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Persistir, clave frente a un mundo adverso de incertidumbres y cambios

Persistir es clave para afrontar un mundo adverso en constante cambio y repleto de incertidumbres. La neurociencia nos explica por qué es mucho mejor persistir que resistir, actitud esta última de la que se ha hablado mucho durante la pandemia pero menos efectiva por su componente más inflexible y menos proactivo

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EFE/STEFAN ZAKLIN

Para David Bueno, doctor en biología, profesor  e investigador neurocientífco, persistir  es una actividad biológica, una actitud vital que comporta una serie de “consecuencias interesantísimas desde la perspectiva individual y social”.

En entrevista a EFEsalud, Bueno nos cuenta cómo  puede potenciarse y perfeccionarse a través de la experiencia y la observación y cómo esta práctica lleva a generar conexiones neuronales que están directamente ligadas a la actividad de la corteza prefrontal que es la que se relaciona con los sentimientos subjetivos de felicidad.

También  con la capacidad de razonamiento, la anticipación realista de las situaciones, la toma de decisiones y la gestión emocional.

En su último libro “El arte de persistir” (RBA) explica cómo la crianza, la educación, el medio ambiente, la memoria y hasta la lengua influyen en la forma en que cada individuo afronta los cambios y las incertidumbres y cómo esta práctica contribuye a las conexiones neuronales antes citadas.

“Así las diferentes formas de ver el futuro y de imaginarlo dependen de parámetros de funcionamiento cerebral asociados de forma directa a características de la personalidad, como el optimismo o la perseverancia..”

Pero la estructura cerebral, refiere, “no nos viene dada desde el nacimiento y tanto las experiencias pasadas como el momento presente influyen en como se construye y se reconstruye el cerebro”.

Un  cerebro humano está formado, de media, por unos 86 mil millones de neuronas pero la cifra no es especialmente relevante para nuestras funciones cognitivas y la forma en las que las manifestamos.

Pero “tener diez millones de neuronas no implica disponer de  capacidades extraordinarias, y tener diez millones menos no conlleva ninguna carencia significativa”, precisa.

La vida mental surge de las conexiones que crean las neuronas entre ellas, y es aquí donde estriba la importancia funcional del cerebro.

Se calcula que de media un cerebro humano contiene unos doscientos billones de conexiones, “pero un cerebro estimulado, que lee, piensa, estudia, disfruta, juega… puede tener hasta mil billones”.

Persistir frente a resistir

Cuando vienen mal dadas o estamos en un callejón sin salida, apunta este profesor, resistir es una de las opciones posibles aunque a menudo pueda terminar convirtiéndose en una especie de obligación cognitiva “y podemos pensar  que no hay más alternativa por falta de flexibilidad y en consecuencia de capacidad transformadora”.

Soportar los golpes no es dejarlos atrás sino continuar recibiéndolos, y esto  implica una actitud estática, “mientras que la persistencia está más relacionada con el optimismo, la motivación y la capacidad de autotransformación”.

Por otra parte, las neurohormonas implicadas en la motivación y en el placer también estimulan sensaciones de optimismo.

“Por este motivo las personas motivadas tienden a ser más optimistas y las optimistas tienden a motivarse con más facilidad”.

Tres elementos claves

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David Bueno, doctor en biología, investigador neurocientífico.

Según la psicología positiva, los tres elementos clave para el optimismo y una actitud de esperanza son :

1.- Tener objetivos, esto es planificar el futuro

2.- Encontrar diferentes maneras de alcanzarlos, es decir mantener una flexibilidad cognitiva adecuada.

3.- Creer en la propia  capacidad transformadora,  en definitiva persistir.

En resumen, fomentar desde la infancia las habilidades que conducen a la persistencia supone, a juicio de David Bueno, una gran inversión individual y social, pero no todo está perdido sino ha sucedido así.

Cuando uno es adulto también puede empezar a trabajar en estas claves, alejarse del pesimismo, e intentar desarrollar el optimismo y la proactividad ante cambios y adversidades.

El esfuerzo conducirá a activar  las conexiones neuronales de la corteza prefrontal y a medida que lo trabajamos, potenciamos la persistencia.

“Cada vez que nos damos cuenta de una actitud negativa y poco proactiva – y para darse cuenta hay que hacer introspección- debemos esforzarnos, porque cada vez que nos esforzamos más para buscar nuestras propias motivaciones, las conexiones que se activan en el cerebro se refuerzan”.

Esto significa que en ocasiones venideras cuando busquemos la proactividad y el optimismo, lograrlo será algo más fácil, concluye este profesor que actualmente ocupa el cargo de director de la Cátedra de Neuroeducación UB-EDU1EST de la Universidad de Barcelona.

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