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Mismos niños, nuevos juegos. ¿Menos saludables?

A menudo los padres piensan que los hábitos de vida de sus hijos no son adecuados, que no les hacen felices o que las formas de vida de las generaciones anteriores permitían a los hijos crecer en un ambiente más saludable y menos hostil. Las gestión del tiempo y del uso de las nuevas tecnologías plantea nuevos retos familiares. La socióloga Marta Domínguez analiza esta nueva realidad y desmitifica algunas de las ideas más frecuentes sobre la infancia

Mismos niños, nuevos juegos. ¿Menos saludables?
Niños jugando con en agua en una fuente en medio de las latas temperaturas/Villar López

Los tiempos cambian, y las personas se adaptan a la nueva realidad. Lo mismo ocurre con los niños. Según Marta Domínguez, profesora de la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Grupo de Sociología de la Infancia y la Adolescencia (GSIA), estas transformaciones afectan a todos los ámbitos.

“Han cambiado las ciudades, el hábitat donde viven, las formas de ir al colegio -antes se iba andando y ahora en coche-, el ocio… Todo es un nuevo marco que hace que las personas también hayan cambiado”. Sin embargo, una cosa queda clara: los niños siguen siendo niños, con las mismas características básicas a nivel de desarrollo, aprendizaje y evolución que antes.

Las tecnologías también han supuesto un paso de gigante en los últimos años. Lo abrumador de esta realidad ha preocupado a los padres. Un miedo a las redes que la socióloga considera excesivo. “Muchos padres siguen con la idea más antigua del contacto cara a cara y hay una cierta reticencia a decir que están enganchados al móvil“. Sin embargo, Marta Domínguez defiende que las relaciones cara a cara no han desaparecido, y les da una gran importancia.

“Una cosa no suple la otra”. Ejemplifica, para demostrarlo, con el mundo empresarial: pese a que estamos más conectados globalmente, el cara a cara no se pierde. “Cada vez es más más importante el centro de las ciudades para que se reúnan las personas, alguien coge un avión para ir a ver, expresamente, a otra persona lejana…”.

Cree que ocurre igual en la infancia, y que el móvil en la actualidad equivale a las horas de uso del teléfono fijo en el pasado, con la salvedad de que antes esta vía de comunicación era mucho más cara. “No hay que tener miedo, con un buen uso son formas de comunicación complementarias”.

Pese a ello, considera que este uso debe establecerse dentro de unos límites, y pone en la ausencia de estos el foco del problema, pero pide a los padres que no se sientan culpables. “Son un resultado de un sistema económico y productivo que nos vuelve locos a todos”.

Cuestión de tiempo

El ritmo laboral obliga a los padres a ocupar el tiempo en que no pueden estar con sus hijos con distintas actividades extraescolares, algo que Marta Domínguez considera contraproducente. “La salud pasa por estar en contacto con uno mismo, con conocer sus necesidades, sus particularidades, y yo creo que estamos desconectados, que hacemos niños desconectados”.

Además, recomienda elegir estas actividades en coordinación con ellos, preguntarles qué les apetece hacer. “Vamos a pararnos un momento a ver qué necesitan, qué quieren… Observa, habla, escucha”.

La socióloga también enfatiza en la importancia de la educación emocional y en valores, dado que las emociones están muy ligadas al aprendizaje. Esta formación en valores cobra relevancia en el mundo actual, donde priman los méritos, los títulos, la competitividad y ser el número uno en el ámbito que corresponda. Un sistema del que los niños son producto. “Si se trata de desarrollar las potencialidades de cada uno, personalmente creo que ser el número uno no es una condición para ello”.

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Niños en familia/Joaquín Ruiz/nr

La situación económica familiar también adquiere relevancia en el desarrollo del niño. Algunos crecen a mayor velocidad porque se ven obligados a adquirir una serie de responsabilidades antes que el resto de las personas de su edad.

“Un ejemplo de esto son los hijos de inmigrantes, cuyos padres no pueden cuidar de ellos porque están cuidando a los hijos de esas clases altas que tienen que hacer esa vida independiente”. No obstante, también existe el ejemplo contrario: “Hijos de familias con mejor situación económica a los que les eligen la vida que han de hacer, algo que deja muy poca cabida a la responsabilidad”.

Marta Domínguez destaca que los niños son muy permeables y muy abiertos. “Yo creo que la responsabilidad es nuestra, que serán lo que les ayudemos a ser. La responsabilidad es nuestra”.

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