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El cáncer infantil y las patologías tiempo-dependientes, análisis de la pediatría

Los pediatras, reunidos en el II Congreso digital de la Asociación Española de Pediatría (AEP), han dado la voz de alarma sobre el impacto de la pandemia en la salud mental de los menores. Otras cuestiones analizadas han sido el cáncer infantil y sus secuelas o las patologías tiempo-dependientes

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EFE/Robin Utrecht

El II Congreso digital de la Asociación Española de Pediatría (AEP), celebrado entre el 3 y el 5 de junio, ha reunido a más de 3.500 expertos.

Durante los tres días que ha durando el encuentro, los pediatras han debatido sobre cuestiones muy diversas como el impacto de la pandemia en la salud mental de los menores, el cáncer infantil, las patologías tiempo-dependientes, la enfermedad renal crónica o los hábitos saludables.

Cáncer infantil

Esta segunda edición del congreso digital de la AEP ha dedicado uno de sus bloques a la oncología pediátrica.

El cáncer infantil es una enfermedad poco frecuente que representa únicamente entre el 1 y 2 % de los casos detectados en adultos. En España se diagnostican cada año alrededor de 1.600 casos de enfermedad tumoral en menores, según datos del Registro Español de Tumores Infantiles (RETI).

De acuerdo con la la doctora Catalina Márquez Vega, directora de la Unidad de Pediatría y Áreas específicas del Hospital Universitario Virgen del Rocío (Sevilla), “a pesar de su baja incidencia, el cáncer sigue siendo la primera causa de muerte por enfermedad en los niños mayores de un año”.

El espectacular aumento en el índice de supervivencia experimentado en las últimas décadas (un 81 % a los cinco años según los datos del RETI-SEHOP de 2020) pone de manifiesto la importancia de elaborar un plan de seguimiento a largo plazo.

La larga supervivencia en cáncer, según la experta, “es una cuestión que nos planteamos desde hace unos años, cuando empezamos a ver el aumento espectacular en la supervivencia y, con ello, el número de personas que tendrá secuelas a lo largo de su vida. Se estima que 1 de cada 500 adultos ahora mismo puede ser superviviente de un cáncer infantil”.

La oncología pediátrica trabaja para intentar minimizar los efectos secundarios de los tratamientos y garantizar la calidad de vida de los pacientes, en los que las secuelas, tanto físicas como psicológicas, pueden manifestarse incluso varios años después de haber superado la enfermedad.

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Un adulto acompaña de la mano a un niño con cáncer por la planta del hospital/EFE/Ángel Medina G.

Patologías tiempo-dependientes

Las patologías tiempo-dependientes, en las que el pronóstico y supervivencia dependen directamente de la rapidez con la que se atiendan y traten, han centrado varias sesiones del congreso. 

La sepsis, los traumatismos abdominales y craneales y el ictus pediátrico figuran entre las urgencias pediátricas con elevadas tasas de mortalidad infantil si no reciben atención precoz.

  • Sepsis:

La sepsis aparece cuando la respuesta inmunológica del organismo contra una infección acaba lesionando los propios tejidos y órganos del afectado.  El 40 % de la mortalidad por sepsis a nivel mundial corresponde a niños menores de 5 años.

A la vista de estos datos,  los pediatras insisten en la importancia de fortalecer las acciones encaminadas al diagnóstico precoz de la sepsis y a la aplicación del tratamiento de forma urgente.

Hasta un 80 % de los casos de sepsis puede prevenirse mediante medidas higiénicas, mejorando el conocimiento de la población sobre la patología y sus síntomas de alerta, y promoviendo la vacunación frente a las diversas infecciones que la pueden desencadenar.

  • Politraumatismos:

Otra de las patologías tiempo-dependientes más frecuentes en niños son los politraumatismos, siendo las lesiones craneales y abdominales las más frecuentes.

