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Hacia la “nueva normalidad”, buen momento para adoptar hábitos saludables

Aprovechando el desconfinamiento, la Fundación Española del Corazón sostiene que la vuelta a la práctica de ejercicio físico es una buena oportunidad para mejorar nuestro estado de salud tras más de dos meses de aislamiento. Acompañado de una alimentación variada y equilibrada puede ayudar a prevenir y tratar las enfermedades cardiovasculares, además de reducir la vulnerabilidad ante una posible infección, como la del coronavirus SARS-CoV-2

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Un corredor por el Jardín del Turia. EFE/ Miguel Angel Polo

Además de seguir una alimentación variada y equilibrada y llevar unos patrones de descanso y trabajo adecuados, “la actividad física es el principal antídoto frente a la obesidad, el sobrepeso y sus consecuencias metabólicas, que se manifiestan en las enfermedades crónicas más vinculadas a riesgo de hospitalización y mortalidad por la COVID-19; entre ellas, las cardiovasculares”.

Así lo explica la doctora Amelia Carro, coordinadora del Grupo de Trabajo de Cardiología del Deporte de la Sociedad Española de Cardiología (SEC).

Por eso, tanto la SEC como la Fundación Española del Corazón (FEC) valoran de forma positiva que se haya concedido un rol importante a la actividad física durante la salida del confinamiento, aunque piden prudencia y responsabilidad en el inicio o reanudación de la actividad física.

¿Cómo iniciar o reanudar la actividad física?

“Existen muchos determinantes que condicionan el inicio o reanudación de la actividad física, pero podemos simplificar estableciendo tres grandes grupos”, apunta la experta en cardiología del deporte.

En el primero se encuentran todos aquellos que tengan una enfermedad crónica de base o que hayan padecido la COVID-19. “En este caso, el objetivo de la actividad física debe ser prevenir secuelas por inactividad, contribuir a la estabilidad de sus procesos de base y rehabilitar posibles secuelas de los mismos”, detalla la doctora.

El segundo lo componen todos aquellos sin enfermedades crónicas conocidas y sin antecedentes de la COVID-19. “El fin en este grupo es un ejercicio físico para la salud; mantener un grado de forma física por salud y bienestar”.

En el tercero se sitúan todos aquellos deportistas que enfocan sus entrenamientos a objetivos de competición.

Recomendaciones para volver o empezar a hacer ejercicio físico

Partiendo de esta primera clasificación, la FEC ofrece las siguientes recomendaciones generales orientadas en tres tiempos:

  1. Predisposición: el primer paso a considerar es la necesidad de una valoración médica previa. “En concreto, entre los que tienen una patología crónica de base o han padecido la COVID-19 hay que asegurarse de que la enfermedad de base está estabilizada y de la ausencia de síntomas”, detalla la doctora Carro.
  2. Planificación: la segunda fase corresponde a asegurar la preparación adecuada antes de cada sesión. “Esto implica hacer un «check-list» que cubra necesidades y prevea cualquier eventualidad”, explica.
  3. Acción: Una vez iniciamos o reanudamos la actividad física lo más adecuado es ponerse en las manos de un profesional.

Una vuelta al ejercicio gradual, realista y con precauciones

En este sentido, Lucía Guerrero, licenciada en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte y colaboradora de la FEC, explica que “los que nunca habían realizado ejercicio antes del confinamiento deben comenzar con programas que garanticen su mantenimiento a lo largo del tiempo, es decir, sencillos, accesibles, fáciles de realizar, realistas y alcanzables”.

Lo ideal es realizarlos todos o la mayoría de los días de la semana, con una duración de 20-30 minutos.

día mundial del asma
Los expertos recomiendan a las personas con asma practicar ejercicio físico para mejorar su capacidad respiratoria también durante la pandemia de Covid-19, aunque tomando precauciones. EFE/Iván Franco

Los que siempre hayan realizado ejercicio físico, pero durante el confinamiento han estado inactivos deben saber que “la reducción de los niveles de actividad física conduce principalmente a la disminución de la aptitud neuromuscular y cardiorrespiratoria”. Así, la experta aconseja un regreso progresivo y gradual.

Aquellos que hayan seguido entrenando en su domicilio también deben comenzar gradualmente, “evitando volúmenes e intensidades elevadas en las primeras semanas de ejercicio”, dice Guerrero, quien remarca también la importancia de los ejercicios de fuerza.

“Además de contribuir a la reducción de caídas, fracturas y al mantenimiento de la autonomía e independencia funcional,  el entrenamiento de fuerza se asocia a la mejora de los factores de riesgo cardiovascular tales como la presión arterial, la grasa corporal o lípidos en la sangre y la reducción de la resistencia a la insulina”.

Durante la sesión, es importante seguir las directrices específicas para la COVID-19 (correr en paralelo, evitar el efecto estela o rebufo, etc.) e identificar síntomas de alarma, deteniéndose inmediatamente en caso de presentarlos.

 

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