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Mujer y enfermedades cardiovasculares

No hacer suficiente ejercicio físico, tener diabetes o fumar hace que una persona sea más propensa a padecer enfermedades cardiovasculares y algunos de estos factores afectan más a las mujeres que a los hombres. Además, el embarazo y distintas alteraciones ginecológicas también incrementan el riesgo de padecer una patología cardiaca.

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Una mujer sostiene una plantilla en forma de corazón/EFE/EPA/SERGEI ILNITSKY

Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en todo el mundo, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Esta entidad destaca que las causas más importantes de cardiopatía e ictus son una dieta malsana, la inactividad física, el consumo de tabaco y el consumo nocivo de alcohol.

En este sentido, la OMS subraya que los efectos de los factores de riesgo comportamentales pueden manifestarse en forma de hipertensión arterial, hiperglucemia (niveles altos de azúcar en la sangre), hiperlipidemia (niveles altos de grasas en la sangre), sobrepeso u obesidad.

Corazón y diabetes

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Existen factores de riesgo exclusivos del sexo femenino, como el síndrome del ovario poliquístico o la menopausia precoz/EFE/Michal Szalast

Todos ellos “son indicativos de un aumento del riesgo de sufrir ataques cardiacos, accidentes cerebrovasculares, insuficiencia cardiaca y otras complicaciones”, recuerda la OMS.

Hombres y mujeres comparten los llamados factores de riesgo clásicos, como la diabetes mellitus, la hipercolesterolemia, la hipertensión arterial, el tabaquismo o el sedentarismo. Aunque unos son más prevalentes en un sexo que en otro y no afectan a ambos por igual”, explica Milagros Pedreira, cardióloga y miembro de la Sociedad Española de Cardiología (SEC).

La diabetes es una enfermedad que se da cuando el páncreas no produce suficiente insulina o bien cuando el organismo no es capaz de utilizar adecuadamente la insulina que produce el páncreas.

La insulina es una hormona que se encarga de regular la cantidad de azúcar en la sangre de modo que, cuando no hay insulina suficiente, los niveles de azúcar en la sangre se elevan.

Según indica la SEC, por lo general, el riesgo cardiovascular de las personas diabéticas es el doble del que tienen quienes no padecen esta enfermedad.

Además, en las mujeres este riesgo se incrementa de forma significativa. No en vano las mujeres diabéticas tienen un 40 % más riesgo de cardiopatía isquémica (infarto agudo de miocardio o angina de pecho) que los hombres diabéticos.

La doctora Pedreira indica que estas diferencias tan relevantes “se han atribuido a diversas causas, entre ellas una diferente respuesta a algunos tratamientos”.

En cuanto al tabaco, la SEC señala que, aunque el hábito de fumar es más frecuente en hombres, penaliza más a las mujeres.

Así, metaanálisis de múltiples estudios han encontrado un aumento del 25 % del riesgo cardiovascular en mujeres.

El tabaco se asocia con la mitad de los eventos cardiovasculares en ellas y triplica el riesgo de infarto de miocardio”, expresa la doctora Pedreira.

Otro importante factor de riesgo cardiovascular es el sedentarismo, que resulta ser significativamente más frecuente en las mujeres de cualquier edad que entre los hombres.

Esto tiene las consiguientes implicaciones pronósticas por su incidencia frente al control de la diabetes, la hipertensión arterial o la hipercolesterolemia”, expone la especialista.

Pero, junto a los factores de riesgo clásicos, hay otros que son exclusivos del sexo femenino, por ejemplo, los relacionados con el embarazo.

En este grupo están la hipertensión gestacional o preeclampsia, la diabetes gestacional, el parto prematuro o el aborto espontáneo. La SEC subraya que todos ellos se asocian a un incremento del riesgo cardiovascular en la mujer a lo largo de su vida.

También existen otros factores exclusivos del sexo femenino, como el síndrome del ovario poliquístico o la menopausia precoz. Esta última aumenta el riesgo cardiovascular por la pérdida de la actividad de los estrógenos, un peor perfil lipídico, cambios en la distribución de la grasa corporal, un aumento de la hipertensión arterial y, en general, disfunción endotelial e inflamación”, expresa la doctora.

Lupus, las jóvenes y el corazón

Por otro lado, enfermedades autoinmunes e inflamatorias como el lupus eritematoso sistémico y la artritis reumatoide, con una elevada prevalencia en mujeres, se asocian a ateroesclerosis acelerada.

La ateroesclerosis es el endurecimiento de las arterias. Ocurre porque en el interior de estos vasos sanguíneos se va depositando grasa y otras sustancias hasta que se forman placas.

Con el tiempo, estas placas van estrechando la arteria y hacen que el flujo sanguíneo que pasa por ella sea menor. La placa también puede romperse y obstruir la arteria o bien un pedazo puede desplazarse hasta un vaso sanguíneo más pequeño y taponarlo. Esta es una causa común de infarto y de ictus.

Así, la doctora Pedreira declara que la cardiopatía isquémica (infarto agudo de miocardio o angina de pecho) “es la primera causa de muerte en mujeres con lupus. Las mujeres jóvenes con lupus, de entre 35 y 44 años, tienen una probabilidad de sufrir infarto de miocardio 50 veces superior a las mujeres de edad similar sin esa enfermedad, según el Framingham Heart Study”.

Con todos estos datos, la especialista considera “fundamental” el conocimiento y control adecuado de los factores de riesgo comunes, con especial atención a la diabetes, el tabaco y el sedentarismo.

De igual modo, subraya “la importancia de los factores exclusivos del sexo femenino y de la relación de enfermedades inflamatorias autoinmunes con el riesgo cardiovascular en las mujeres”.

Resulta vital que parte de este conocimiento se extienda a las propias mujeres, ya que este hecho puede contribuir a cambiar hábitos de vida e inducir a la búsqueda de atención médica para lograr el control de otros factores menos difundidos, como los derivados del embarazo o los relacionados con los cambios hormonales”, apunta la cardióloga.

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Una profesional motoriza el estado físico de una mujer/EFE

En este sentido, la OMS recuerda que la dieta sana, la actividad física regular y el abandono del consumo de tabaco son fundamentales.

Verificar y controlar los factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares e infartos de miocardio como la hipertensión, los niveles elevados de colesterol y los niveles elevados de azúcar también es muy importante”, completa.

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