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Mucha más vida con los tratamientos anticonceptivos hormonales

Más allá de usar los anticonceptivos hormonales para prevenir el embarazo, la Sociedad Española de de Ginecología y Obstetricia (SEGO) ha auspiciado un manual para emplear las terapias de anticoncepción hormonal con el fin de paliar o evitar patologías frecuentes en la edad fértil de la mujer: menstruación difícil y dolorosa -dismenorrea-; sangrado menstrual abundante -menorragia-; trastornos del ciclo menstrual, como la amenorrea -ausencia de menstruación-; acné e hirsutismo -exceso de vello-; endometriosis; o síndrome de ovario poliquístico

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Y en este sentido, la doctora Carmen Sala Salmerón, ginecóloga y obstetra de la Clínica Gine-3 de Barcelona, no solo confirma que la inmensa mayoría de las mujeres piensan que los anticonceptivos orales solo valen para frenar los embarazos, sino que opina que “es más necesario que nunca que todas ellas reflexionen y determinen si debieran tomar o no anticonceptivos hormonales para liberarse lo máximo posible de la menstruación y sus problemas añadidos”.

“¡Mujeres, nos hacen falta este tipo de terapias! Pasamos alrededor de 36 años de nuestra vida con la menstruación: 7 días de sangrado menstrual por 12 meses cada año, es decir, 84 días al año con la regla… y 84 días por 36 años es igual a 3.024 días, o lo que es lo mismo, más de 8 años de nuestra vida sangrando… ¡Venga, hombre! Es fabuloso padecer el menor número de reglas innecesarias y ser libres a nuestro estilo sin obstáculos de ningún tipo!, ¿no?

Los Anticonceptivos Hormonales Combinados son fármacos compuestos por un estrógeno y un progestágeno, ambos sintéticos, que pueden administrarse a través de distintas vías (oral, transdérmica y vaginal) y cuyo mecanismo de acción fundamental es la inhibición de la ovulación, lo que les confiere una alta eficacia anticonceptiva, reversible tras la suspensión de su administración.

Su eficacia anticonceptiva es muy alta y próxima al 100%. Este hecho es clave en la elevada aceptabilidad del método. A su vez, la eficacia contraceptiva se ve reforzada por la acción colateral del gestágeno sobre la mucosa endometrial y la capacidad de espesar el moco cervical, lo que dificultaría la progresión espermática.

Ejemplos de terapias anticonceptivas al rescate de la mujer encadenada

Una adolescente, acompañada de su madre, viene a la consulta: La niña tiene una regla abundante, lo que le produce anemia y la necesidad de tomar alimentos ricos en hierro. Además, padece dolor periódico que le fuerza a reposar sin salir de casa; ni siquiera los analgésicos le alivian durante los días más intensos de la menstruación.

“Opción de tratamiento ideal, los anticonceptivos: bien 7 por 21 días o los de última generación, que se toman tres meses seguidos y tienes solo una regla en al cuarto mes, donde no los tomas. Es fantástico, cuatro reglas al año. Tendríais que ver cómo se cogen de los pelos y dicen “¡Dios, solo cuatro reglas al año!”, relata la doctora Sala.

“El caso de una joven con síndrome de ovario poliquístico -plantea-, que le causa aparición de granos y pelillos. Opción de tratamiento, anticonceptivos que lleven un progestágeno con función antiandrogénica. Se acompaña de una dieta específica, ya que suelen ser chicas con sobrepeso, lo que nos obliga también a prescribir medicamentos antidiabéticos orales”.

“Cuando existen trastornos en la regla. Otro caso: una mujer que te dice… Es que nunca sé cuándo voy a tener la regla, porque me viene cada 30, 40 o 50 días… Le aconsejo tratamiento con anticonceptivo hormonal para que tenga la regla cada 28 días, si es lo que desea”, expone.

“Si tienes que estar de viaje un largo periodo en Sudamérica, África o Canadá y no deseas tener la regla durante esos meses… sin problemas. Se toman pastillas anticonceptivas cada mes, durante los mese que sean necesarios y sin ningún tipo de descanso en las tomas. No tendrás la regla hasta que tú vuelvas a querer tener la regla”, asevera.

 

Otros beneficios de los tratamientos anticonceptivos acreditados por la SEGO: después de una operación, luchan contra las recidivas por endometriosis (células de la matriz que se desarrollan en la zona pélvica. Esta enfermedad silenciosa asalta los ovarios, los intestinos, la vejiga urinaria, el recto o los ligamentos uterinos; incluso llega al hígado y a los pulmones). También ponen obstáculos al cáncer de endometrio o de ovario, y disminuyen el riesgo de osteoporosis, con un efecto protector sobre la densidad mineral ósea. Además, parece que ayudan a retrasar la evolución de la artritis reumatoide en las mujeres mayores”, concluye.

Aún así, no todas las mujeres pueden beneficiarse de las terapias de la anticoncepción hormonal. Unas, porque corren serios riesgos al padecer otras enfermedades que desaconsejan su uso; y otras, porque, pudiendo tomar estos medicamentos, al no padecer otras enfermedades, los posibles beneficios son inferiores a los perjuicios, o directamente están contraindicados. Será la especialista avezada quien lo decida en función de los preceptivos análisis bajo los criterios de elegibilidad de la Organización Mundial de la Salud.

Pero la doctora Carmen Sala, experta en suelo pélvico, añade una frase que debería hacer pensar a cualquier mujer: “No digáis a vuestra ginecóloga que no tomáis pastillas porque no tenéis relaciones sexuales… muchas veces os hacen falta para mejorar vuestra calidad de vida y mejorar vuestra Libertad”.

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