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Paco Arango: “Estos niños me han robado mi vida”

El cáncer tiene siempre historias duras detrás, intensas, injustas; si además hablamos de niños o de jóvenes la realidad estalla de manera incomprensible. Mucha ayuda, apoyo material y emocional es lo que les ofrece la Fundación Aladina y más aún, una enorme sonrisa y todo el corazón de sus voluntarios

Paco Arango: “Estos niños me han robado mi vida”
Imagen cedida por Fundación Aladina

Empresario, cantante, director, productor, creador… podríamos definir de muchas maneras a Paco Arango pero desde 2005 es también el genio de la lámpara. Ni mucho menos se define a sí mismo de este modo pero cuando creó la Fundación Aladina llevó más que magia a uno de los lugares donde más se necesita.

Tras cuatro años como voluntario en el Hospital Niño Jesús compartiendo horas y juegos con niños y jóvenes con cáncer, esta experiencia cambió su vida y decidió crear su propia fundación para ayudar a los afectados y a sus familias. ¿Por qué Aladina? Porque fue una divertidísima serie de televisión, protagonizada por Paz Padilla, que Paco Arango creó y produjo para TVE: gustaba a los niños y tenía mucha magia, de ahí que adoptara el mismo nombre.

Las risas y la ilusión impregna todas las acciones de esta fundación. No se pueden perder el divertido vídeo que han protagonizado niños y personal de la Fundación Aladina en www.sonrisasdulces.com Por cada click que hagamos en él, caramelos Miguelañez donará cinco céntimos para la Fundación Aladina.

Ahora este es su día día, ayudar, ayudar y ayudar. Su experiencia como voluntario dio un gran fruto, la Fundación Aladina. 
Paco Arango, director de la Fundación, Aladina, durante una de las tardes compartidas con los pequeños.
Paco Arango, director de la Fundación, Aladina, durante una de las tardes compartidas con los pequeños. Imagen cedida por Fundación Aladina.

Quería donar mi tiempo. No fui yo quien escogió niños con cáncer, dije que quería algo duro y me lo propusieron. Aterricé un miercoles en 2001 y me robó mi vida. De repente empecé a ir todos los días y desde entonces estoy ahí dándole, dándole.

Usted da mucho pero ¿cuánto recibe? 

Lamentablemente la frase cuanto más das más recibes suena a frase hecha cursi, pero es tan verdad. Yo era un tipo alegre, buena persona pero no me fijaba en los árboles; es una metáfora, pero tú vas caminando y los árboles están ahí y no te das cuenta. He recibido la sensación de que la vida es muy preciosa, hay que vivir cada día, amar mucho en todos los sentidos y así tiene sentido. Cuando estoy con estos niños tengo la sensación de que no me equivoco. Estoy haciendo lo correcto y ese es uno de los grandes regalos.

¿Qué es Aladina?

Hacemos de todo, el cáncer infantil es como una bomba que explota en toda la familia, cuidamos a los niños pero también a las familias. Estamos todas las tardes con los niños; el acompañamiento es clave; hacemos mejoras hospitalarias, por ejemplo, la sala de trasplantes Maktub en el Hospital Niño Jesús que lleva 200 trasplantes en dos años. Les ponemos internet, consolas; cuidamos mucho a los familiares. Cuando llega un padre le digo, me preocupas tú mucho más que el niño.

¿Cómo lo asume un padre?

Es el mayor castigo al alma de una persona, que tu hijo esté enfermo. Yo no tengo hijos pero lo veo y es inexplicable. Es quizás mi mayor motivación, intentar dentro de lo posible echar algo de luz entre tanta oscuridad.

Cuando la medicina fracasa y se nos va un angelito, cuidamos a los padres un año después y los juntamos entre ellos. Eso surgió porque hice una cena hace mucho tiempo éramos 30 y todos padres que habían perdido a niños. Me decían estás loco, ¿qué va a pasar ahí?, pero fue mágico porque la tristeza de un padre, que es insuperable, empata con el padre que ha perdido otro niño y cuando los juntas surge una especie de catarsis. No te digo que cura, pero alivia. Reciben una paz que aunque tenemos una psicooncóloga, que hace un papel maravilloso, no es lo mismo que entre ellos.

¿Quienes hacen posible Aladina?

Somos muy pocos de base; tenemos una oficina que trabaja todo el día para generar fondos para hacer socios y darnos a conocer, que es el corazón de una Fundación. Luego tenemos plantilla de psicooncólogas, como Lorena que empezó conmigo hace 14 años y que está en los hospitales; el resto, un montón de voluntarios que son como hermanos y primos y somos una gran familia.

Imagen cedida por Fundación Aladina.
Imagen cedida por Fundación Aladina.
A los niños y jóvenes en esta situación, no se les puede ayudar del mismo modo.

El adolescente es el ser más incomprendido del mundo. Un dato espeluznante, cuando un adolescente no es tratado en un hospital pediátrico hay un 30% más de supervivencia. Nosotros en los hospitales ponemos salas de adolescentes, donde no pueden entrar ni médicos, ni enfermeras ni padres. Creamos un ambiente para ellos, porque estando en la edad del pavo tiene dos castigos, el cáncer y estar todo el día con sus padres. Pierde su identidad.

Es muy importante que dentro del hospital sean traviesos sean divertidos, se encuentren con otra gente y es maravilloso porque los adolescentes son magia pura. Somos una gran aspirina contra los dolores de los adolescentes.

¿Qué es un embajador Aladina?

Es alguien que quiere ayudar a Aladina que tiene capacidad de ayudar en los medios, o en su pueblo o capacidad de querer propagar que nosotros somos una formación que hace el bien, que nos quiere ayudar y se convierte en un embajador. Le damos más información y forma parte de nuestra familia; toda la información está en www.aladina.org

Todas esas personas generosas son de perfiles distintos. ¿Qué razones le dan para querer ayudar?

El cáncer es un gran enemigo; en niños y adolescentes es una gran tragedia. Yo era un cateto cuando empecé pero ahora el cáncer infantil me tiene mucho miedo; no te digo que me huya pero nos hemos pegado un buen par de buenas leches. Y alguna le he dado y donde más le duele. Cuando alguien ve eso y ve lo efectivos y lo entrañables que somos pues es muy fácil decir quiero ayudar y eso ocurre con quien nos conoce. Parece que estoy presumiendo pero me da igual.

El médico tiene que curar el cuerpo y se tiene que proteger; mis voluntarios y yo tenemos que sufrir cada niño como si fuesemos un familiar; si no sufrimos y no lloramos lo estamos haciendo mal. Qué nos cura, yo creo que el de arriba, yo creo en Harry Potter, he visto muchas cosas malas y he visto mucho milagrito en el hospital; creo que nos echan una gran mano; hay doctores de bata blanca algo invisibles que nos echan un gran cable.

¿Qué cosas te cuentan los niños?, ¿qué es lo que más te ha impactado?

Tantas cosas, son tantos lamentablemente. He perdido muchos niños en estos catorce años y cada uno lo tengo tan cercano a mi corazón. El mismo Antonio que hizo mi pelícuta Maktub; Antonio era un chico que se curó y en mi guión que estaba escribiendo con su permiso, él tenía que fallecer. Yo decía cuando vea que el personaje se muere me cruje y lamentablemente todo lo que escribí ocurrió. La frase de Antonio es: la vida hay que vivirla a tope y su nombre de rap era “el arquitecto”. Con el dinero de esa película hemos construído el centro de transplantes, quizá el más importante de España.

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