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Enfermedades crónicas en la mujer: el diagnóstico tarda el doble que en los hombres

La brecha de género también está presente en el sistema sanitario y social. El tiempo de espera para la obtención de un diagnóstico se duplica para las mujeres con enfermedades crónicas. Mientras los hombres esperan de media 3,2 años, en el caso de ellas se eleva hasta los seis. Es uno de los principales datos extraídos del estudio ‘Mujer, discapacidad y enfermedad crónica’, presentado por la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP) en el marco del Día Internacional de la Mujer, 8 de marzo

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FOTO EFE/ Ricardo Suárez

Este estudio ha sido presentado por la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP) en el Congreso de los Diputados. Una encuesta realizada en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid para aportar luz sobre el impacto del género en la salud.

La investigación revela además datos de interés sobre la percepción que los pacientes tienen sobre su propia salud. Un 50 % de las mujeres entrevistadas evalúan su estado de salud como malo o muy malo, frente a un 28 % de hombres.

La presidenta de la POP, Carina Escobar, ha subrayado: “Tenemos que trabajar claramente en el ámbito de la salud, social, laboral y el de las relaciones sociales. En este último, que también impacta en mayor medida en nosotras, debemos poner el foco en la soledad no deseada”.

“No podemos negar que la mujer está infradiagnosticada”, ha añadido.

Resultados del estudio sobre mujeres con enfermedades crónicas

En cuanto a la percepción general de su propia salud, cabe señalar que los hombres están más satisfechos que las mujeres con el tratamiento que reciben: lo califican con un 6,3 frente al 4,8 de las mujeres.

“A mayor retraso del diagnóstico, peor es el estado de salud percibido, peor es la satisfacción con el actual tratamiento y mayor la progresión que se aprecia en el avance de la enfermedad”, añade Escobar.

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Variables que inciden en la satisfacción con el tratamiento de las personas con enfermedades crónicas. Gráfica extraída del estudio “Mujer, discapacidad y enfermedad crónica” de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP)

El estudio refleja que solo el 38 % de las personas con enfermedad crónica cuentan con el certificado de discapacidad: el 43 % de los hombre frente al 34 % de las mujeres.

Para la presidenta de la POP, se trata de un reconocimiento que “fomenta la inserción social y laboral de las personas con enfermedades crónicas y donde la mujer se encuentra con claros obstáculos”.

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Imagen del acto de presentación del estudio “Mujer, discapacidad y enfermedad crónica” elaborado por la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP). De izquierda a derecha: Jesús Celada, director general de Políticas de Discapacidad del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030; Carina Escobar, presidenta de la POP; y Virginia Carcedo, Secretaria General de Inserta Empleo, en representación de la Fundación ONCE. Cedida por la POP

Situación laboral de las mujeres con enfermedades crónicas

La directora de la POP, María Gálvez, destacó que un 28 % del total de estos pacientes afirman haber tenido que dejar de trabajar a causa de su enfermedad, lo que supone “la pérdida anual de 8.457 euros para las personas con enfermedad crónica de entre 45 y 54 años”.

Siguiendo en el ámbito laboral, cabe destacar que un 38 % de las mujeres con enfermedad crónica trabajan, mientras que, en el caso de los hombres, este porcentaje baja hasta el 32 %.

“Esto se explica porque las mujeres consiguen menos incapacidades permanentes, es decir, no pueden dejar de trabajar”, añade María Gálvez.

Mientras un 20 % de los hombres obtienen la incapacidad laboral permanente, esto solo ocurre en un 11 % de las mujeres.

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Diferencia de salarios de las personas con enfermedades crónicas. Gráfica extraída del estudio “Mujer, discapacidad y enfermedad crónica” de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP)

El papel de la mujer como cuidadora

Sin embargo, el papel de la mujer destaca no sólo por su situación como paciente, sino también por su rol de cuidadora de una persona con discapacidad y/o en situación de dependencia: un 19 % de mujeres frente a un 15,5 % de hombres.

Además, cuando el cuidador es una persona con enfermedad crónica, el cuidado al otro supone un claro empeoramiento de los síntomas de su enfermedad: el 36 % de las mujeres afirman que su salud ha empeorado algo o mucho frente a un 28 % de hombres.

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Horas a la semana que se dedican al cuidado de otra persona con discapacidad en función del sexo. Gráfica extraída del estudio “Mujer, discapacidad y enfermedad crónica” de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP)

En cuanto al impacto de la enfermedad en las relaciones sociales, el 76 % de las mujeres frente al 56% de los hombres afirman relacionarse menos que antes de tenerla.

“La relación entre relaciones sociales y estado de salud es muy intensa, realmente elevada, en el sentido de que cuanto mejor es la percepción del estado de salud, mayor vida social se tiene (o viceversa)”, afirma Gálvez.

Propuestas planteadas

La POP concluye su informe con diez propuestas para solventar estas diferencias notables en cuestión de género:

  1. Ajustar los criterios de diagnóstico con perspectiva de género, analizando y diferenciando los síntomas que presentan uno u otro sexo.
  2. Mejorar la información y formación sobre las enfermedades crónicas y una mejor coordinación entre los diferentes niveles asistenciales que permitan acortar tiempos de diagnósticos.
  3. Mejorar la información ofrecida al paciente sobre los posibles derechos sociales a los que pueda ampararse.
  4. Modificar los baremos de discapacidad para que incorporen la realidad de las personas con enfermedades crónicas.
  5. Proteger a las personas con enfermedades crónicas en el entorno laboral con medidas que flexibilicen el mercado laboral, como la adaptación de puesto de trabajo.
  6. Garantizar recursos que palíen la situación de pérdida económica que conlleva el convivir con una enfermedad crónica.
  7. Establecer medidas que permitan a las personas con enfermedades crónicas continuar con sus estudios, flexibilizando la forma en la que los realizan.
  8. En el caso de las mujeres con discapacidad y enfermedad crónica, que además ejercen como cuidadoras de otra persona o de menores, es urgente implementar medidas de conciliación de la vida personal y laboral que eviten la doble jornada de trabajo doméstico y de trabajo de cuidados.
  9. Agilizar las ayudas a la dependencia con especial foco en las familias más vulnerables, entre las que se encuentren niños y personas con enfermedades crónicas cuidando a otras personas dependientes.
  10. Poner en marcha iniciativas encaminadas a paliar la creciente epidemia de soledad con especial foco en las personas con enfermedades crónicas y/o discapacidad.

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