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Nuevas recomendaciones sobre consumo de grasas y aceites en un documento de consenso

Fijarnos en los alimentos que tomamos y no tanto en los nutrientes aislados que contienen, en este caso los ácidos grasos, es una de las novedades de un documento de consenso de la Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética (FESNAD), que actualiza los conocimientos y evidencias sobre el papel de las grasas en la salud

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Nuevas recomendaciones sobre consumo de grasas y aceites en un documento de consenso
Recipientes con aceite de oliva preparados para una cata/EFE/Esteban Cobo

La grasa está formada por distintos tipos de ácidos grasos (AG) y es un nutriente importante para una alimentación variada y equilibrada, pero su calidad, más que su cantidad, tienen una gran influencia sobre la salud.

Por ello, la FESNAD, en el marco de un Congreso celebrado en Sevilla semanas atrás, ha presentado un detallado documento de consenso sobre las grasas y aceites en la alimentación de la población adulta española.

Dicho documento, financiado gracias a la contribución de Unilever, recoge la evidencia científica obtenida a partir de diversos estudios publicados entre los meses der enero de 2004 y 2014 sobre las grasas en la alimentación y el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares (infarto de miocardio, angina de pecho y accidente vascular cerebral) o diabetes.

El aceite reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares
EFE/José Pedrosa

Las publicaciones se examinaron para averiguar su calidad, consistencia y relevancia de cara a emitir recomendaciones válidas; además, se analizaron datos de encuestas nutricionales recientes en la población española.

Una de las novedades del documento, informan sus autores, es que se deja de considerar a los nutrientes, tales como los ácidos grasos, como unidad nutricional básica y se da más importancia a los alimentos que los contienen (aceites procedentes de frutos o semillas, frutos secos, carnes, productos lácteos, etc…).

Este nuevo razonamiento se sostiene en que además de ácidos grasos, los alimentos contienen multitud de nutrientes, capaces de interaccionar con estos sobre vías metabólicas relevantes para la salud.

EFEsalud ha resumido los diferentes ácidos grasos con sus fuentes alimentarias, evidencias y recomendaciones.

Ácidos grasos saturados (AGS)

Fuentes alimentarias:  Carne y derivados, lácteos como mantequilla, queso y leche.

Evidencia: La ingesta de AGS en comparación con hidratos de carbono aumenta significativamente el colesterol total

Recomendación: Su consumo debe ser tan bajo como sea posible en el contexto de una dieta nutricionalmente adecuada

Ácidos grasos trans (AGT)

Fuentes alimentarias: Productos lácteos, carnes de rumiantes, productos de repostería, bollería infantil, frituras.

Evidencia: A partir de una ingesta del 2% de la energía, los AGT se relacionan con diversos factores de riesgo cardiovascular y contribuyen a aumentar el riesgo de enfermedad cardíaca coronaria

Recomendación: La ingesta de AGT debe ser lo más baja posible y no superar el 1% de la energía total.

Ácidos grasos monoinsaturados (AGM)

La dieta mediterránea con frutos secos reduce el riesgo cardiovascular
Algunos productos básicos de la dieta mediterránea/EFE/Paco Torrente

Fuentes alimentarias: Frutos secos, aceite de oliva (ácido oleico), aceites de semillas.

Evidencia: Las dietas ricas en AGM tienen efectos beneficiosos sobre el perfil lipídico u otros factores de riesgo cardíovascular.

Recomendación: En base a los datos del estudio PREDIMED (PREvención con DIeta MEDiterránea), la ingesta deseable de AGM es de un 20/25 por ciento de la energía diaria, con el aceite de oliva como fuente principal.

Ácidos grasos poliinsaturados n-6 (AGP n-6)

Fuentes alimentarias: Aceites como girasol, maíz o sésamo; frutos secos como nueces, pecanas y piñones; cereales integrales; margarinas.

Evidencia: La ingesta de AGP n-6 es beneficiosa para el riesgo cardiovascular y de la diabetes.

Recomendación: La ingesta deseable de AGP n-6 se sitúa entre un 5 y un 10% de la energía diaria.

Ácidos grasos poliinsaturados n-3 (AGP n-3)

Fuentes alimentarias: Pescado azul como atún, salmón, sardina, caballa, jurel, anguila, anchoa o boquerón; y marisco.

