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Musicoterapia: pentagrama de caricias y emociones

La Real Academia define la música como “melodía, ritmo y armonía, combinados” pero cualquiera de nosotros hablaría también de amor, de desamor, de un verano inolvidable… en definitiva, de alimento para el alma. La música nos ayuda a cambiar y a expresarnos; las notas sustituyen a las palabras

Musicoterapia: pentagrama de caricias y emociones
EFE/ABEL ALONSO

La música es uno de los primeros sistemas de comunicación que tiene el ser humano incluso previo al lenguaje. Así como el lenguaje no se puede localizar en diferentes áreas del cerebro, la música sí se da en varias localizaciones. “Aunque tengamos algún tipo de accidente cerebro vascular nunca nos vamos a quedar sin la sensación de sentir, o percibir alguno de los elementos que compone la música”, afirma María Jesús del Olmo, músico, subdirectora del Máster de Musicoterapia de la Universidad Autónoma de Madrid, directora del programa de Musicoterapia del Hospital de la Paz y es presidenta del patronato de la Fundación Musicoterapia y Salud. Con ella desvelamos sus claves de la musicoterapia que comenzó como tal en EEUU y que existe en España desde hace 30 años.

¿Qué es la musicoterapia?

La música es melodía, armonía, ritmo.¿Qué hace la musicoterapia? Utilizar estos elementos de la música con un carácter terapéutico con metodología de intervención y sabiendo controlar cada uno de ellos en función de lo que necesitemos. Las melodías que se hacen o eligen con un bebé son muy diferentes a las melodías o ritmos que se eligen con un adulto y los elementos de la música que utilizamos en un complejo clínico hospitalario son diferentes a los que utilizamos en un contexto, por ejemplo, de un centro de menores.

¿Qué le llamó la atención para dedicarse a ello? 
El compositor Carles Santos estrena su nueva pieza, "Música per a un Museu", con motivo de la inauguración de la exposición "Carles Santos. Visca el piano!" en el Octubre Centre de Cultura Contemporánia de Valencia.
EFE/Kai Försterling

Cuando terminé mi formación en el conservatorio, como la mayoría acabamos dando clase a niños, adultos o interpretando, pero sobre todo en la docencia. Observé que llegaban a las escuelas de música muchos niños con problemas y los niños respondían bien. Me interesé en la música en este sentido. Los padres no te lo decían pero el niño tenía déficit de atención o dislalia, es decir, problemas en el lenguaje, emocionales, pero no se manifestaban en las clases de música; allí de alguna manera no se notaban tanto. Los padres cuando matriculan a los niños no le piden opinión a su hijo si tiene tres años pero sí que saben que la música es muy buena, porque lo han leído, visto, oído. De este modo, llegó el interés que me llevo a profundizar, a formarme como musicoterapeuta.

¿Cómo ayuda la música en el tratamiento de las enfermedades?

La música lo que hace es cambiar, cambia a la persona y cambia el medioambiente. Cuando uno se encuentra mejor porque está en un medioambiente agradable hay muchos factores que cambian, desde la frecuencia cardíaca hasta las emociones. Nos cambia, nos modifica. El musicoterapeuta observa qué tiene que modificar y cambiar para ayudar al bienestar de la persona.

¿Cómo lo recibe enfermo?

Muy pocas veces me he encontrado un paciente que aunque te diga que no con la cabeza no lo necesite o no le venga bien. Las personas hospitalizadas sienten rechazo a casi todo lo que se acerca; no lo conocen pero generalmente lo reciben porque no son las palabras sino los sonidos lo que le llega directamente. El cambio es inmediato; es como si abres la ventana y entra aire fresco de repente.

El musicoterapeuta mira el gesto, el tono de la voz del paciente, las emociones que está manifestando, lo metemos en una coctelera y se lo devuelvemos organizado musicalmente. Ahí sí que se conecta rápidamente; no hace falta preguntar, a veces apenas necesitamos palabras y eso siempre facilita la terapéutica.

Usted ha dirigido el programa de Musicoterapia del Hospital de la Paz. ¿En qué consiste?

Vamos a las diferentes unidades en las que estamos dando atención directa. En relación con los adultos tenemos la Unidad de Dolor y de Cuidados Paliativos. En el hospital infantil damos atención directa en oncología pediátrica, trasplantes pediátricos, pediatría y cuidados intensivos pediátricos. Llegamos, no con cds ni llevando un aparato de música sino que entramos con los instrumentos. Yo llevo un teclado, otros una guitarra, un violín, y llevamos una maleta de instrumentos que se les ofrece a los pacientes para que toquen. Las sesiones son generalmente individuales, habitación por habitación y siempre es el equipo médico quien nos dice a quién tenemos que ver y por qué.

Muchos piensan que la musicoterapia es sólo para relajar, algunas veces sí pero también la utilizamos para activar o para saber acerca del estado emocional del paciente.

¿Le piden canciones?

Claro, hay que estar preparado. Los niños no piden ninguna canción al empezar pero cuando empiezas a tocar te piden las sintonías de los dibujos de la tele. En el master los alumnos están preparados para tocar desde un reggae, a Juan Sebastian Bach o Rihanna.

La persona que se forma tiene que tener una educación musical previa, auditiva e interpretativa. Entramos en la UCI y si hay una máquina pitando, forma parte de nuestro ritmo y de la melodía. El niño integra ese ritmo, ya no se convierte para el enfermo en una alarma o algo que no tiene sentido; tiene coherencia con lo que está haciendo en ese momento y es muy saludable.

¿Verbalizan los pacientes lo que sienten en estas sesiones? Sus ojos le dirán muchas cosas.

Sí que verbalizan pero lo hacen cantando. Lo que es difícil con la palabra la música lo consigue con más elementos.

Cuando se da tanto, se recibe también mucho ¿Qué aprende usted de esta experiencia?

Nunca salgo de la UCI cansada emocionalmente. Te das cuenta de las potencialidades del ser humano hasta el final de la vida: artísticas, expresivas, de contacto emocional; eso es lo que hace que tenga sentido lo que hacemos, la importancia de lo artístico, toda la belleza en el mundo. Aprendes todos los días.

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