El manejo de estas lesiones empieza en el momento del accidente. El paciente debe recibir una atención inicial sistematizada con objeto de detectar lesiones de riesgo vital y trasladarlo al hospital mejor dotado para el manejo de la patología que presente

  • Accidentes neurológicos graves:

El traumatismo craneoencefálico producido por caídas o accidentes es una de las urgencias más llamativas y frecuentes en la UVI pediátrica. Esta lesión es una de las causas principales de daño neurológico en los niños.

Amelia Martínez de Azagra, médico adjunto del Servicio de Cuidados Intensivos Pediátricos del Hospital Niño Jesús de Madrid y miembro de la Sociedad Española de Cuidados Intensivos Pediátricos (SECIP), subraya la importancia de las lesiones que pasan desapercibidas y horas más tarde pueden dan la cara de forma muy grave.

“En el caso de caídas más banales, los pacientes no van a mostrar síntomas de forma inmediata y no van a acudir al hospital. Son estos los casos que conviene vigilar estrechamente, porque las consecuencias de no atender a tiempo un traumatismo craneoencefálico pueden ser mortales”, explica.

Entre las señales que pueden alertar de la presencia de lesiones graves tras una caída se encuentran la irritabilidad, los vómitos o la somnolencia.

  • Ictus pediátrico:

El ictus pediátrico, a pesar de ser poco frecuente, se encuentra entre las diez primeras causas de muerte infantil.

Los síntomas más comunes de esta patología son los problemas para caminar, estar de pie, mantener el equilibrio y coordinar los movimientos, aunque también puede afectar a la comunicación, las sensaciones y la visión e, incluso, ocasionar problemas para ir al baño o tragar.pediatras congreso digital

En caso de observar alguna de estas señales en los pequeños, se debe acudir de forma inmediata a urgencias, donde se activará el Código Ictus. De no hacerlo, o hacerlo tarde, las consecuencias pueden ser irreparables.

Enfermedad renal crónica

La enfermedad renal crónica afecta a los riñones progresivamente hasta que dejan de funcionar.

 Mientras que en la edad adulta, la patología afecta a una de cada 10 personas, en los niños solo hay 100 casos por cada millón de población pediátrica.

La doctora Montserrat Antón Gamero, de la Unidad de Nefrología Pediátrica del Hospital Universitario Reina Sofía (Córdoba), una de las coordinadoras del Registro Español Pediátrico de Insuficiencia renal crónica (REPIR), explica que esta dolencia está estrechamente vinculada a enfermedades de los adultos que tienen que ver con el estilo de vida, como la diabetes o la hipertensión.

En el caso de la población infantil, es mucho menos frecuente y la causa “suele ser una malformación congénita del aparato urinario”, apunta la experta.

Al ser causada por una malformación congénita, la dolencia no se puede evitar pero es fundamental que los menores afectados adopten hábitos de vida saludables desde edades tempranas para prevenir su aparición en el futuro y hacer una detección lo más precoz posible de las alteraciones en la función renal para para empezar a tratarlas cuanto antes.

Los hábitos de vida saludables, factor decisivo en la salud incluso antes de nacer

El efecto que tienen en el recién nacido las intervenciones nutricionales durante el embarazo es otro de los temas que se han abordado en el congreso, y es que los hábitos saludables pueden determinar la salud incluso antes del nacimiento.

El estilo de vida de la madre desde la concepción hasta el segundo año de vida marcan la salud futura de su bebé.

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El ambiente y la nutrición que rodeen a madre e hijo en el período de gestación y en los meses posteriores al parto tienen un impacto decisivo en el riesgo de enfermedad en la adolescencia y en la edad adulta.

 

De acuerdo con el doctor Miguel Sáenz de Pipaón, miembro del Comité de Nutrición y Lactancia Materna de la AEP y especialista del Servicio de Neonatología del Hospital Universitario La Paz de Madrid, “el ambiente y la nutrición que rodeen a la madre y el niño durante los 2.000 primeros días que transcurren desde el momento de la concepción hasta el segundo año de vida del bebé, van a tener un impacto decisivo sobre la trayectoria de la salud a largo plazo y en el riesgo de enfermedad en la adolescencia y en la edad adulta”.

La alimentación del padre en los meses previos a la concepción también puede influir en la salud del recién nacido a largo plazo.

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