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La pandemia del coronavirus en cinco palabras

COVID-19, confinamiento, mascarillas, desescalada, nueva normalidad; cinco palabras que marcan la ruta y evolución del estallido de la pandemia del coronavirus en España, y también en el mundo con diferentes ritmos, desde mediados de marzo y el inicio del estado de alarma, hasta finales de junio, con la llegada de la nueva normalidad, y una sexta palabra: rebrotes

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Infografía EFE/Sara Mancebo

En España, la transmisión comunitaria del virus ha decaído, aunque ahora la amenaza son los rebrotes, que se cuentan por docenas, pero de momento controlados gracias a los esfuerzos de la atención primaria en detección precoz que están realizando las Comunidades Autónomas.

Fue a primeros de mayo cuando se superó el pico de la curva de contagios y muertes, y se empezó a hablar de desescalada, pero en buena parte del resto del mundo, sobre todo en América, el virus sigue golpeando duramente y en línea ascendente, como en Estados Unidos, Brasil o La India.

Los últimos datos cifran en más de 10 millones los contagios acumulados en todo el mundo, con más de medio millón de muertes. La pandemia no remite globalmente.

En España, se contabilizan cerca de 250.000 casos y los fallecimientos por causa del virus superan oficialmente los 28.300. El estudio de seroprevalencia realizado concluye que casi 2,5 millones de personas han tenido la enfermedad, asintomáticos, leves o graves, hospitalizados o no, lo que representa algo más del 5 % de la población.

El virus se ha desplazado de Este a Oeste en su efecto devastador de vidas, economías y empleos. Empezó en China, viajó a Europa y de allí a América, foco central de la pandemia en la actualidad.

EFEsalud ha seleccionado cinco palabras que definen la pandemia y marcan la ruta del virus desde su tremendo impacto en las sociedades y poblaciones hasta que remite en su capacidad de contagio y letalidad.

Palabras poco o nada conocidas o usadas hasta este 2020, pero que ahora forman parte de nuestra vida cotidiana, hábitos, rutina y vocabulario.

COVID-19

oposición coronavirus
Sanitarios preparan la carpa de tests rápidos para detectar el COVID-19 en el centro sanitario Canal Salat, de Ciutadella (Menorca). EFE/David Arquimbau Sintes

Es el nombre de la enfermedad que provoca el nuevo coronavirus, cuyo nombre clínico es SARS-CoV-2. Desconocida hasta finales de 2019, la COVID-19 ha causado la mayor crisis sanitaria en el mundo desde hace un siglo. Ni más ni menos.

Las noticias inquietantes llegaron desde la localidad china de Wuhan, en la provincia de Hubei, durante el mes de enero, pero a pesar de  las advertencias de la Organización Mundial de la Salud sobre el riesgo que entrañaba, no fue hasta finales de febrero, con la irrupción de la epidemia en el norte de Italia, cuando el temor empezó a expandirse por todo el mundo.

Declarada pandemia por la OMS el 11 de marzo, la COVID-19 parecía una modalidad de gripe, pero en los últimos tres meses y medio hemos comprobado que su capacidad de contagio está por encima de lo inicialmente previsto, y su peligrosidad y letalidad también. Aunque con alguna similitud, no es una gripe y no afecta solo a los mayores de 70 años, muchas personas de una edad menor, incluso jóvenes, han muerto.

No hay un tratamiento eficaz ni una vacuna, dos remedios sobre los que miles de científicos investigan a toda prisa en una carrera por encontrar una solución que acabe con esta brutal crisis sanitaria.

Es la gran palabra de 2020, una nueva enfermedad, muy contagiosa, peligrosísima, sin terapias, que ha paralizado al mundo entero, ha obligado a las personas a meterse en casa y ha provocado un antes y un después.

Confinamiento

No es una palabra nueva, pero su uso era esporádico. Hoy ya no lo es. El confinamiento, a falta de una terapia eficaz contra la COVID-19, ha sido el “medicamento” utilizado para frenar los contagios y proteger la salud pública.

Como hace un siglo, en la devastadora gripe de 1918, resguardarse y protegerse en casa, restringiendo derechos como el de movilidad o reunión ha sido la principal medida adoptada para que infectados y muertos no se hayan disparado todavía muchísimo más.

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La Plaza de Callao y la Gran Vía desierta esta Semana Santa por el confinamiento por coronavirus. EFE/Rodrigo Jiménez

Un estudio señala que en Europa, donde la pandemia empezó a remitir hace unas semanas, el confinamiento ha evitado más de 3 millones de muertes, y en España, 450.000.

Una medida drástica que nos ha cambiado la vida y ha hecho saltar por los aires nuestros hábitos y costumbres; y nos ha mostrado a las claras lo vulnerable y frágiles que somos y la incertidumbre en la que nos encontramos.

Ni la tecnología, ni la ciencia, ni la inteligencia artificial, ni el mundo digital de avances y aplicaciones ha podido evitar los contagios con alguna de sus herramientas o mecanismos.

