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Oír por primera vez

Ha llegado el “gran día” para Manuel. A este pequeño de ocho meses, sordo de nacimiento, le han activado el primero de los dos implantes cocleares que le pusieron hace justo un mes. Unos dispositivos que le permitirán oír, escuchar, aprender a hablar y llevar una vida absolutamente normal

Oír por primera vez
Manuel, un bebé de ocho meses que nació sordo, en la consulta del madrileño hospital de La Paz donde ha comenzado a escuchar sus primeros sonidos, entre ellos, las voces de sus padres (en la imagen junto al pequeño), gracias al primero de los dos implantes cocleares que le pusieron hace un mes, unos dispositivos que le permitirán escuchar, aprender a hablar y llevar una vida absolutamente normal, según ha explicado el jefe de sección de Otorrinolaringología (ORL) de Infantil de La Paz, el doctor Ignacio Rabanal (i). EFE/Fernando Alvarado

El protagonista del día llega a la consulta del madrileño Hospital Universitario de La Paz, en los brazos de su padre, que también se llama Manuel, vestido de azul y con los ojos bien abiertos, como el gran observador que se intuye que es, ante la atenta mirada del equipo médico que lleva su caso y que va a presenciar la activación del dispositivo para que pueda oír.

Su madre, Ana, también está presente y reconoce a Efe -a la que han invitado a presenciar la reacción del bebé ante los primeros sonidos que oye-, que fue un momento “duro” cuando les confirmaron que Manuel era sordo, como su hermana mayor, pero también eran conscientes de que “había un camino de total esperanza y de normalidad”. “Una prueba dura, que se puede superar”, asegura con una sonrisa.

Y es que a la hermana del pequeño Manuel también le tuvieron que poner implantes cocleares. Su padre tiene otro y ambos hacen una vida normal, por eso, Ana sostiene que “en su caso ya tenían una prueba superada con éxito”.

Estos implantes, son unos dispositivos por los cuales un niño que no oiría nunca va a poder hacerlo, según explica a Efe el jefe de sección de Otorrinolaringología (ORL) de Infantil de La Paz, el doctor Ignacio Rabanal.

La diferencia con el audífono, según apostilla el jefe de Sección del Servicio de ORL de La Paz, el doctor Luis Lassaletta, es que éste amplifica el sonido, mientras que el implante es un dispositivo quirúrgico que va a transformar el sonido en energía eléctrica.

Las personas que no pueden oír tienen dañadas las células ciliadas del oído interno, que son las que convierten las señales acústicas en eléctricas y las transmiten al nervio auditivo, carencia que se logra suplir con el implante.

“El implante es útil cuando ya no nos vale el audífono porque la sordera es profunda”, añade a Efe Lassaletta, quien abunda en que para colocarlos es necesario una operación, que no dura más de tres horas.

Hace años, prosigue el experto, era una intervención larga y compleja y hoy en día es una cirugía más o menos rutinaria que consiste en hacer una incisión pequeña detrás de la oreja para colocar el dispositivo debajo de la piel y un cable con unos contactos que estimulan directamente el nervio auditivo desde la cóclea.

Normalmente, la activación del aparato se produce un mes después de la intervención, cuando ha bajado la inflamación. Que es lo que le esperaba al pequeño Manuel.

Generalmente en los niños se implantan de forma bilateral “porque es la forma de maximizar la posibilidad de que oigan por los dos oídos”, afirma Lassaletta.

Actuar de manera inmediata ante la sordera

Ante la sordera de un bebé hay “que actuar lo antes posible y para eso están los sistemas de cribado auditivo” en los hospitales tras el nacimiento, “una herramienta que permite hacer un diagnóstico precoz”, explica el doctor Rabanal.

“La clave es hacerlo antes del año o de los dos años de vida”, concreta Lassaletta.

Justo cuando se lo han hecho a Manuel.

Momentos antes de que la ingeniera clínica de MED-EL -la empresa desarrolladora del dispositivo- active el implante del oído derecho del pequeño, sus padres esperan que reaccione bien ante los primeros sonidos que va a escuchar en su vida. Cuando pasaron por lo mismo con su hija mayor, ésta lloró.

El pequeño Manuel no ha llorado, pero su madre no ha podido aguantar las lágrimas. El bebé de ocho meses ha estado atento y mirando de un lado para otro mientras escuchaba esos primeros sonidos, a los que han seguido las voces de sus emocionados padres.

“¡Manuel, Manuel, mira!” le decían, y él, a veces con una incipiente sonrisa, los miraba, lo que confirmaba, sin lugar a dudas, que escuchaba.

Ha sido el “gran día” del pequeño, como adelantaba el doctor Lassaletta. A partir de ahora inicia el camino de la recuperación, con el equipo de logopedia del hospital, que le ayudará a entender los sonidos que escucha y empezar así a aprender a hablar y a llevar una vida completamente normal.

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