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Pandemia en adolescentes y niños: Un millón de infectados, pero menos del 1% ingresado

Tras un año y medio de pandemia las cifras han dejado reflejado el generoso impacto que tiene la covid en los niños y adolescentes. La sintomatología de los menores es más suave, aunque algunos de ellos no se han librado de la hospitalización y el ingreso en las ucis. Pero la Asociación Española de Pediatría lo tiene claro: “Vacunarles es indispensable”

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Varios jóvenes hacen cola en el centro de vacunación en el Instituto Ferial de Vigo. .EFE / Salvador Sas/Archivo

Casi un millón de niños y adolescentes se han infectado de Sars-CoV-2 en la pandemia, un virus que, aunque este verano se está regodeando con ellos, les sigue tratando de forma más benevolente que a los adultos: menos del 1 % ha sido hospitalizado y un 0,05 % ha acabado en la uci, con una letalidad que apenas roza el 0,005 %.

Son algunas de las cifras que deja año y medio de pandemia entre los más jóvenes que, pese a acusar menos los estragos de la enfermedad, que manifiestan con una sintomatología más leve e incluso diversa que los mayores, también padecen alguno de los más indeseados como es la covid persistente.

Por eso y porque si ellos no están protegidos, no lo estarán los demás, deben vacunarse: en un momento en el que la meta del 70 % de la población vacunada -que el Gobierno confía en alcanzar esta semana- se ha revelado insuficiente, si no se vacuna a los adolescentes “no llegaremos al control funcional de la pandemia”.

Así lo recalca a Efe el coordinador del Grupo de Trabajo de la Asociación Española de Pediatría (AEP) para la Reapertura de la Escolarización, Quique Bassat, quien apunta a otro de los hechos constatados en estos 18 meses: la escuela ha sido el lugar más seguro y, aunque no era lo deseable, tendrán que empezar el curso con las mismas medidas de seguridad con las que lo dejaron, estén vacunados o no.

La quinta ola, elevado número de contagios

“Cuando les enmarcas en un sistema que está bien reglado, con unas medidas bien establecidas que se les obliga a seguir en la escuela o en la universidad, la transmisión es relativamente baja, y eso es lo que ha sucedido en el año escolar”, comenta el también investigador del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal).

Pero cuando “acaba esta supervisión de medidas de prevención y los sueltas en viajes escolares, vacaciones, colonias, campamentos, en los que no hay un gran control, la transmisión se desmadra”.

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Imagen de la vacunación de jóvenes de 16 a 19 años en la Comunitat Valenciana. Archivo/EFE/Manuel Lorenzo

Esto es lo que ha pasado desde finales de junio: en la semana del 14 al 20, cuando la incidencia global en España llegaba a mínimos por debajo de 100, la de los menores de 5 años era de 31; la de la franja 5-9, de 37 y la de 10-19, de 70, según la información notificada a la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (Renave).

Los últimos datos de Sanidad elevan la incidencia de los menores de 11 años a 471 y la de 12-19 años a 997 tras haber superado cotas de 1.600.

El número de contagios ha sido la principal diferencia con otras olas, “no porque el virus sea peor en esta edad o diferente, sino porque los únicos susceptibles que ha encontrado el virus son los más jóvenes. Simplemente son los que estaban listos para infectarse”, añade el epidemiólogo.

Algo similar pasó a la vuelta de navidades: “Estuvieron protegidos en el primer trimestre en la escuela, pero fue salir esas tres semanas a un ambiente de alta transmisión y volver a subir mucho los números”, rememora.

Apenas casos graves

Los niños desarrollan un curso clínico mucho más leve que los adultos y, pese al papel de supercontagiadores que se les atribuyó al principio, también infectan menos.

Su sintomatología “suele ser más difusa y menos específica”, con más prevalencia de episodios gastrointestinales, aunque la delta ha traído un común denominador para mayores y pequeños, que ahora presentan más “mocos, sensación de nariz tapada y otros síntomas más gripales” que con otras variantes.

Una reciente actualización del documento “Covid-19 en distintos entornos y grupos de personas” de principios de agosto indica que desde el inicio de la pandemia el porcentaje de hospitalización en menores de 18 años ha sido inferior al 1 % y de un 0,05 % de ingreso en uci.

La letalidad apenas se ha movido del 0,005 %: en total, 27 niños de hasta 17 años han fallecido de covid en nuestro país, según los datos del SiViEs.

Pese al incremento de contagios este verano -más de 250.000 de entre los 930.000 menores de edad contagiados desde junio de 2020, dos terceras partes de ellos de entre 10 y 19 años-, Bassat asegura que las hospitalizaciones se moverán en rangos parecidos, aunque aumenten en números absolutos.

Las cifras son ligeramente mayores en bebés por debajo del año: la tasa de hospitalizados es del 2,8 %, la de ingresos uci del 0,1 % y la letalidad del 0,01 %.

El experto tranquiliza: “Todas las infecciones respiratorias suelen ser peores en los menores de un año que en los mayores”. “Pasa con el sincitial y otros muchos que, en los pocos cuadros que se dan graves, en esta franja lo son más porque el sistema inmune no está del todo construido y no tienen la independencia para avisar, moverse o respirar que tienen los mayores”.

Con todo, también pueden tener un curso grave de la enfermedad e incluso sufrir el impacto de la covid persistente, independientemente de si son asintomáticos.

La incidencia es similar a la de los mayores y se calcula en torno a un 10 %. Sus principales secuelas son la fatiga, dolor de cabeza, disnea, debilidad, confusión mental, deterioro cognitivo y cambios de humor.

¿Y cuando empiece el colegio?

Aun en el curso escolar, los niños tienen mucha mayor probabilidad de contagiarse en sus hogares.

Nueve de cada diez menores de 1 año se infectaron en casa y el 5 % en la guardería; en la franja de 2 a 5 años, los porcentajes se sitúan en el 80 % y 16,6 %, respectivamente; en la de 6 a 11 años, en el 83,2 % y 13,5 %; en la de 12 a 15 años, en el 79 % y 16,2 %; y en la de adolescentes de 16 y 17 años, en el 73,1 % y 14 %, según los datos de Sanidad.

“Aquí la presencialidad ha funcionado porque las medidas se han seguido de manera superestricta” y “si queremos volver a la escuela presencial, habrá que empezar de la misma manera que acabamos, con las mismas medidas, que funcionaron tan bien cuando no había vacunas”, recalca el portavoz de la AEP.

Ahora las hay, aunque por ahora solo pueden pinchárselas los mayores de 12 años, hasta que Pfizer y Moderna concluyan sus ensayos en niños de 5 a 11 años, cuyos resultados esperan en otoño.

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Un estudiante usa un ordenador portátil en clase y con mascarilla. EFE/EPA/Etienne Laurent/Archivo

Todos deberán seguir las mismas normas, vacunados o no, ya que “al fin y al cabo estarán mezclándose”; la única diferencia, como ocurre con los adultos, es que los que sí lo estén no tengan que hacer cuarentena en caso de ser contacto estrecho.

La necesidad de vacunarse

Este investigador lo tiene claro: “Vacunarles es indispensable para que lleguemos a una protección grupal más eficiente. Si no les vacunamos, evidentemente no llegaremos al control funcional de la pandemia”.

Las escuelas ofrecen para ello una plataforma logística “imbatible”. “Sería un error no aprovecharla porque además contribuiría a la normalización de esta vacuna”, zanja.

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