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La Navidad es aire, la Navidad es vida… respira Navidad con su poesía

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“Lo profundo es el aire, ese aire que acoge la vida. Respiremos juntos, también en 2019, vida, esperanza, ilusión, sentimientos, amistad, sueños, poesía, valores, futuro y solidaridad”, recita el doctor Julio Ancochea, jefe de Neumología del Hospital Universitario de la Princesa de Madrid, rodeado de las médicas y médico residentes de su Servicio: Adrián Martínez, Elena Ávalos, Gorane Iturricastrillo, Ana Roca, Ana Sánchez, María Churruca y Marta Ewo.

Un deseo que se transforma en un mensaje especial cuando se piensa en todos y todas las pacientes de La Princesa o de cualquier centro sanitario del planeta Tierra, entre las que se encuentra la poetisa Francisca Aguirre, Premio Nacional de las Letras en España “por estar su poesía entre la desolación, la clarividencia, la lucidez y el dolor”, según el jurado que le otorgó este prestigioso galardón.

Francisca Aguirre le dedicó a su neumólogo y amigo, el doctor Ancochea, su poema “En defensa del aire”, unos versos que se recitan así:

 

Debemos al oxígeno la vida,
y al aire que la sangre ría alegre.
No puedo asegurar que exista un hacedor de estrellas
pero cuando respiro sé que se aumenta el mundo.
No sé por qué los astros
nos vigilan atentos desde su eternidad,
pero sé que el suspiro de la vida
sólo es posible porque late limpio
el aire que nos besa.
Somos sólo el susurro de la brisa auroral,
el latido vibrante de la música aérea,
el roce milagroso del beso del oxígeno
que, como la alegría, sólo sabe brillar.
Defendamos el aire, ingrávido diamante,
defendamos su etérea dimensión intangible:
¿Quién podría cantar sin su armónico pálpito?
¿Quién podría gritar, pedir socorro,
sin su filo candente?
Defendamos al aire como el árbol la savia,
defendamos la brisa dulce de su inocencia,
su latir primigenio, su soplo milagroso
del que brotan espigas, amapolas, delfines.
Todo lo que respira debe su vida al aire,
todo lo que consuela debe su llanto al aire,
todo lo que defiende debe su aliento al aire.
No maltratéis al aire, hijos del sol y el tiempo,
hijos del mar y el viento.
No hay porvenir sin aire, no hay pasado sin aire.
No hay pájaro sin aire, ni leyendas, ni canto.
Nuestra estirpe es el aire,
nuestra cuna es el aire.
En el nombre sagrado de la vida:
no mancilléis el aire, ni la cuna, ni el mundo.

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