Quédate en casa ha sido la consigna, Confinamiento y movilidad escasa, solo para comprar comida, acudir a un centro de salud o algún motivo excepcional de fuerza mayor. Confinamiento en el Siglo XXI para frenar una enfermedad. Increíble.

Mascarillas

Son el icono central de la pandemia. La demostración de que el mundo ha cambiado. La mascarilla es la barrera protectora por excelencia, aunque como medida complementaria al distanciamiento físico de 1,5-2 metros, que es lo ideal, aunque no siempre posible.

La mascarillas en España o Europa se asociaban a una pintoresca muestra de seguridad de muchos asiáticos, también vinculada a la protección frente a la contaminación de las ciudades, pero ahora se ha convertido en todo el mundo en referencia básica para evitar los contagios que produce la COVID-19.

Pasajeros en el metro de Sao Paulo, Brasil, protegidos con mascarillas por el coronavirus. EFE/Sebastião Moreira

Al principio de la explosión de la epidemia, a mediados de marzo, escaseaban y resultaba imposible adquirirlas en las farmacias. No hubo suficientes ni para los profesionales sanitarios, pero semana a semana, fueron llegando suministros y ahora es un símbolo de nuestra fragilidad, obligatoria en los transportes y con carácter general, siempre que no se pueda mantener la distancia interpersonal, lo que sucede más de lo que quisiéramos.

La mascarilla es nuestra compañera más fiel cuando salimos de casa, debemos llevarla siempre y ponerla en la cara para tapar boca y nariz en cuanto haya atisbo de aproximación de personas o riesgo de aglomeraciones.

¿Hasta cuándo la tendremos que llevar puesta la mascarilla?  Esta pregunta, como otras derivadas de las consecuencias de la pandemia, no tiene respuesta, mínimo todo 2020 y en 2021 y veremos. En todo caso, será imprescindible mientras no haya una vacuna o un tratamiento eficaz.

Mascarilla, una palabra conocida y utilizada de vez en cuando. 2020 es sin duda el año universal de las mascarillas.

Desescalada

Esta palabra sí es nueva. Se ha convertido, tras los momentos más duros de la pandemia (marzo y abril en España, también primeros de mayo), en expresión estelar. Desescalada o desconfinamiento, señal de que las cosas no van mal y la evolución de la epidemia empieza a dar muestras positivas de control del virus y disminución de casos y muertes.

Ha sido la etapa emprendida para ir superando progresivamente el confinamiento y comenzar a dar pasos para salir de casa, recuperar movilidad, mantener reuniones, abrir comercios, centros culturales, hoteles, terrazas, locales de ocio, siempre con limitaciones en los aforos.

La desescalada, que comenzó en España entrado mayo y ha concluido  casi a finales de junio, permitió volver a la actividad social, aunque con grandes cautelas y enormes precauciones.

El virus sigue ahí“, se ha repetido y reiterado durante la desescalada, a pesar de la remisión de los momentos brutales del pico de la epidemia.

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Un hombre pasea con su bicicleta por el centro de Madrid en una jornada marcada por el intenso calor, que perdurará los próximos días/EFE/Ballesteros

En España se hizo en cuatro fases (0, 1, 2 y 3), de forma gradual, asimétrica y coordinada y cogobernada entre el Gobierno central y las Comunidades Autónomas, hasta llegar a la llamada nueva normalidad, nuestra quinta y estrenada palabra, que está formada por dos.

Nueva normalidad

La nueva normalidad viene a ser una nueva realidad y la forma de adaptarse a ella. Es una expresión controvertida, porque nuevo y normal parecen términos contrarios, pero ha calado social y mediáticamente y se ha consolidado.

Es la etapa en la que estamos ahora en España desde que el 21 de junio concluyó el estado de alarma tras casi 100 días.

La nueva normalidad no tiene rango de final de la pandemia, ni mucho menos. Es una nueva realidad social donde la normalidad de siempre, o la de antes, no es posible y hay que adaptarla a una situación donde el riesgo de contagio , de volver a poner en jaque al sistema sanitario y de agravar la enfermedad sigue presente y no es en absoluto descartable.

El virus no ha sido derrotado, sigue al acecho“, se sigue repitiendo también en la nueva normalidad.

Y en esta etapa. no debemos ni relajarnos ni bajar la guardia, ni olvidar las cuatro reglas de oro de convivencia, hábitos y relaciones sociales: distancia física de 1,5 metros; lavado frecuente de manos; uso de la mascarilla e higiene en espacios públicos y privados, como por ejemplo los centros de trabajo.

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Varias personas disfrutan de un bar la Plaza Mayor de Valladolid. EFE/Nacho Gallego

En España llevamos 10 días instalados en esta nueva normalidad que, como en el resto del mundo, durará muchos meses. No sabemos cuántos.

Una nueva normalidad en la que el riesgo de rebrotes, como ya está sucediendo, va a ser compañero inseparable de esta nueva etapa.

Los brotes o rebrotes serían nuestra sexta palabra, pero de momento lo dejamos aquí.

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