Madrid (COPOMA) lanzan una serie de consejos para evitar este tipo de lesiones, en especial a los colectivos más vulnerables.

Una actividad tan común en la época estival como caminar por la playa o piscina tiene multitud de beneficios para nuestro cuerpo. Fomenta la quema de calorías, tonifica el cuerpo y ayuda a la relajación.

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Cuidar los pies en los meses de verano es esencial para evitar ciertos problemas/ Imagen cedida por COPOMA

En el caso de la playa, el agua salada y el sol favorecen la curación de heridas y mejoran la piel. Sin embargo, existen multitud de problemas a los que nos exponemos.

Caminar por estos terrenos, normalmente irregulares, provoca que forcemos la musculatura y articulaciones de los pies, tobillos, caderas y rodillas por lo que nuestro cuerpo se ve obligado a adaptarse a esa situación.

La propia orilla del mar supone un riesgo por la cantidad de factores externos como piedras, conchas o el propio desnivel al que se tienen que enfrentar nuestros pies.

Es importante no ir descalzos o con un calzado inadecuado por estas superficies, ya que aumenta considerablemente el riesgo de padecer anomalías como fascitis plantar o metatarsagia. Quemaduras, infecciones por papilomas u hongos o heridas en la piel son otras de las lesiones habituales, sobre todo en piscinas.

Dependiendo del terreno y de las condiciones climáticas de cada momento y lugar, puede ser recomendable ir calzados y no descalzos, pero prestando especial atención al tipo de zapato que usamos.

¿Quiénes son más vulnerables?

Aunque todos estamos expuestos a sufrir daños en los pies hay colectivos que son más vulnerables a estas lesiones:

  • Las personas mayores: la propia edad ya provoca alteraciones óseas (como juanetes o dedos superpuestos). También son habituales las alteraciones dérmicas (durezas, sequedades u ojos de gallo) y las vasculares (trombosis). Tampoco deben olvidarse las conocidas “uñas encarnadas”.
  • Personas diabéticas: una patología muy común en este colectivo es el llamado “pie diabético”. Esta patología se complica por la conocida como neuropatía periférica que dificulta la curación de heridas y facilita la aparición de úlceras. Además, pueden sufrir alteraciones vasculares. La aparición de edemas, enrojecimientos, deformaciones o desplazamientos de huesos son también frecuentes.
  • Deportistas: aquellas personas que practican deporte de manera habitual están más expuestas a sufrir este tipo de lesiones, además de otros problemas en diferentes partes del cuerpo. Una de las anomalías más comunes es el conocido “pie de atleta”. Se trata de una infección producida por un hongo que provoca un fuerte picor y ardor. Aquellos que practican natación o running suelen padecerlo. Frente a esta patología es de vital importancia acudir a la consulta de un podólogo para que se prescriba el tratamiento más adecuado.
Cuida tus pies
Las plantas de los pies deben lucir sin manchas, descamaciones o enrojecimientos. EFE/ Julian Stratenschulte

Algunas recomendaciones de los especialistas

El Colegio Oficial de Podología de la Comunidad de Madrid  recuerda que  la importancia de un buen cuidado de los pies en la época estival es esencial para prevenir futuros problemas. En ese sentido debemos considerar:

  1. Utilizar un buen calzado y evitar las chanclas. Debemos evitar abusar de las chanclas porque con ellas forzamos los músculos al caminar. Lo ideal es usar unas buenas sandalias que vayan sujetas al pie y sean transpirables. Es aconsejable que no sean planas, sino que la suela tenga un poco más de altura en el talón.
  2. Realizar cuidados de higiene diarios. Es importante lavar e hidratar los pies a diario. Debemos hacerlo con jabón neutro prestando atención al lavado entre los dedos y a su secado. También es importante cortar las uñas frecuentemente y con un corte recto, para evitar que se claven.
  3. Visitar un Podólogo de confianza: contar con el diagnóstico y la opinión personalizada de un profesional es imprescindible para evitar problemas tanto presentes como futuros.
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