Evidencia: Discreto efecto hipertensivo y reducción de eventos cardiovasculares.

Los alimentos "funcionales" se llaman pimiento, nueces, sardinas o pollo
Una sola sardina tiene el equivalente a casi 6 litros de leche enriquecida con Omega 3. EFE/John Riley

Recomendación: Consumir pescado o marisco al menos tres veces por semana, dos de ellas en forma de pescado azul, para reducir el riesgo de enfermedades cardíovasculares.

Grasa total

Evidencia: Las dietas altas en grasa total son inocuas y pueden ser beneficiosas para la salud mientras la mayor parte de la grasa sea monoinsaturada o poliinsaturada.

Recomendación: Puede consumirse una dieta alta en grasa total, en vez de alta en hidratos de carbono, sin ningún peligro para la salud y con posibilidad de mejorarla, siempre que se trate de grasas insaturadas de procedencia vegetal.

Una opinión experta

EFEsalud ha entrevistado a Ana Palencia, directora de Comunicación de Unilever, licenciada en Ciencias Químicas y Doctora en Nutrición y Metabolismo, sobre este documento.

¿Qué novedad aporta?

Hasta el momento la nutrición se ha centrado fundamentalmente en los nutrientes y no tanto en los alimentos. Es decir, se ha estado evaluando si una alimentación es adecuada o inadecuada en base a los nutrientes ingeridos como azúcar, sal, grasas, fibra etc, más que el alimento en sí: carne, pescado, aceite, frutos secos, fruta etc.

En este sentido, uno de los conceptos más importantes que aporta este documento es el hecho de que además de los nutrientes, también es fundamental tener en cuenta los alimentos (aceites, semillas, frutos secos, carnes, margarina, pescado etc.) que contienen los nutrientes (en el caso de las grasas, al hablar de nutrientes nos referimos fundamentalmente a los ácidos grasos).

Este es un documento técnico dirigido sobre todo a los profesionales, pero ¿qué consejos se pueden dar al consumidor? ¿Cómo se puede traducir el documento de forma útil para los ciudadanos y su salud?

Gran parte del contenido de este documento puede trasladarse a recomendaciones para la población en general. Este es uno de los puntos más positivos.

Hay diferentes tipos de grasa: saturadas, monoinsaturadas y poliinsaturadas, que tienen diferentes efectos en la salud.

El documento destaca que los españoles estamos tomando suficiente grasas monoinsaturadas gracias a que ingerimos aceite de oliva diariamente, mientras que para las grasas poliinsaturadas estamos en la franja más baja de la recomendación de la Organización Mundial de la Salud.

Este hecho es muy importante ya que se ha comprobado que sustituir un 5% de la energía a partir de grasas saturadas por grasas poliinsaturadas reduce hasta un 10% el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de mortalidad en España.

Ana, ¿cuál es el reto en materia de nutrición en un momento en el que confluyen un gran interés social, pero también confusiones, controversias y opiniones muy variadas respecto a las dietas y una alimentación saludable?
Ana Palencia, Directora de Comunicación de Unilever España, durante su intervención. EFE/Lucía Robles

La nutrición es una ciencia muy nueva en la que aún nos queda mucho camino por recorrer y en la que tenemos que aprender mucho. Por tanto, la investigación es clave para ayudar a avanzar en un conocimiento más profundo y con un mayor grado de certeza.

Lo que sabemos hasta el momento es que la mejor manera de alimentarnos es seguir una alimentación variada y equilibrada, en la que no hay alimentos buenos o malos, sino que todos ellos se pueden incluir pero en las cantidades adecuadas.

Por tanto, tenemos muchos retos por delante que desde los diferentes ámbitos de la sociedad debemos abordar para avanzar hacia una mejor alimentación de la población.

Debemos trabajar conjuntamente gobiernos, empresas, investigadores y profesionales de la salud para ofrecer los mejores productos a nivel nutricional pero también a nivel de sabor, así como para aumentar el conocimiento en nutrición y para educar a la población en unos buenos hábitos alimentarios.

En este reto pueden contribuir también los medios de comunicación, ayudando a transmitir a la población mensajes serios y contrastados, como el Documento de FESNAD, y no tendencias o rumores científicamente poco contrastados.

 

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